A la mañana siguiente ya habían empezado a suceder cosas extrañas. Me levanté con el peor dolor de cabeza de mi vida, me resentía por todo el cuerpo. Apenas pude levantarme de la cama y vestirme. Recuerdo el día anterior cuando el balón de fútbol me golpeó en la cabeza a una velocidad mayor de la que cualquier persona podía imprimirle. Puse mi mano detrás de mi cabeza y noté el gran bulto que se había formado. Me preguntaba el mal aspecto que tendría. Cuando me senté frente al espejo de mi cuarto, vi que era peor de lo que pensaba.
Mi cara parecía un fantasma, un fantasma muy enfermo. Tenía bolsas bajo los ojos y mi piel estaba pálida. No podía creer que nadie tuviese un aspecto peor que el mío. Miré hacia afuera, y vi muchos chicos corriendo hacia la escuela, riendo y jugando por el camino. Les maldecí en silencio por estar felices y animados mientras que yo estaba débil y deprimido.
Pensé en Mai, la chica misteriosa de mis sueños, quien de repente se hizo realidad. Me pregunté cuánto pensaba ella en mi ya que yo no podía quitármela de la cabeza. El dolor de cabeza me recordó lo que Miyuki haría si sospechase que Mai me está empezando a gustar. Por mi parte, no podía comprender por qué me estaba comportando así, por qué esto me tenía que pasar a mí. Miyuki representa todo lo que yo puedo desear. Es guapa y alegre casi todo el tiempo, aunque tuviese la tendencia a veces de herir a la gente.
La verdad, me tenía aterrorizado. Sabía que mejor me quitaba mis sueños de Mai de encima antes de que Miyuki decidiese hacer algo violento. Decidí que tal vez lo mejor que podía hacer era quedarme en casa y no ir a la escuela. Me levanté de la silla y empezé a desvestirme. Hubo un golpe en la puerta.
Akane entró como si fuese la dueña del lugar. Eso hacía que me disgustase aún más. Con mis padres fuera todo el otoño, le pidieron a Akane que me vigilase y me mantuviese fuera de problemas. Como si yo no lo pudiera hacer sólo. Yo tenía más control sobre mi poder que ella, pero ella sabía como usarlo en mi contra. Ella era más maquinadora de lo que yo podría ser jamás, y con mi cabeza partiéndose en trocitos, definitivamente no podría con ella. Ella me vio desvertirme con mirada indiferente.
- ¿Qué estás haciendo? -preguntó. Me quejé una vez para hacerle saber
cómo me sentía.
- No puedo ir a la escuela. Estoy horrible y me siento fatal.
- ¡Tienes que ir! Le prometí a papá y a mamá que no faltaría ni un
sólo día, así que vuelve a vestirte y baja. Tengo tu desayuno preparado,
y ya se está enfriando, como siempre.
De repente, un bulto enorme se movió bajo mis sábanas. Viajó hasta el borde de la cama, y hasta el suelo. Jingimi apareció con un pequeño maullido y salió disparado hacia la puerta. El que un gato tan gordo se moviese tan rápido estaba más allá de mi imaginación.
- ¡Ah, no, no lo harás! -chilló Akane. Se movió para bloquear a Jingimi e impedirle el paso. Jingimi se quedó quieto a tan sólo un palmo de Akane. La determinación en la cara de Akane era igualada por Jingimi, que comenzó a arrastrar la pata por el suelo como si fuese un toro.
- ¡El desayuno es para Kazuya, no para tí! Tendrás que esperar a que terminemos -Jingimi aún no se movía y la tensión en la habitación crecía por momentos. Akane parecía que estaba empezando a sentir la tensión. Jingimi se echó hacia atrás, su gordo cuerpo estaba preparado para atacar.
De repente, Jingimi saltó con un maullido. Akane se echó hacia delante para atrapar al gato, pero demasiado tarde, ya que el cuerpo de Jingimi pasó sobre ella y salió disparado hacia la cocina escaleras abajo. Por un momento no me pude creer lo que estaba sucediendo. Akane estaba en el suelo, echando humo. Tenía la sensación de que Akane no era rival para Jingimi, que no conoce límites a la hora de conseguir comida.
