Mai es un ESPer. Aún no me lo puedo creer. Estoy empezando a preguntarme si sus poderes son más fuertes que los míos. No puedo evitar sentirme amenazado, normalmente yo era el único en controlar mi vida, si no fuese por Akane, y ahora viene Mai. Mi sueño en el que Mai me dice "es nuestro destino" se acaba de arruinar a causa de otro en el que Mai me lanza ráfagas de fuego con las puntas de los dedos. Decidí que tenía que verla usando su poder, para convencerme a mí mismo de que era un ESPer. Podría ponerme incluso en peligro...
Un enorme borrador rojo apareció volando desde la parte delantera de la clase y me golpeó de lleno en la cara. Una nube de tiza explotó del borrador, escociéndome los ojos. La clase entera soltó una carcajada y yo no podía más que reir con ellos e intentar esconder mis mejillas de color rojo brillante.
El profesor Ishiguro apareció sobre mí.
- Eh, Kazuya, te gusta soñar despierto, ¿eh? ¿Ya te aburren otra vez los
sucesos históricos? -miré hacia él a través de la nube translúcida.
- No, señor, es sólo que... -la habitación se llenó con el sonido del timbre.
Solté un suspiro de alivio, salvado por la campana. Observé al profesor
Ishiguro volviendo tranquilamente hacia su mesa. Mis sentimientos hacia
él iban desde la incomodidad hasta la completa intimidación, siempre me
estaba vigilando de cerca.
Reuní mis libros y ví la habitación vacía, era como si los estudiantes sólo tuviesen unos segundos para salir. Comencé a caminar hacia la puerta por entre las filas de asientos.
- ¡Kazuya! -llamó el profesor Ishiguro. Me tensé y lentamente me giré hacia él. Estaba sentado en su mesa dándole vueltas al borrador- Kazuya, sólo quiero que sepas una cosa. Hace nueve años, tu primo Kyosuke era un estudiante de esta clase. Sé como eres, y te tengo puesto el ojo encima. Puedes contar con ello -mi corazón se encogió. ¿Estaba hablando de mis poderes o de mi personalidad? Nunca pensé en mí como en alguien parecido a Kyosuke.
Rápidamente hice una reverencia y salí de la habitación. Como de costumbre, andaba confundido por lo sucedido. ¿El profesor Ishiguro sabía más de lo que parecía? ¿Mai era una ESPer de verdad? ¿Me voy a volver loco? Hace tan sólo unos días que empecé la escuela y ya han sucedido muchas cosas. Dudaba que llegase a la graduación con la cabeza intacta.
Sólo había dado unos pocos pasos por el pasillo antes de que alguien me agarrase del brazo y me tirase hacia atrás. Era Mai, y estar tan cerca de ella era como una bendición agridulce. El pensar que ella podría ser un ESPer me atemorizaba pero su belleza aún me llenaba de asombro. Me sonrió y todos esos pensamientos desaparecieron.
- Kazuya, ¿cuando quieres que quedemos para lo del trabajo? La última
vez no conseguimos hacer nada -reí nervioso, recordando lo horrible que
fue esa "ultima vez".
- Bueno, pues después de las clases a cualquier hora, supongo -caminamos juntos
por el pasillo, charlando y sonriendo. Parecía tan natural que ni siquiera
noté que el instructor Hatta nos miraba con su habitual sonrisa lasciva.
Estaba sentado en una mesa en un cruce de pasillos, había sido asignado como monitor de pasillo, aunque era más que obvio que sólo vigilaba a las chicas. Mai se detuvo frente a Hatta y se giró hacia mí.
- Mi clase está por aquí. Sobre lo de hoy, ¿te parece bien a las cuatro?
-dijo Mai con una gran y hermosa sonrisa.
- Sí, me parece genial.
- Bien, te veré entonces -dijo y se fue, feliz como siempre. Supongo que
anoche todo fue bien, era agradable recordar como paseamos juntos. Claro
está, hasta que Akane soltó aquella bomba sobre mí. Tenía que asegurarme,
pero no puedo coger y sencillamente preguntarselo. Tenía que poner a Mai
en una situación en la que no tuviese más remedio que usar sus poderes.
- Kazuya, chico, haciendo amigas otra vez, ¿eh? Ánimo, chico -dijo Hatta
con esa sonrisa pervertida que siempre llevaba puesta. Apostaría a que
nació con esa sonrisa, mirando a la enfermera que ayudó a traerlo al
mundo.
- ¡No digas eso tan alto! Miyuki me mataría si llega a pensar que...
- No te preocupes, ¡tu secreto está a salvo conmigo! -era justamente lo
que me temía...
Un brazo me rodeó el cuello y tiró hacia atrás con fuerza.
