El sonido de la campana llenó el vacío patio de la escuela mientras lo atravesaba. Eran las cinco de la tarde y el sol ya no era más que una bola cayendo por el horizonte. Un cálido viento sopló por el césped, el cual me recordó cada momento que había vivido en esta ciudad. Recordé cuando era mucho más joven y charlaba cerca de aquí con mi primo Kyosuke. Estaba tratando de explicarme por qué tenía semejante problema al tener que escoger entre dos amores, lo cual yo pensaba que era ridículo ya que yo sabía que él en realidad amaba a Madoka. Siempre supe que era débil para aquello.
Y ahora aquí estoy yo, Kazuya Kasuga, atrapado en la misma trampa, luchando contra mi corazón. Si Kyosuke estuviese aquí, posiblemente me devolvería el dolor que yo mismo le causé. Puede que no le eche tanto de menos por eso mismo.
No pasó mucho tiempo antes de encontrarme frente a la biblioteca, preparado para encontrarme con Mai. Subé los escalones de piedra y caminé hacia la puerta principal. Abrí la puerta lentamente y eché un vistazo dentro. Mientras asomaba la cabeza, dentro había otra persona a centímetros de mí devolviéndome la mirada.
- ¡Ryosuke! -salté hacia atrás y solté la puerta. Ryosuke nervioso abrió
la puerta y me cogió del brazo.
- ¡Kazuya! ¡Menuda sorpresa! Sabía que estarías aquí, esperaba que
estuvieses -me tiró del brazo y me metió en la biblioteca. Mis pensamientos
previos acerca de un encuentro secreto con Mai se quedaron tan sólo en mi
imaginación. Posiblemente le invitó a él también a estudiar-. ¿Has venido
aquí para estudiar con Mai? -preguntó.
Asentí, pero entonces me pregunté si Mai en el fondo le invitó a él. Seguramente habrá averiguado por qué estaría aquí. Posiblemente sea mala suerte el que Ryosuke acabe apareciendo en todas partes en las que yo no quiero que aparezca. Tenía que encontrar una forma de librarme de él.
Los estudiantes pasaban a nuestro lado, la verdad es que estaba sorprendido por el bullicio que había en la biblioteca. No venía por aquí a menudo y menos en horas de estudio. Miré a todas partes buscando a Mai pero no pude encontrarla. En todo este tiempo, Ryosuke me había estado hablando pero no puse atención a nada de lo que me dijo. Bueno, hasta que mencionó el nombre de Mai.
- ¿Qué has dicho? -pregunté.
- He dicho que si estás buscando a Mai, está en la segunda planta buscando
material. Vamos a buscarla -Ryosuke se adelantó corriendo y comenzó a
subir por la escalera de caracol.
- ¡Espera! -avisé. Ryosuke se paró y me miró. Yo no quería hacerlo de esa
manera. Quería pasar el tiempo con Mai y no los tres juntos- ¿No se supone
que debes estar haciendo alguna otra cosa?
Ryosuke me miró con cara rara y luego rió.
- No, la verdad es que no. No me importará ayudaros a los dos. Además, creo que necesitas ayuda, si sabes a lo que me refiero -me guiñó y luego continuó subiendo las escaleras a la carrera.
Aquel guiño me impactó. ¿Acaso creía que quería citarme con Mai? Por lo que a mí respecta, no sé, pero lo último que quería por su parte era que interfiriese. Lo arruinaría todo. Y no sólo eso, podía imaginarme a Mai viéndome con Ryosuke, preguntándose que qué extraña pareja hacemos. Podría hasta preguntar si este crío degenerado de extraño aspecto era mi hermano menor retrasado. ¡Tenía que pararle! Usé el poder sobre él y le hice resbalar y caer por las escaleras. No había subido mucho por lo que pensé que no se haría daño, al menos no demasiado. Aparentemente, me equivocaba.