Me deslicé en la cama y me cubrí la cabeza con las sábanas. Mañana podría tratar con el mundo cruel, después de que este golpe en la cabeza se fuese. Me encogí mientras Akane me gritaba de nuevo.
- ¿Cómo puedes...? ¿Kazuya? -pretendí no hacer ni caso pero entonces su voz se hizo suave, casi amistosa- Ok, ya veo lo que pasa. Quédate ahí que yo te subiré el desayuno. Te mereces descansar.
No podía creer que Akane por fin lo comprendiera, ¡y estaba siendo incluso amable! Saqué una mano de debajo de las sábanas y le dije adiós con ella. La oí saliendo de la habitación y cerrando la puerta tras ella. Sonó como un portazo, pero fue posiblemente porque cualquier pequeño ruido hacía que me doliese la cabeza.
Tras unos pocos minutos, sonó el timbre de la puerta y oí a Akane responder. Estaba tratando de volver a dormirme, pero me preguntaba quien era y me mantuve ligeramente despierto. Posiblemente fuese Miyuki, al no haber quedado con ella en la cima de las escaleras, debía estar preocupada y a venido a ayudar a Akane a destrozarme. Tras unos momentos, hubo otro golpe en la puerta. Akane me llamó.
- Kazuya, tienes una visita -debía ser Miyuki. ¿Quién si no vendría a visitarme?
La puerta se abrió y oí a Miyuki entrar en la habitación y luego la puerta se cerró. Me congelé. Miyuki estaba a solas conmigo en mi cuarto. ¿Cómo podía ser tan descarada? Ella era dura pero nunca había actuado así, esto era algo que no me esperaba. Conforme escuché sus pasos acercándose a la cama me ponía más tenso. ¿Qué estaba haciendo? Me giré hacia el otro lado debajo de las sábanas para no estar de cara a ella.
Sentí las sábanas siendo empujadas y su cuerpo metiéndose en la cama junto al mío. No podía creérmelo. Miyuki algo más que simplemente decir "hola". Estaba tan nervioso que no sabía lo que hacer. Me arrastré más hacia el lado en el que ella no estaba. Aún no podía dar la cara. Su mano se deslizó sobre mi hombro y hacia mi pecho.
- ¿Mi... Miyuki? -dije nervioso. No quería hacerlo. Sólo teníamos 14 años,
¿y si Akane entraba? Mi cabeza palpitó aún más fuerte.
- Kazuya -oí decir a Miyuki, sólo que no era Miyuki. ¡Era la voz de otra
persona! Si antes estaba nervioso, ahora estaba aterrorizado. Lentamente
me giré hacia la extraña que aún mantenía su mano sobre mi. Mi corazón
parecía que se me fuese a escapar del pecho. Por fin terminé de girarme y
miré a la extraña a la cara.
- ¡¡¡Mai!!! -grité. Ella soltó una risita. Me caí por el otro lado de la cama
y salté. De repente, me di cuenta de que sólo llevaba puesta mi ropa
interior. Frenéticamente corrí por la habitación tratando de buscar mis
ropas mientras Mai me miraba sonriendo.
- Kazuya -dijo seductoramente-, vuelve a la cama -levantó la sábana y me
hizo el gesto de que entrara. No pude evitar el quedarme mirando su
perfecto cuerpo tumbado en mi cama. Gotas de sudor se formaron en mi
frente y me congelé por completo. Así era, una nueva chica que debe
estar completamente enamorada de mí. ¿Qué podía yo hacer?
Me congelé. Me di cuenta de que no estaba siquiera respirando. Me quedé clavado en el sitio mirándola sin poder mover ninguna parte de mi cuerpo. Mi cabeza seguía doliéndome más que nunca y los dedos se me agarrotaron. Mai sólo soltó otra risita y tiró las sábanas, bajando sus pies al suelo. Se levantó y comenzó a caminar hacia mí.
- Kazuya, no seas tan tímido. Sabes que en realidad me quieres a mí,
y no a Miyuki. Admítelo -por cada paso que ella daba hacia mí yo daba
un paso alejándome de ella.
