KOR2: Another Day. Episodio 1

Episodio 1: 100 Steps to Heaven

- Kazuya.

Un melodía pasó por mi cabeza mientras yacía dormido.

- Kazuya.

Una hermosa chica con una larga melena negra apareció ante me. El viento me trajo el olor de dulces flores. Al girarse, su vestido se movió. Una cinta en su pelo fluía graciosamente con la brisa.

- Kazuya.

Ella dijo mi nombre, era como un ángel que cantaba para mí. Se acercó a mí danzando y vi su sonrisa. Se acercó un poco más y sentí un hormigueo en mi piel. A cada paso se acercaba más. Sus ojos azules estaban apenas a unos centímetros. Se inclinó hacia mí y casi pude saborear sus labios.

- Kazuya, es nuestro destino.

Ella alzó su mano, en la cual había una campana, la otra mano sostenía una pequeña barra metálica. Ella rió una vez y suavemente tocó la campana.

El mundo se agitó con la reverberación. Me tapé los oídos con las manos y grité. El sonido se repitió una y otra vez. Ya no podía verla. Grité otra vez para que parase.

Y entonces me desperté.

La alarma sonaba urgentemente mientras la puerta se abrió de golpe.

- ¡¡¡KAZUYA!!! -era Akane, mi hermana mayor, sosteniendo una cuchara grande en la mano-. Levántate o no llegarás a la escuela. Jingimi se va a comer tu desayuno si no te das prisa.

Solté un gruñido y acabé apagando la alarma, aún incapaz de sacar la imagen de aquella chica de mi cabeza. Si tan sólo pudiera verla de nuevo... A lo mejor es un sueño premonitorio, sólo que nunca he tenido un sueño de estos antes. Debe haber sido sólo un sueño normal. ¡Qué disgusto!

Me vestí y seguí a Akane escaleras abajo hacia la cocina donde el viejo de Jingoro estaba dormido en una esquina y el pequeño Jingimi, su gatito, estaba sentado en una silla esperándome. Sus ojos estaban muy abiertos ya, y estaba ganando demasiado peso, posiblemente a base de robarme demasiados desayunos.

Mientras me tomaba el desayuno, miré por la ventana y ví grupos de chicos caminando calle abajo con mochilas y libros. Era el último día de verano y mi primer día de instituto, hora para mí, Kasuga Kazuya, de hacer mi aparición ante el mundo. Sonreí al pensar en impresionar a los profesores conociendo todas las respuestas, simplemente leyendo sus mentes. O ser el mejor atleta sin siquiera sudar lo más mínimo. Me imaginé desfiles, multitudes, hordas de chicas todas esperando en fila la oportunidad de besarme.

Me reí al pensarlo. Akane estrelló su bol junto al mío. La mirada en su cara era peor aún que la mi madre cuando se volvía loca.

- Sé lo que estás pensando, Kazuya. No intentes ninguno de tus trucos en esta escuela. Se supone que somos personas normales, no ESPers. No quiero oir nada acerca de que le has ganado tú sólo a un equipo de fútbol, ni que estás haciendo trampas en los exámenes.
- Recuerdo cuando tú usabas tu poder cuando te daba la gana -miré hacia ella-. ¿Por qué yo no?

Akane me agarró de la camisa y me empujó hacia ella. Sin que me diese cuenta, Jingimi aprovechó la oportunidad para colocar una gorda garra sobre la mesa y arrastrar mi bol hacia sus fauces.

- No creo que lo comprendas. Tuve que abandonar mi ciudad porque no controlaba mi poder. A la gente no le cae bien. Está empezando a gustarme estar aquí. No creo que quieras que cambie de ciudad de nuevo, ¿verdad?

Considerando que Akane tenía una reputación bastante mala a la hora de causarme dolor, y a causa de su cara de enfado, rápidamente me puse de acuerdo con ella.

- ¡Sí!

Me giré hacia mi bol para terminar de desayunar cuando me di cuenta de que estaba vacío, limpio a lengüetazos. Miré a la silla de al lado y vi esos mismos ojos familiares tras los cuales estaba el gatito más gordo que me podía imaginar.

- ¡Miau!


- 55... 56... 57...

El viento se levantó mientras subía esas escaleras. No era normal el que yo estuviese subiendo sólo esas escaleras, ya que todo el mundo tenía que pasar por aquí para llegar a la escuela.

- 73... 74... 75...