Había olvidado que Ryosuke era el pequeño canijo con la boca más grande que jamás haya paseado por Orange Street. Ryosuke gritó sorprendido cuando resbaló al principio y continuó gritando mientras caía. Cuando golpeó el suelo seguió gritando. Cuando me acerqué para ayudarle aún seguía gritando. Las lágrimas empañaban sus ojos y sollozó mi nombre. No sabía cómo reaccionar, la verdad es que no quería hacerle daño. Lo único que quería era que no me avergonzase.
Ya era demasiado tarde para ello. Los gritos de Ryosuke atrajeron la atención de todo el mundo en la biblioteca, incluidos los estudiantes, los asistentes, y Mai. Corrió escaleras abajo y agarró la mano de Ryosuke, que parecía estar casi al borde de la muerte. El débil de Ryosuke parecía tan patético en aquel momento... Me sentí fatal. No parecía herido, pero no podía dejar de montar aquella escena. Mai me miró preocupada.
- ¿Qué ha pasado? -preguntó. No podía decirle la verdad.
- Yo... yo... -supongo que tampoco podía mentir. Mi lengua estaba congelada,
la maldición de los Kasuga.
- Kazuya... -se quejó Ryosuke. Los asistentes cogieron a Ryosuke y comenzaron
a llevárselo, pero no antes de que dijera una cosa más- ...Kazuya, ¿cómo has
podido hacerme esto? -y se fue.
Esas palabras flotaron por el aire y todos se paralizaron. Todos los ojos se giraron hacia mí, hacia un Kazuya de piedra, y no parecían muy agradados. Ryosuke me acusó de tirarle escaleras abajo. ¿Cómo ha podido saber que usé el poder? Tenía que pensar en ello, pero fui interrumpido por la intimidatoria mirada de Mai.
- Kazuya, ¿qué le has hecho a Ryosuke? -sentí que el mundo se me caía
encima. ¡Yo era el responsable, por hacerle eso a Ryosuke, y de algún modo
lo sabía! Comencé a caminar hacia atrás, pero fui detenido por varios
estudiantes que me sujetaron. Mai se acercó más y me miró con cara aún
peor- ¡Kazuya! ¿Qué ha pasado? -parecía de todo menos amistosa.
- Yo, yo... -de nuevo me quedé incapaz de decir nada. Si tan sólo puediese
pensar correctamente. Mi tiempo se agotaba.
Lo vi todo a cámara lenta. Su mano se encrespó y comenzó a elevarse desde donde estaba. Siguió un cierto camino hacia mi cara. La vi venir y no podía hacer nada para pararla. Casi sentía que me lo merecía pero eso no consiguió ablandar el golpe. Me abofeteó tan fuerte que mi cuerpo dio como dos vueltas antes de caer al suelo. Levanté la mirada y vi a una Mai furiosa saliendo en tromba de la biblioteca.
Si hubiese traido a Miyuki nada de esto había sucedido. Casi pensaba que esto me pasaba por tratar de traicionarla. Me maldije a mí mismo por ser tan estúpido y por hacer enfurecer a Mai. Decidí detenerla fuera y disculparme ante ella. Me levanté y di un paso antes de que una horda de estudiantes furiosos me bloqueasen el camino.
- ¿Dónde te crees que vas? -amenazó uno de ellos. A mi alrededor todo
estaba lleno de caras furiosas.
- ¡Tengo que detenerla! -supliqué.
- No puedes herir al pobre chico y pensar que puedes escapar tan
fácilmente -me acusó una chica entre la multitud. Varios coincidieron
con ella. Miré a todas partes nervioso, no había escapatoria.
- ¿Qué vais a hacer? -pregunté indefenso.
Casi vi a los estudiantes transformándose en horribles monstruos riendo demoníacamente. Me cogieron y me tiraron al suelo. Ni me atrevía a usar los poderes, fue lo que metió en esta situación. No debería haber dejado que Miyuki se fuese a casa. Todo había terminado.
- ¡¡¡Miyuki!!!