- No, espera. Ni siquiera te conozco. Yo... yo... -mi espalda chocó con el
tocador y yo caí sobre él, los papeles volaron sobre mi cabeza. Miré mientras
Mai acercaba su mano a mi cara.
- Kazuya, ¿no me quieres? -pareció dolida. Empezó a girarse y ví como una
lágrima caía de su ojo. Reaccionando, conseguí coger su mano. En ese momento
se deshizo el hechizo. El cuerpo de Mai tembló entero y comenzó a cambiar
ante mis ojos. En su lugar apareció Akane, que parecía haber disfrutado
cada momento.
- ¿Akane? ¡Akane! -me levanté y permanecí frente a ella- ¿Cómo has podido?
Akane soltó una risita y puso un dedo en mi frente.
- Quieto ahí, lover boy. No habría sido capaz de hacer esto si la idea no se me hubiese ocurrido antes. En realidad, ha sido mucho más fácil de lo que esperaba -Akane caminó hacia mi cama y se sentó en ella, cruzando las piernas-. ¿Qué representa ella para tí, Kazuya? ¿Qué piensa Miyuki de esto?
Akane me miró con esa cara que siempre pone cuando sabe que no estoy en situación de discutir. Decidí que era mejor idea ir a la escuela, más que pasar el tiempo en casa con Akane. No estaba en condiciones de jugar más a los rompecabezas.
Me encontré en clase, contando ya los minutos que quedaban para irme a casa y descansar. Ni siquiera miré hacia Mai incluso aunque sabía que estaba siendo brusco. Después de todo, ella vino y todo a verme ayer. Sólo quería evitar problemas.
El profesor Ishiguro comezó la lección de historia volviendo a los tiempos medievales. Habló brevemente sobre los efectos de la política, la religión, e incluso los romances en las estructuras de los reinos e imperios. Como me esperaba, daba las clases de una forma que no podía haber sido más aburrida. Pero si mostraba cualquier síntoma de sueño, estaría listo en cualquier momento para lanzarme el misil-borrador suyo, tenía que prestar atención.
Podía sentir como Ryosuke me miraba y yo le ignoraba lo mejor que podía, definitivamente no estaba de humor para él. Estaba tomando apuntes y escuchando atentamente pero mi mente aún no podía dejar de vagar por ahí. Mi mano se deslizó hacia la esquina de la hoja y garabateó algo, casi por su cuenta. Me sorprendió, y cuando por fin me di cuenta de lo que estaba haciendo aparté mi mano y miré. Simplemente, había deletreado "M A I".
Ryosuke notó mi reacción y se inclinó para ver lo que había escrito. Con rapidez estrellé mi mano contra el nombre de Mai y reí nervioso. Ryosuke me miró extrañado.
- ¿Va todo bien, Kazuya?
- Oh, claro -dije incierto-. Todo va bien -reí de nuevo sin ganas. Entonces
él miró de nuevo a su mesa y yo borré el nombre de Mai. Aquello me puso
más nervioso de lo que estaba, y aunque intentaba no pensar en ella, Mai
cada vez se metía más en mi mente.
- Es nuestro destino.
Sonó como si estuviera ahí mismo susurrándome en la oreja. Sacudí la cabeza para quitarme la voz de encima, mi cabeza aún se estremecía.
- ¡Kasuga! -era mi profesor- ¿Tienes problemas para prestar atención?
- No, profesor. Creo que es muy interesante -el profesor Ishiguro alzó
una ceja.
- ¿Lo es? Pensaba que alguien como tú odiaría cualquier clase de
educación -se alzó ante mí, de nuevo acusándome de ser un estudiante
problemático. Aún no podía comprender por qué pensaba de esa forma. Hize
lo posible para demostrar lo contrario.
- ¡No, señor! En realidad me gusta aprender, sólo tiene que darme la
oportunidad para demostrarlo.
El profesor Ishiguro puso sus dos manos sobre mi mesa y comezó a reir como un demonio sacado de una historia.
- Está bien, Kasuga, tendrás tu oportunidad. Te voy a dar un proyecto especial referente al tema de discusión de la clase de hoy. Escríbeme un texto discutiendo los efectos de los romances en la política, en especial la historia de Romeo y Julieta. Tienes una semana para completarlo y presentar tus hallazgos en la clase -el profesor Ishiguro se levantó y se cruzó de brazos-. Voy a asignar a dos estudiantes para que te ayuden.