Mi mochila se hacía cada vez más pesada a cada paso, pero también noté que la ciudad se hacía más visible conforme iba subiendo.

- 89... 90... 91...

Alguien se movió en la cima de las escaleras. La persona estaba inclinada en el muro pero ahora se había acercado al centro de las escaleras. Una mano sostenía un gran sombrero rojo para que no se lo llevase el viento.

- 97... 98... 99.

Llegué a la cima de las escalera con un pequeño saltito y permanecí junto a ella, con las manos en los bolsillos.

- ¿Seguro que has contado bien? -me dijo.
- No puedo estar más seguro.
- Hmph, es bastante obvio que no puedes estar más equivocado.
- Son 99 escalones, no hay más... -mientras la miraba, vi otra chica pasar junto a ella, con el pelo negro fluyendo, una cinta roja le separaba el pelo de la cara. Mientras pasaba, se echó hacia atrás los pocos cabellos que escapaban de la restricción de la cinta, y siguió hacia delante. ¿Podría ser la chica de mi sueño...?

De repente, un rápido un firme puño apareció ante mí, e impactó en mi cara.

- ¡Aaaayy, Miyuki!
- ¿Qué hacías ahí mirándola de esa forma? ¡Apuesto a que ni siquiera te has percatado de lo que te he dicho!
- No, es sólo que creo que la he visto antes -este podría ser un sueño premonitorio después de todo.
- Bueno, mejor nos damos prisa o vamos a llegar tarde -dijo mientras cogía mi brazo con el suyo y nos alejábamos de las escaleras. Ella era Hino Miyuki, mi novia durante estos dos últimos meses.

Caminamos juntos hasta la escuela y me preguntaba las posibilidades que había de que ella fuese la chica de mi sueño. Mi memoria ya se estaba empezando a ensombrecer e insconcientemente comencé a soñar despierto...

- Kazuya -me dijo la chica del sueño-. Kazuya, sabes que estamos hechos el uno para el otro. Nada de lo que hagas podrá variar el destino. Nuestro destino.

La verdad es que la idea no sonaba mal, pero me preguntaba lo que Miyuki pensaría sobre ello. Como si la chica misterios leyese mi mente, dijo:

- No podemos evitarlo, sólo te herirás a tí mismo a la herirás aún más a ella. Kazuya, ven a mí.

Su cuerpo se definió mejor mientras su pelo flotaba desde ella hacia mi cara. El fresco olor a lirios penetró en mí y de repente ni siquiera sentía a Miyuki a mi lado.

- Kazuya -susurró. Sonrei nervioso. Ella se inclinó su cabeza hacia la mía y cerró sus ojos. Yo cerré mis ojos y puse mis brazos alrededor de ella, era tan real... Pero entonces se deshizo el hechizo.

- ¡Kazuya!

Miyuki me dio un codazo en las costillas, fuerte. La chica misteriosa se desvaneció y fue reemplazada por una Miyuki muy real y muy furiosa.

- ¡Para ya! Sé en lo que estás pensando. No pienso compartirte con nadie porque eres mío. Voy a vigilarte de cerca y si te pillo... -sus ojos se estrecharon en una mirada penetrante. Sentí un temblor recorriendo mi columna vertebral al pensar en la furiosa y violenta Miyuki.
- No, no es eso para nada -tartamudeé-, es sólo que estoy nervioso por nuestro primer día de escuela juntos. ¿Crees que estaremos en la misma clase?

Normalmente, me limitaría a leer su mente para ver lo que está pensando, pero tenía problemas a la hora de usar los poderes bajo circunstancias estresantes, y esta era una de ella. Ya he comprobado lo que Miyuki puede hacer cuando se pone furiosa.

Y entonces su expresión cambió y rió una vez. Abrió sus brazos y saltó. Yo salté hacia atrás.

- ¡Pow! -me abrazó una vez y me empujó por la acera- En serio, Kazuya, sé que nos pondrán juntos. Es nuestro destino.

Esas palabras resonaron por mi mente, pero con una voz diferente.

- Es nuestro destino...


Cuanto más cerca estábamos de la escuela, más estudiantes veíamos alrededor. Los profesores entraron directamente en la escuela al igual que nosotros, lo que pasa es que yo aún tenía que matricularme de mis asignaturas facultativas. Un estudiante bastante grande permanecía junto a la entrada repartiendo folletos. Casi cubría la puerta por completo, por lo que era imposible pasar sin que te colocase un folleto en la mano. Me dio uno y cuando Miyuki iba a pasar echó el folleto hacia atrás y se lo dio al siguiente chico que pasó.