Del disgusto y la ira la puerta de mi casa casi sale volando. Tenía todo el cuerpo lleno de marcas de pintalabios, con las palabras "imbécil" y "matón" escritas. Solté mi bolsa en el suelo y pasé a toda pastilla junto a la cocina para subir las escaleras. Casi no me di cuenta de que Miyuki estaba en la cocina junto a Akane. Me paré sorprendido y retrocedí un poco para confirmar que Miyuki estaba de verdad allí. Estaba nervioso porque a lo mejor sabía que fui a ver a Mai y a lo mejor ella también quería castigarme un poco más.
Asomé la cabeza por la esquina esperando lo peor. Miyuki y Akane se congelaron ambas de la sorpresa, mientras me miraban convertido en un graffitti. Akane lentamente elevó su mano y me señaló. Su boca se abrió del asombro.
Entonces fue cuando de hartó de reir. La risa no tardó en ser seguida por Miyuki, quien también se rió de mí. Me sentí como un loco malhumorado.
- ¡Esto no tiene gracia! -vociferé.
Sólo conseguí que rieran más fuerte y me señalasen. Era más humillante que cuando eran extraños los que se reían de mí camino de casa. Cuanto más gritaba, más se reían. No había remedio. Pasé de ellas disgustado y subí a la carrera escaleras arriba hacia mi habitación donde me cambié y me di una ducha.
Volví escaleras abajo hacia la cocina donde las dos estaban todavía allí. Miyuki manejaba una rosa entre sus dedos y Akane estaba terminando mi cena. Las dos me miraron y pude advertir que aún se reían por lo bajo.
- ¿Qué te ha pasado? -preguntó Akane.
- No preguntes -me quejé. Ciertamente, no quería ni que Miyuki ni Akane
averiguasen que había estado en la biblioteca con Mai. Miyuki puso la rosa
sobre la mesa y yo me senté.
- Vamos al nuevo Abcb esta noche -sugirió Miyuki.
- ¿Qué tiene de nuevo? -pregunté.
- El viejo Máster lo compró otra vez y lo arregló. Está ofreciendo descuentos
a todos los estudiantes del instituto Kouryou.
Recuerdo vagamente al viejo Máster, cuando mi primo solía trabajar en el Abcb. Por lo poco que recuerdo, parecía una buena persona.
- Sí, claro, ¿por qué no? -me hurgué en el bolsillo para contar el poco dinero que tenía, ni con el descuento. Mi estómago rugió- ¡Akane, date prisa con la cena!
Akane me lanzó una mirada terrorífica. Me di cuenta de lo que había dicho demasiado tarde. Una sombra apareció en la puerta invocada por la mención de comida. Akane se dio prisa en terminar la cena y yo cada vez tenía más miedo. Miyuki, confusa, nos miró a Akane y a mí sin entender lo que estaba pasando.
- ¿Qué pasa? -preguntó Miyuki.
- No pasa nada -dije-. ¡Corre, Akane! -miré hacia la puerta. La sombra
creció, seguida por una pata peluda y gorda- ¡Akane! -grité de nuevo. Ella
entró en frenesí, lanzándolo todo a un plato de cualquier manera. Mis dedos
juguetearon con el tenedor, mi mano izquierda estaba agarrada a la mesa.
Una nariz surgió de la sombra, la vi moverse nerviosamente. Y entonces
vino.
Jingimi bordeó la esquina a una velocidad de miedo. Las leyes de la física no podían explicar cómo semejante masa se movía a semejante velocidad. Akane corrió por la cocina llevando el plato. Era una carrera contra Jingimi, el cual pronto empezó a cerrar los huecos.
Con un "miau", Jingimi saltó y voló con su gordo cuerpo por el aire. Iba en línea recta a interceptar mi comida. Alcancé el plato con mis manos, pero ya entonces sabía que iba a llegar demasiado tarde, el gato se llevaría de nuevo mi cena. Yo grité, Akane gritó, y Jingimi maulló.