Ryosuke fue la única persona de la clase que levantó su brazo y gesticuló al profesor que se presentaba voluntario. Hacía el mismo ruido que alguien que quiere ir al servicio. El profesor Ishiguro hizo como si Ryosuke no existiera. Escogió al primer estudiante, un nuevo miembro del equipo de wrestling y el sueño de todas las chicas, Eichi Irigoto.
En cuanto esto se confirmó, todas las chicas de la clase levantaron sus brazos para presentarse voluntarias. Comenzaron a chillar y a arremolinarse frente al profesor. El sonido cada vez era más agudo y el profesor parecía cada vez más nervioso, lo cual era algo que ya pensaba que no vería. El profesor Ishiguro alzó su dedo y lo pasó de izquierda a derecha por toda la clase, cada chica tragaba saliva conforme el dedo pasaba sobre ellas. Hasta que el dedo paró y el profesor hizo su elección.
- ¡Tú! -gritó- Tú serás la tercera estudiante del grupo -la clase entera se giró hacia la estudiante escogida. Seguí el camino marcado por el dedo con el resto de la clase hacia la escogida, y lo que ví no se lo creyeron mis ojos.
Era Mai Kiyomoto. Ella asintió firmemente y miró primero a Eichi y luego a mí. Me asintió y sentí que se me encogía la garganta. Giré sobre mí mismo y miré al frente. No sabía por qué reaccionaba así. Era mi sueño convertido en realidad, no podía sentirme más nervioso. El profesor permaneció frente a mí una vez más.
- Kasuga, espero lo mejor de tí. Fállame y te suspenderé -su dedo
pasó por encima del misil-borrador-. ¿Comprendido?
- ¡Sí, profesor Ishiguro!
La clase terminó con el timbre y reuní mis libros para prepararme para la siguiente clase. Me giré y casi me choco con Mai y Eichi.
- ¿Kazuya?
Era esa voz, ella me estaba hablando. Uno de los libros se me cayó pero antes de que pudiese agacharme a recogerlo Eichi lo hizo por mí. Advertí que unas pocas chicas susurraban y señalaban a Eichi mientras pasaban.
- Aquí tienes -dijo Eichi mientras me pasaba el libro. Se inclinó sobre mí y sonrió-. Dime, Kaza, ¿no creerás que voy a hacer esto que me han asignado, verdad?
Supongo que no podía esperar mucho de Eichi. Después de todo, parecía ser del tipo de gente que se pasa más tiempo tirándo cosas a las personas que haciendo los deberes.
¡Pues claro que sí! -Mai estaba cerca de nosotros, justo enfrente de mí- Tienes que ayudar, también es tu asignación.
Tener a Mai tan cerca de mí me hacía sentir como nunca lo había hecho antes. No podía evitar mirar a su escultural figura. Sólo tenía que dar un paso y Mai estaría por completo en mis brazos. Sólo un paso...
De repente, Eichi avanzó y se interpuso entre nosotros de nuevo. Salté hacia atrás sorprendido ya que justo un segundo antes estaba mirando a una bella figura y ahora tenía delante al chico más joven que se afeitaba.
- ¡Por supuesto que no! -me dijo a la cara y luego a Mai- El problema es suyo, él tiene que hacer el trabajo. Yo no tengo tiempo de estudiar. Bueno, a menos que querais pasar un poco de tiempo extra conmigo después de las clases. Conozco un sitio personal donde podremos "estudiar".
La expresión de Eichi se hizo más fuerte y lasciva, y dio un paso hacia Mai. Algunas chicas al fondo miraban a Mai como si estuviesen celosas y deseasen estar en su lugar. Mai se apartó y juntó los brazos abiertos de Eichi.
- No te molestes, no te quiero -ella miró a Eichi furiosa y rehusó apartar
la mirada. Esto sólo consiguió cabrear a una persona que posiblemente nunca
ha escuchado a una chica decir "no".
- No creo -Eichi dio otro paso hacia ella-. Creo que en el fondo me quieres.