- Lo siento, pequeña. Esto es sólo para hombres.

Ella le sacó la lengua y con curiosidad miró el papel que tenía en la mano.

- ¿Qué es? -preguntó.

El papel mostraba dos chicos con uniformes de wrestling sosteniendo trofeos. La frase de abajo decía:

"ÚNETE A NUESTRO EQUIPO. SÉ EL ORGULLO DE TU ESCUELA."

- ¿Vas a unirte? ¡Estaría guay!

Pensé en lo genial que sería el lanzar a gente que me dobla en tamaño usando el poder, y sonreí. Los ojos de Miyuki se pusieron más brillantes.

- ¡Bien! ¡Sabía que lo harías! -agarró el panfleto de mi mano y comenzó a caminar hacia el estudiante junto a la puerta. Entonces caí en la cuenta de que se supone que no debo usar los poderes, como dijo Akane. Vi mi propio cuerpo siendo estrellado una y otra vez contra la lona. Fui a detener a Miyuki pero ya estaba cerca de la puerta cuando la alcancé. Nerviosamente eché un vistazo al pasillo e hice lo que cualquier chico que no quiere que le maten haría.

Corrí.

Me dirigí en la dirección de la que sabía que iba a ser mi primera clase. Al menos pensaba que sabía la dirección. En realidad me llevó un poco de tiempo y un poco de poder el encontrar y llegar a la clase. El cartel en la puerta estaba inmaculado y tenía el nombre del profesor en él: profesor Ishiguro. Espié por la clase y vi a todos los estudiantes ya sentados y prestando atención hacia el frente de la clase.

¡Oh, no, había llegado tarde ya a la primera clase! No pude evitar el tomar esto como un mal presagio. Abrí la puerta y entré. Me encontré con una gran sorpresa de proporciones cataclísmicas.

Ella estaba allí. La chica misteriosa de mis cueños, la de las escaleras, la del tipo excelente. Estaba sentada al fondo de la clase y cuando entré me miró. Pensé que me estaba derritiendo. Mis piernas se entumecieron y en lo único que podía pensar era en su dulce voz en mis sueños.

- Es nuestro destino.

Empecé a estar temeroso y aún más confuso. Casi quería huir. Después de todo, Miyuki me mataría si le hiciese algo a ella. Pero entonces, una vez más, tal vez sería el destino, tal vez sea mi poder que me trajo aquí, yo no podía ser culpado por algo sobre lo cual no tenía control. ¡Imagínate el poder abrazar el cuerpo perfecto y besar unos labios perfectos! Tenía que hacerla mía.

En cuanto el primer síntoma de babeo apareció, fui reventado por un borrador que voló estrellándose en mi cabeza.

- ¡Eh, tú, estudiante! ¿Por qué has llegado tarde? -el profesor se ajustó y gafas y me observó- ¿Por qué estás ahí en el suelo?

Desenredé mis brazos y por fin fui capaz de levantarme y ponerme en pie. El polvo cubría la mitad de mi cara. Sentía más vergüenza que ira y ya no pude volver a mirar a la chica misteriosa de nuevo. Me giré hacia el profesor.

- ¡Lo siento! Me perdí accidentalmente. Soy un nuevo estudiante.
- Ya veo -dijo él-, a lo mejor no te has dado cuenta de que todos estos son nuevos estudiantes y todos están aquí.

Ya podía decir que este profesor no me iba a gustar.

- ¿Cual es tu nombre?
- Kasuga Kazuya, señor.

El profesor Ishiguro ojeó por sus notas sobre su mesa y me echó otro vistazo.

- Ah, sí, Kasuga, me oído hablar de tí. Siéntate aquí al frente para que pueda vigilarte. No me gustan los chicos problemáticos.

Estaba confuso ya que nunca había tenido esa reputación abiertamente. Quería mirar el tipo de informe que estaba mirando. Pero en vez de eso, caminé hacia primera fila de asientos y rápidamente ocupé el mío. El profesor Ishiguro continuó con su clase y yo me quedé mirando fijamente a la pizarra. Estaba rebuscando el bolígrafo por mis bolsillos pero me di cuenta de que debía habérmelo dejado olvidado en casa. Las cosas no iban tan bien como yo esperaba.