Y entonces Miyuki saltó en medio del camino de Jingimi. ¡No! Temí lo peor para ella. Pero rápida como un rayo, Miyuki bloqueó a Jingimi con una entrenada técnica defensiva. Jingimi aterrizó duramente en el suelo, estaba aparentemente en shock. Aprovechando la confusión, agarré el plato que Akane sostenía y desesperadamente comencé a ingerir la mayor cantidad de comida posible.
Jingimi alzó la vista y vio que había sido vencido, esta vez. Perezosamente arrastró su gordo cuerpo hasta la puerta, echando la vista atrás como advirtiendo "volveré". Dejé de apretar el tenedor tan fuertemente, y me golpeé el pecho, tratando de que toda la comida que me había metido bajara adecuadamente. Akane suspiró aliviada y se desplomó en otra silla.
Miyuki comprobó su reloj y se sentó entre nosotros, agarrando la rosa de nuevo y dándole vueltas.
- Mai debía haber llegado ya aquí -dijo absorta. Casi tiro la comida.
Miyuki me vio escupiéndolo todo y me preguntó que qué pasaba.
- Nada. No pasa nada -tosí-. Sólo pensaba en que íbamos a ir sólos -en
verdad, no quería ver a Mai tan pronto ya que debe pensar que soy un
imbécil.
- ¡Oh, que romántico eres! -Miyuki dijo tranquila- No sólo no vamos a ir
sólos, Mai sugirió traerse a ese chico tan raro, Ryosuke -de nuevo, la
comida se me atrancó en la garganta. Esta vez fue Akane la que me miró con
cara extraña.
- ¿Qué te pasa, Kazuya? -demandó Akane.
- Nada, es que he comido demasiado rápido, eso es todo -creo que esta
vez fue demasiado evidente. Intenté cambiar de tema. Señalé hacia la
rosa entre los dedos de Miyuki- ¿De dónde has sacado eso?
Miyuki sonrió.
- ¡Ya eres otra vez el tonto de siempre! Ya sabes de quien -parecía
bastante feliz, y yo parecía bastante confundido.
- No, no lo sé. ¿Quién? -otra vez intentó suavizarlo.
- Claro que lo sabes, deja de hacerte el idiota -no comprendía a qué
jugaba. Ciertamente, yo no se la dí y no tenía ni idea de quién lo había
hecho. Insistí una vez más.
- De verdad, que no lo sé. ¿Quién te la dio? -la expresión en su cara de
una alegre Miyuki a otra muy seria e irritada.
- Después de volver de la escuela, alguién llamó a mi casa pero no había
nadie. Miré al suelo y encontré una nota en el porche -Miyuki alcanzó la
mochila y sacó la nota. La leyó en voz alta.
Para mi querida Miyuki,
Deseo verte de nuevo. Quiero que seas mi tesoro para siempre.
- ¿Eso es todo? -pregunté- ¿Nadie la firma?
- Pensé que sería tuya, Kazuya. ¿Quién si no es mi eterno tesoro?
Akane rió y se inclinó sobre la mesa acercándose a nosotros dos.
- Aparentemente, Kazuya, Miyuki tiene un admirador secreto. ¿Qué vas
a hacer al respecto?
- Yo... no lo sé. ¿Qué se supone que debo hacer? -Miyuki me miró furiosa.
- Estúpido. Se supone que debes encontrar a esa person y darle una
lección -movió el puño amenazadoramente-. Ya sabes, decirle que yo soy
tu chica.
Me asaltó la imagen de un tiarrón trajeado pasándole una rosa a Miyuki y yo intentando plantarle cara. Vi su mano agarrando mi cara y apretando hasta quitarme la vida. Temblé sólo de pensarlo.
Miyuki colocó la rosa de vuelta sobre la mesa, suavemente. Quizá demasiado suavemente. Me di cuenta de que yo nunca le había regalado una rosa desde que la conocí. En realidad, apenas le había regalado nada. Me sentí avergonzado de que un extraño hiciese cosas por ella que yo nunca he hecho.