Esto se ponía mal, aquí nadie ayudaría a Mai y cualquiera encontraba al profesor. Tenía que hacer algo. No podía dejar que un tipo como este tratase así a Mai, y menos teniendo mis poderes. Actué sin pensar.
- ¡Déjala en paz! -agarré la parte de atrás de la camisa de Eichi y tiré de ella. Usando el poder no sería difícil lanzarle a ocho metros de Mai. Se giró y agarró mi camisa. El tenerle tan cerca daba un poco de miedo, pero sabía que con mi poder no corría peligro. Preparó el puño mientras yo sonreía.
Justo entonces apareció Miyuki en la puerta.
- ¡Kazuya! -sorprendido, giré mi cabeza para verla y perdí la concentración. Un gran puño se estrelló contra mi cara y me tiró al suelo. El golpe me pilló de improviso y Eichi se quedó allí impasivo, riendo. Alzó el pie para darme otro golpe. Esto sí que era lo peor, ser masacrado delante de las dos chicas que me gustan.
Miyuki casi vuela por la habitación hacia Eichi, plantando un pie en sus costillas. Su cuerpo se estremeció pero eso no era suficiente para Miyuki. Le agarró por detrás y procedió a golpear su cuerpo contra el suelo repetidamente. Mai corrió hacia mí mientras Miyuki se quitaba la frustración de encima usando a Eichi.
- ¿Estás bien, Kazuya? -sólo conseguí quejarme una vez mientras Mai
me ayudaba. El saber que me estaba tocando me devolvió a la realidad.
Miró mientras Miyuki arrastraba y ponía frente a nosotros lo que quedaba
de Eichi. Tenía esa mirada de asesina que deseaba que nunca pusiese por
mi culpa.
- ¿Qué tienes que decir ahora, señor idiota? -la cara masacrada de Eichi
sólo pudo babear y de algún modo se las arregló para disculparse. Era
horrible. Miyuki soltó a Eichi y saltó a mis brazos- ¿Estás bien,
Kazuya? Estaba tan preocupada...
- ¡Ha sido genial! -exclamó Mai mientras Miyuki me ayudaba- La manera
en la que le has tratado. ¡Eres tan fuerte! -Miyuki se puso un poco
altanera.
- Eso es lo que le pasa a los que se meten con Kazuya -anunció orgullosa.
Me sentí extraño abrazando a Miyuki frente a Mai, pero de algún modo estaba un poco aliviado ya que esto me previno de intentar engañar a Miyuki. Mai debía saber que yo ya tenía a mi chica, a pesar de que yo era el que estaba realmente interesado en ella.
- Ojalá yo tuviese un novio que me protegiese como tú -le dijo Mai a Miyuki-. Eres tan afortunada...
No pude evitar el quedarme mirando a Mai. Era como si una confusa batalla se librase dentro de mí. Mira, no mires. Sabía que Miyuki se daría cuenta, pero no podía evitarlo.
- Kazuya es mío -Miyuki me dio un pellizco de aviso. La verdad es que dolió-. ¿No es cierto, novio?
Mai interrumpió y agarró la mano de Miyuki.
- ¿Podemos comer juntos? Me encantaría conoceros mejor.
Miyuki se alegró y agarró la mano de Miyuki con la otra.
- ¡Claro que sí! Me encantará que nos acompañes, Kazuya sólo come y nunca me habla.
Las dos comenzaron a caminar hacia la puerta, ignorándome. Intenté decir algo pero sólo salió un poco de saliva. Mai miró hacia atrás y me vio allí. Tocó el hombro de Miyuki y me señaló, Miyuki se giró y me hizo señas.
- ¡Venga, Kazuya! Lo siento, casi me olvido de tí.
Corrí para alcanzarlas y los tres comimos juntos.
Miyuki se encontró conmigo al término de las clases y comenzamos a caminar juntos hacia casa. El sol brillaba rojo en el cielo mientras mostraba los primeros signos de su descenso hacia la puesta de sol. Lanzaba una sombra cobriza hacia Miyuki, y parecía más linda que nunca. Eché la vista atrás hacia el momento en el que se encargó de Eichi porque estaba preocupada por mí, me sentí bien al saber que le importo tanto a alguien. Me sentí muy afortunado en ese momento.