El estudiante de mi izquierda tranquilamente colocó un lápiz sobre mi mesa. Me sonrió y lanzó un pequeño saludo con la mano. Le asentí no muy seguro de lo que pensar. Era un chico muy delgado para su edad y sus ojos parecía tétricos, obviamente no era el ideal de las chicas.

- Soy Ryosuke -susurró. Miré al profesor y cuando vi que parecía no darse cuenta de nada le susurré mi nombre. Parecía bastante nervioso incluso por el hecho de que le estuviese prestando atención. La verdad es que comenzó a hablar en voz aún más alta-. ¿Podemos comer juntos? Acabo de mudarme a esta ciudad y todavía no conozco a nadie. Ni siquiera creo que sepa como volver a casa.

Parecía bastante patético y yo no quería que ningún estudiante se llevase una mala impresión de mí por el hecho de ser visto junto a él. Me esforcé por buscar cualquier tipo de excusa.

- ¡Por favor! ¡Por favor! Me gustaría mucho comer contigo -dijo aún más alto. Esto se empezaba a poner mal. No quería arriesgarme a que las cosas empeorasen con mi profesor de lo que ya estaban. Cuanto más esperaba, más alto hablaba este extraño estudiante. Ya no podía aguantar más, así que salté.

- ¡Para de una vez! -grité. Antes de darme cuenta, otro borrador se estrelló contra mi cara tirándome al suelo.
- ¡¿Qué está pasando aquí?! -inquirió.

La habitación me daba ahora más vueltas que antes. Ryosuke saltó frente al profesor.

- Lo siento, profesor Ishiguro. Ha sido todo por mi culpa. Sólo esperaba que Kazuya almorzase conmigo y me ayudase porque soy nuevo en esta ciudad -el profesor frunció el ceño y me miró en el suelo. Puso su mano sobre el hombro de Ryosuke.
- Estoy seguro de que a Kazuya no le importará ayudar a un colega estudiante, ¿verdad, Kazuya?

Su imponente silueta se echó sobre mi. Las cosas no podían ir peor. Había arruinado mi primer día de escuela, me habían forzado a hacer amistades con tipos extraños, y en alguna parte hacia el fondo de la clase está la chica misteriosa pensando que debo ser el mayor idiota del mundo. Casi podía verla ahora.

- Es nuestro destino.

Sólo fui capaz de toser expulsando una nube de tiza.


De alguna forma fui capaz de pasar la mayor parte del día sin más problemas. Ryosuke acabó estando en todas mis clases lo que le impactó más que a mí. Nunca fui capaz de conocer a más gente con él colgado a mí todo el tiempo. Vi a la chica misteriosa unas pocas veces más en mis clases, pero todos los asientos a su alrededor siempre estaban cogidos y a mi siempre me colocaban en el lado opuesto de la clase. Aún no tenía idea de por qué ella estaba en mi sueño, y parecía que nunca iba a poder averiguarlo, al menos probablemente no hoy.

Estaba ayudando a Ryosuke a encontrar sus clases cuando se paró y comenzó a mirar a Miyuki viniendo por el pasillo hacia nosotros. Me cogió del hombro y señaló hacia ella. Estaba en trance.

- Kazuya, ¿quién es? ¡Es tan guapa! -la expresión de su cara no difería mucho de la mía cuando vi a la chica misteriosa por primera vez.
- ¡Kazuya! -llamó ella. Corrió hacia mi y me agarró del brazo lo que Ryosuke duplicase su sorpresa-. He estado buscándote todo el día. No estabas en ninguna de mis clases. ¿Crees que se han equivocado?
- ¿Esta... esta es... tu hermana? -escupió Ryosuke. Miyuki entonces se fijó en que Ryosuke la estaba mirando fijamente. Sus ojos estaban bien abiertos y tenía una desgarbada sonrisa.
- ¡No! ¡No soy su hermana! Soy su novia -girándose hacia mí, me dijo- ¿Por qué estás dando vueltas con este chico tan raro?
- Ehhh... voy con él a clase. Es nuevo en la ciudad. Es sólo por hoy -me miró con preocupación y yo miré hacia Ryosuke que no hacía más que sonreirle a Miyuki.
- Que bonita -no paraba de decir Ryosuke-. Que cuerpo perfecto -Miyuki se tensó y lentamente se giró hacia Ryosuke. Su expresión emanaba oleadas de ira las cuales se sacaron de su trance, pero ya demasiado tarde.
- ¡¿A qué viene eso, chico raro?! -le agarró por el cuello de la camisa levantándolo del suelo, lanzándole resbalando por el pasillo- ¡Aléjate, pervertido! -gritó.