El timbre de la puerta sonó y Miyuki saltó.
- ¡Yo abriré! -dijo mientras salía volando de la cocina hacia la entrada
donde estaba la puerta. Akane se levantó y comenzó a ordenar la cocina.
- Akane, hay un problema -Akane ni reaccionó, tan sólo siguió limpiando.
- Lo sé, Kazuya. Tienes que tratar mejor a Miyuki o los admiradores secretos
te la van a quitar.
- No, no es eso. Hoy yo... -Akane por fin dejó de hacer lo que estaba
haciendo y centró su atención en mí. Yo proseguí- ...creo que he encontrado
a otro ESPer -Akane miró alucinada.
- ¿Estás seguro? -preguntó.
- Bastante seguro. No tuve la oportunidad de leer su mente pero tenía la
sensación.
- ¿Quién es?
- Es... -fui interrumpido por Miyuki que venía de vuelta a la cocina seguida
por Mai. El verlas tan verca me quitó la respiración. Miyuki y Mai, posiblemente
las dos chicas más guapas que jamás haya visto. No pude evitar el quedarme
mirándolas y desear poder tenerlas a las dos. De sueños también se vive.
Mai nos saludó con la mano a Akane y a mí. Me sonrió, lo cual me sorprendió, yo no me lo esperaba. Esta era la Mai que recordaba de mi sueño. Miyuki cogió su abrigo y comenzó a ponérselo.
- Podemos irnos, Kazuya. Mai me ha dicho que Ryosuke no ha podido
venir -nervioso me pregunté si eso era todo lo que le había contado.
- ¿Crees que podrás divertirte sólo con nosotras dos? -preguntó Mai con
malicia.
- ¡Sí! Lo intentaré -las dos sonrieron, me levanté y me dirigí hacia la
salida. De todas formas, mientras salía de la cocina, vi a Miyuki coger la
rosa y guardársela en el bolsillo. Debería haber sido mi rosa, pensé.
Caminamos juntos hasta el Abcb aprovechando para conocernos mejor. Mai se acababa de mudar aquí desde la ciudad vecina este verano y no había tenido tiempo de conocer a nadie desde que llegó. Miyuki habló sobre lo fuerte que era su hermano mayor, Yuusaku. Miyuki se iba llevando cada vez mejor con ella conforme nos íbamos acercando al Abcb, parecía ser un lazo natural. La verdad es que me sentía bien estando con las dos pero me di cuenta de que miraba mucho más a Mai que a Miyuki. Había algo en ella que la hacía fascinante. Ella, por supuesto, advirtió que la estaba mirando, pero en vez de enfadarse, sonrió. Yo bajé la mirada avergonzado.
Aparecimos en el Abcb sobre las ocho de la tarde y sentí como nostalgia al entrar en el lugar. Había algunos estudiantes sentados en una mesa en la esquina pero el lugar estaba casi vacío como de costumbre. A menudo me había preguntado si esto era lo que el Máster quería, ya que nunca le pareció importarle.
El Máster nos vio entrar y nos saludó. Una bonita chica que reconocí como de mi escuela nos mostró un asiento y nos tomó nota. Momentos más tarde, el Máster apareció en nuestra mesa y colocó sobre ella una taza de cappuccino frente a nosotros.
- Perdona, Máster, no hemos pedido esto, ¿verdad? -el Máster rió una
vez y colocó una cuchara junto a la taza.
- Ha sido cosa mía, Kazuya. Sólo quería probar la máquina de café. Ha pasado
mucho tiempo, y tu primo Kyosuke fue el primero en probarla cuando la
compré. Te pareces tanto a Kyosuke que me siento como si tú empezases aquí
cuando él se fue -miró a las dos chicas que se sentaban una a cada lado de
mí-. Sí, yo diría que te pareces mucho a Kyosuke. ¿Cómo lo lleva
últimamente?