Pero entonces pensé en Mai. Ella tenía una mirada penetrante, que hacía que sintieses como sus ojos azules se introducían en tí. Lo poco que sabía de ella me fascinaba. Parecía como si se hubiese interesado en mí pero claro, supongo que sería tan sólo mi imaginación. Todavía pensaba en aquel sueño que tuve sobre ella. Me daba la sensación de que se iba a meter en mi vida quisiera o no. La idea no parecía ser mala.
- Mai es una buena chica -me dijo Miyuki. Di un rebote al oir "Mai".
Por un segundo pensé que Miyuki me adivinaba otra vez el pensamiento,
pero estaba equivocado. Ella siguió-. Estamos juntas en clase de matemáticas
y vamos a hacer juntas los deberes. Quiere ser mi compañera de estudios.
- Ah, es genial -dije. La verdad es que no sabía qué más decir. El hablar
de Mai con Miyuki hacía que me sintiese incómodo. Casi me parecía mal.
- Estará bien tener otra amiga. Ella difiere mucho de las demás, pero me
gusta.
En cierto modo, estaba de acuerdo con ella. En lo más fondo de mi ser sentía que ella iba a ser muy diferente...
En la cima de los cien escalones le dije adiós a Miyuki y comenzé a bajar por las escaleras, dándole vueltas a lo que Miyuki siente por Mai. Si iba a ser amiga de Mai entonces podré verlas a las dos, las dos chicas por las que siento algo. ¡Menuda situación!
Decidí no darle más vueltas al asunto por el día. Me colgué la mochila del hombro y bajé saltando las escaleras más rápido que antes. Al aterrizar abajo del todo, me arrodillé ligeramente para prepararme para correr el resto del camino a casa. Fui detenido por una voz.
- Kazuya.
Casi me cai de la sorpresa pero de algún modo me las apañé para guardar el equilibrio y me giré hacia el lugar de donde provenía la voz.
- Mai -estaba apoyada contra el muro. Su mochila yacía en el suelo
mientras caminaba hacia mí-. ¿Qué estás haciendo aquí?
- Yo... tenía que preguntarte algo -mi corazón empezó a latir con más
intensidad a medida que se acercaba a mí-. Me estaba preguntando...
Por alguna razón, no parecía como la dulce chica que se impresionó tanto con Miyuki. Tenía una cierta confianza que la hacía diferente. Quizá esta era la Mai de mis sueños, y aún así quizá no fuese un buen presagio.
- Me preguntaba cuando vamos a estudiar juntos para nuestra asignación. Después de todo, sólo tenemos una semana para terminarlo y no creo que Eichi nos sea de gran ayuda -soltó una risita.
Así que era eso, sólo una cita para estudiar. Y por alguna razón, pensé que sería para algo más.
- No sé. ¿Cuándo te viene bien? -intenté sonar indiferente pero estoy
seguro de que sonó como las normales meteduras de pata que marcan la
tradición de los Kasuga, pero ella rió después de que lo dijera.
- ¿Qué te parece hoy? ¿Dentro de una hora? -una imagen se me coló disparada
en la mente, nosotros dos solos en mi habitación, juntos, y Miyuki destrozando
la puerta con esa mirada de asesina.
- ¿Dónde quieres que estudiemos? -pregunté dudando.
- ¡En la biblioteca, tonto! ¿Dónde si no podríamos estudiar? -me miró de
nuevo con esa cara que me hacía pensar que ella había entendido más de
lo que yo había preguntado.
- La biblioteca está bien -dije-. Te veré allí en una hora.
Ella volvió hacia su mochila y la agarró.
- Tráete a Miyuki si quieres.
Mai puso una sonrisa y subió corriendo las escaleras dejándome allí como un idiota meneando la mano. Me giré y comencé a caminar hacia casa. La verdad es que sí que me sentía como un idiota porque en ese momento ya sabía que iba a encontrarme con Mai en la biblioteca, y que iba a estar a solas con ella.
Mi mente se dejó ir. De repente, Miyuki estaba muy distante y Mai estaba ahí, frente a mí. Tenía el presentimiento que en sólo una hora, mi vida iba a cambiar radicalmente.