Temblé al ver el cuerpo de Ryosuke rebotando contra las taquillas. Eran cosas como esta las que me aterrorizaban a muerte de Miyuki, y su familia al completo era justo como ella, especialmente su hermano mayor, Yuusaku, que se pasaba la mayor parte del tiempo aterrorizando a mi primo Kyosuke. Me agarró y me arrastró por el pasillo, de nuevo con aspecto de niña buena inocente.

- Kazuya, ¿cuál es tu próxima clase? Espero que al menos en esta estemos juntos -miré a mi agenda y leí la última anotación, educación física.
- ¡Qué suerte! ¡Yo también! -se echó aún más cerca de mí mientras más de un estudiante ya nos definía como pareja. Me ponía nervioso. Temía que así nunca tendría una oportunidad para conocer a la chica misteriosa de mi sueño.

Caminamos hasta el gimnasio y nos separamos hacia nuestros respectivos vestuarios. Cuando estaba a punto de terminar de cambiarme, otro estudiante que ya se había terminado de cambiar caminó hacia mí.

El instructor nos pidió que tuviésemos una reunión especial antes de salir. Cuando termines sal enfrente del vestuario -antes de tener la ocasión de hacerle cualquier pregunta ya le estaba contando a otro estudiante lo de la reunión.

Terminé y caminé hacia la parte de delante donde la mayoría de los otros chicos estaban sentados en bancos. Encontré un hueco y me senté, pero no podía ver dónde estaba el instructor. Tras unos pocos minutos la habitación se hizo un poco más ruidosa y me pregunté si lo de la reunión iba en serio o no. Pero entonces, la puerta de entrada se abrió con un crash y el instructor entró marchando. La habitación se quedó en silencio.

- ¡Hombres! -gritó- Hay un momento en el que un chico se convierte en un hombre, ¡y esa hora ha llegado! -el instructor se ajustó sus gafas amarillas oscuras e intentó hacer lo mejor por esconder su aparentemente figura rechoncha. Lo reconocí de repente ya que cuando era joven era uno de los amigos pervertidos de Kyosuke.

- ¡Soy el instructor Hatta y os mostraré, chicos, como convertiros en hombres! Pero primero... -alzó su brazo de golpe. En su mano sostenía una pila de formularios. Su expresión severa se transformó en una extraña sonrisa. Comenzó a parecer de nuevo uno de esos extraños pervertidos.

- Pero primero, necesito que me consigais las medidas de las chicas de la escuela -la clase no se lo podía creer, mientras Hatta corría de estudiante en estudiante colocando los formularios en sus manos. Me dio el mío y miré el título, "CUADRO DE PIBAS". Había un dibujo hentai de una chica en la esquina superior derecha, en una pose provocadora.

- ¡Vamos, chicos! -gritó el instructor Hatta mientras abría la puerta del exterior- ¡Es hora de convertirse en hombres!

Los estudiantes corrieron fuera y siguieron a Hatta mientras dirigía la carga de batalla hacia el campo de fútbol, tomando notas de todas las chicas que pasaban. Corrió hacia Miyuki que estaba a punto de darle al balón y meterlo en la portería. Esto dirigió mi mirada hacia la portera que era, para mi sorpresa, ¡la chica misteriosa! Llevaba el uniforme de las chicas y se movía tan grácilmente... Era muy hermosa. Ni siquiera me di cuenta de cuando Miyuki estampó al instructor Hatta en el suelo y pateó su cuerpo magullado.

- ¡Kazuya! -llamó y corrió hacia mí- ¿No es genial? Por fin estamos juntos. No quería que la chica misteriosa nos viese juntos, así que saludé a Miyuki y corrí para unirme al resto del equipo. Hoy se iba a celebrar un partido de fútbol, las chicas contra los chicos.

No lo hice muy bien sin el poder. La mayor parte del tiempo la pasé en el lado de mi equipo siendo vapuleado por las chicas. Eso no estaba bien. Así nunca tendría una oportunidad de conocer a la chica misteriosa. Tuve que usar el poder. En cuanto el balón fue golpeado hacia mi portería, lo usé e hice que el balón se dirigiese hacia mí. La chica que le dio al balón se quedó impresionada al ver como el balón completaba una curva de 180 grados para llegar hasta mí.