- Está bien -respondí-. Estará aquí con Madoka esta Navidad, podrás verle
entonces.
- ¡Qué bien! Estaré esperándoles -el Máster nos saludó con la mano mientras
volvía a su lugar tras la barra y ayudaba a su ayudante a preparar la
comida. Viéndole allí, silbando tranquilamente todo el tiempo, pude ver
por qué quería restaurar el Abcb. Simplemente, parecía que él pertenecía a
ese lugar.
Probamos el cappuccino por turnos y Mai comentó lo bueno que era el Máster. Todos estuvimos de acuerdo, la verdad es que nos gustaba el sitio. Sabía que acabaríamos viniendo aquí más a menudo en el futuro.
En mitad de la conversación, tuve la sensación de que estaba siendo observado. Miré hacia atrás sobre mi hombro y efectivamente, había un par de ojos presionados contra el cristal en la oscuridad. Di un grito y salté hacia atrás. Mai y Miyuki se giraron y vieron... nada. Juré que allí había estado alguien pero no pude demostrarlo. De mala gana me terminé el aperitivo y contribuí un poco en la conversación.
Al final, cayó la noche y antes de que nos diésemos cuenta, habían pasado horas desde que llegamos. Miyuki miró su reloj y le dio un par de golpecitos para asegurarse de que realmente funcionaba.
- No puedo creer lo tarde que se ha hecho, ¡tengo que volver rápido
a casa! -Miyuki saltó y agarró su abrigo, pasándome el mío- Mai,
deberías haberte traido un abrigo. Refresca mucho por la noche.
- Lo siento, debí haber pensado en ello. Estaba demasiado apurada tratando
de llegar a casa de Kazuya a tiempo -Miyuki agarró mi abrigo antes de que
tuviese la oportunidad de ponérmelo y se lo pasó a Mai.
- Toma, puedes usar éste -Mai rechazó la oferta pero Miyuki insistió y
poco después todos estábamos de vuelta a casa, y Mai llevaba mi
chaqueta.
Me quedé atrás y le pedí un favor al Máster. En pocos minutos, me encontré con ella fuera. Mientras aún estábamos junto a la puerta, bajo la luz, le hice el gesto a Miyuki de que se acercase a mí.
- Lo siento, tenía que haber hecho esto hace tiempo -me incliné y saqué
una rosa roja de mi bolsillo que el Máster me había dado. Se la dí a Miyuki.
Levanté la mirada y vi a Miyuki tomar la rosa de entre mis dedos y olerla.
- ¡Gracias, Kazuya! -saltó hacia mí, casi derribándome. Tenía una extraña
forma de demostrar su alegría, casi rayando en la violencia, pero en el
instante en el que Miyuki saltó sobre mí, vi a Mai un breve instante antes
de que se diese la vuelta. Parecía triste, casi dolida. Le eché la culpa
a la tenue luz del Abcb, que parecía estar gastándome una broma.
Caminamos juntos hasta la cima de los cien escalones, donde Miyuki tenía que partir hacia su casa. Miyuki mantuvo la conversación casi todo el tiempo, siempre tan llena de vida. Era la típica chica que siempre hablaba en voz alta y animada, y no podías más que sonreir y unirte a ella. Comencé a seguir a Miyuki en su camino hacia casa, pero ella insistió en que podía ir sola, la verdad es que ella prefería correr todo el camino hasta su casa.
Mai y yo la despedimos mientras los dos comenzamos a bajar juntos las escaleras. Me di cuenta de que era real, que estábamos los dos a solas bajo la noche. Intenté pensar en algo de lo que charlar, pero estaba empezando a ponerme nervioso. Pensé en contar los escalones.
- 52... 53... 54... -susurró Mai. Me sorprendí al ver que había pensado en lo mismo al mismo tiempo. Me relajé y seguí contando los escalones de uno en uno. Mai siguió y pronto estábamos contando juntos, sin charlar, tal sólo compartiendo algo.
- ¡100! -anunció Mai mientras aterrizaba abajo del todo. Sonrió y dio
una vuelta sobre sí.
- Yo pensaba que había 99 -dije.
- No, hay 100, estoy segura.
- Ah -por alguna razón, el oir a Mai decirlo sonaba como cierto. Ayer mismo
podría haber discutido en cualquier momento con Miyuki por la misma
cosa. Había algo en Mai que aún no me acababa de encajar. Miré hacia
ella y la vi caminar lentamente frente a mí, sonriendo y mirando a las
estrellas. La luz de las estrellas brillaba elegantemente sobre su cara,
muy hermosa. Todo lo que la rodeaba era perfecto, ella era definitivamente la
chica de mis sueños. Oí su voz en el fondo de mi mente, "es nuestro
destino". La voz sonó tan real que me hizo temblar. Mai se giró y me
vio temblar. Su sonrisa se amplió y elevó su brazo abriendo la
chaqueta.
- Aquí hay espacio para uno más -me dijo. Mi corazón latió más aprisa. Ahí estaba, mi sueño se hacía realidad a cada momento. Mis piernas se movieron casi por sí solas y casi ni me di cuenta de que estaba caminando hacia ella. Sólo recordé que caminamos juntos y que su brazo me rodeaba.
Tras una eternidad y un segundo, por fin llegamos frente a mi casa. Quitó su brazo de mi alrededor y comenzó a quitarse la chaqueta.
- Está bien -interrumpí-, puedes devolvérmela mañana.
- Gracias, Kazuya. La verdad es que eres muy dulce, Miyuki debe
ser muy afortunada.
- Sí, Miyuki -ese nombre no lo conocía al menos mientras Mai permaneciese
junto a mí.
- Y Kazuya, ten más cuidado con Ryosuke. Es... especial -se giró y salió
corriendo antes de que pudiese decir nada. Abrí la puerta y me dirigí
al complejo de apartamentos en el que vivía y caminé hasta la puerta de
mi casa. No podía más que pensar en Mai. Parecía como si estuviese aún
soñando.
Enré por la puerta principal y en la oscuridad casi tropiezo con Jingimi. El gato gordinflón soltó un maullido y luego se dio cuenta de que era yo. Jingimi paseó por la habitación, primero vio a Jingoro y luego trotó escaleras arriba hacia mi habitación donde dormíamos juntos. Mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y vi que algo se movía al otro lado de la habitación.
Era Akane, debía haber estado esperándome. Me sentí insultado al saber que no confiaba en mí.
- ¿Has estado esperándome? -pregunté.
- Pues claro, quería hablarte del ESPer -por un momento no la creí.
- ¿Estás segura de esa es la única razón? -Akane rió una vez.
- Confío en tí, Kazuya. Ya eres mayor. Sabes como cuidarte -podía
detectar el sarcasmo en su voz con bastante facilidad. De todas formas,
estaba cansado, así que decidí pasar del tema.
- Está bien, hablaremos del ESPer. Estábamos juntos en la biblioteca cuando
lo averigüé.
- Yo también me di cuenta, después de que me dijeses que había uno en
la ciudad. Me pregunto si ella sabe si nosotros somos también ESPers.
- ¿Ella? Es él, un estudiante de mi clase. Su nombre es Ryosuke. ¿Qué
te hizo pensar que el ESPer era una chica? -oí tragar saliva a Akane.
- ¡Quieres decir que no lo sabes! -exclamó.
- ¿Que no sé el qué? -noté que algo se removía en mi interior. De repente,
sentí como un rayo de inspiración cayese sobre mí mientras yo permanecía
en las tinieblas.
- Desde que me avisaste de lo del ESPer me puse a buscarlo. Leí su mente
y lo ví.
De algún modo supe lo que Akane iba a decir después. No quería que fuese cierto, pero no podía detener a Akane para que no dijese lo que sólo entre nosotros era evidente.
- Es Mai. Kazuya, Mai es una ESPer.