Empecé a cruzar el terreno de juego con el balón. Un defensa, dos defensas, tres defensas menos. Nadie podía quitarme el balón. Oí a mi equipo animándome. Sentí el viento en mi cara, el poder en mis piernas. Era imparable.

A las tres cuartas partes del camino, sólo quedaba Miyuki y tenía esa mirada temible de nuevo. Se movió hacia mí y yo le di al balón de forma que pasó justo por encima de su cabeza y cayó detrás de ella. La cara de sorpresa en su cara se convirtió en alegría y ella también me animó.

Ya no quedaban más defensas, esta era mi oportunidad. La chica misteriosa se movió para interceptar mi disparo. Ella era muy hermosa y yo estaba casi distraido. Pero no, debo mostrarle lo bueno que soy. Puse todo el poder en el disparo. Fue potente, bueno, e... ¡iba directo a su cara! Un shock me invadió ya que sabía que iba a ser incapaz de apartarse del camino del balón. Podía ver el balón impactando en ella y yo sobre su tumba, sin saber siquiera cual era su nombre. Tenía que parar esto.

Apreté mis puños y reuní todo el poder que me quedaba. El balón estaba a tan sólo centímetros de su cara y sus ojos estaban cerrados fuertemente. El balón tembló unos segundos en el aire y entonces violentamente fue disparado en sentido contrario. ¡Funcionó! Pero entonces me di cuenta de que el sentido contrario... ¡era justo hacia mí!

Me giré para correr pero era demasiado tarde, el balón me impactó en la parte de atrás de la cabeza y me tumbó. El dolor se extendió desde la parte de atrás de mi cuello hacia mi cuerpo entero. Vi el mundo oscurecerse y empecé a desmayarme. Lo último que oí fue a Miyuki diciendo "¡Guau! ¡Menuda parada!" y luego "¡Darling!" mientras me sumía en una total oscuridad.


El sol poniente me daba en la cara, y sentí el familiar cojín de mi cama debajo de mí. Abrí mis ojos y vi a la mole de Jingimi respirando en la esquina de mi cama. Estaba confuso, no sabía como había terminado aquí. La puerta de mi cuarto se abrió y entró Akane.

- Ah, estás despierto -dijo sorprendida-. El doctor no esperaba que recuperases la consciencia hasta mañama. Pero siempre he sabido que los Kasuga éramos duros de pelar -flexionó sus brazos sacando músculo.
- Miyuki ha estado aquí hace un ratito -dijo mientras ajustaba la cama.
- ¿Miyuki?
- Sí, pero la envié a su casa. Le dije que estarías bien y que me aseguraría de llamarla cuando te despertases. Ah, sí, y otra chica estuvo aquí después de ella.

El pitido en mi cabeza se puso a sonar más fuerte.

- ¿Otra chica?

Sí, dijo que posiblemente no la conocías. Tenía el pelo largo y negro y una cinta justo aquí. Muy bonita. Quería ver cómo te encontrabas. Bueno, ¿cómo te sientes ahora?
- No lo sé. No demasiado bien.
- Entonces dejaré que descanses un poco más. Volveré más tarde con la cena -Akane se alejó de la cama en dirección a la puerta.
- Akane.
- Sí.
- ¿Cómo se llamaba?

Akane sonrió.

- Sabía que querrías saberlo, casanova. Pensé que era demasiado bonita como para que tú no la advirtieses -me preocupé un poco. Si alguien sabe cómo meterse en los asuntos de los demás, esa es Akane.
- No te preocupes, Kazuya. Sé que Miyuki no te dejará todo lo lejos que tú querrías con ella. Su nombre es Mai Kiyomoto -Akane cerró la puerta después de que se fuese.

Mai. Y ha venido a verme. Habría estado más nervioso si la molestia en mi cabeza hubiese desaparecido. Pero aún así, tenía el fuerte presentimiento de que algún día conseguiría conocer a Mai mejor, quizá mejor que si fuese tan sólo una amiga. No lo sé. posiblemente el balón me golpeó más fuerte de lo que pensaba.

Me deslizé de nuevo en el sueño. Esta no soñé sólo con la chica misteriosa, sino con los tres juntos. Miyuki me estaba persiguiendo y yo perseguía a Mai. Y su dulce, dulce voz me decía:

- Es nuestro destino.


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