- ¿Qué secreto? -era Miyuki, maldita sea.
- ¿Qué secreto? -dije como pude, con el poco aire que podía pasar por mi
garganta. Comencé a reir, intentando mostrar lo absurdo que era intentar
no contarle algo a ella. El que Hatta comenzase a reir descontroladamente
tampoco ayudaba. Al final me soltó, me giré y vi otra rosa- ¿Otra? -dije,
molesto porque alguien a mis espaldas le regalaba rosas a mi novia. ¿Quién
se atrevería a hacer eso? Sabía que Ryosuke deseaba poder estar con Miyuki,
pero no creía que él se atreviese a hacer algo así, especialmente a mis
espaldas.
- Vino con otra nota... -la campana sonó antes de que pudiese terminar- Oh,
no, es tarde, ya te lo contaré luego -dijo y salió corriendo. Mi frustración
fue temporalmente suspendida al verla correr por el pasillo, estaba preciosa
con el uniforme de la escuela. Entonces noté que al instructor Hatta también
le gustaba, no podía apartar la vista de ella. ¿Es que este tío nunca va
a crecer?
Me pasé el resto del día intentando imaginar algunas cosas que me extrañaban. Decidí que el profesor Ishiguro debía referirse a la mala reputación que Kyosuke debe haber tenido. Era ridículo que se imaginase que tengo poderes especiales. Decidí que mañana iba a leer su mente, sólo para asegurarme.
Pero aún más importante, tenía que trazar un plan para probar si Mai era o no un ESPer. En cierto modo, pensaba que sí lo sería. Después de todo, Akane lo sintió y yo la vi en mis sueños. Había algo que no era normal en ella. Pero el hecho de que nunca haya dado muestras de tener poderes me llenaba de dudas. Yo creía que Ryosuke era el ESPer, y ahora no sé qué pensar.
No fue hasta que me senté junto a la taquilla del gimnasio cuando se me ocurrió la idea. Se suponía que iba a encontrarme con Mai en la biblioteca, un sitio no demasiado adecuado para mí, desde la pequeña caida de Ryosuke por las escaleras... ¡las escaleras! Si me resbalo y caigo, ¡seguro que usaría sus poderes para salvarme! Me felicité a mí mismo por tan brillante idea. Me terminé de poner los pantalones de jogging y salí al gimnasio.
El instructor Hatta salió de su oficina y caminó por entre las filas de chicos. Me miró y me guiñó un ojo como si estuviésemos compartiendo un gran secreto. Suspiré disgustado. Se paró al frente de la habitación y puso cara de militar.
- Bueno, chavales, ¿cómo va vuestra tarea? -soltó de nuevo con su sonrisa lasciva- Ya tendreis al menos las medidas de la mitad de las chicas, ¿no?
Oh, no, otra vez no...
Miré al reloj, vi que eran las tres y media de la tarde, hora de echar a andar hacia la biblioteca. Apagué la tele y cerré la puerta tras de mí. Akane pronto llegaría a casa. Era una vergüenza que no pudiese hablar de nuevo con ella antes de salir a ver a Mai. Quería hacerle unas pocas preguntas sobre su "sensación" de que Mai era un ESPer.
Cerré mis ojos y andé, sintiendo el cálido viento moviéndome el pelo, y sobre la cara. Me hacía sentir bien y en paz. Como siempre, imágenes y pensamientos volaron por mi mente. Uno en particular ingrato fue uno de Miyuki recibiendo rosas de un extraño anónimo. Hice una mueca y abrí los ojos. Sorprendentemente, vi a Mai a lo lejos acercándose a los 100 escalones. Corrí para alcanzarla, esa sería mi oportunidad. Con total confianza en mi nuevo plan, la llamé.
Ella me vio llegar y me esperó. La forma en que sonreía y me miraba me llenaba el pecho con una sensación aguda. Esa sensación... debía ser el poder. Sólo tenía que conocer la verdad.
- Mai, pensé que podríamos ir juntos hasta la biblioteca -dije cuando la
alcancé.
- ¡Claro! -dijo mientras comenzaba a subir los escalones. Mientras subíamos,
rápidamente me di cuenta de lo escabrosa que era la escalinata. Me pregunté si
esa sería la mejor idea. Pero no, no podía contradecirme a mí mismo, ella
iba a usar su poder y no me dejaría caer.
Cuando nos acercábamos a la cima, me eché hacia atrás, fuera de su alcance. Que no me pase nada... ¡que no me pase nada! Coloqué mal el pie en el último escalón, perdí el equilibrio, giré y encaré la escalera.
- ¡Aaaaaaaaaahhhhhh! -grité mientras no paraba de girar. Mai intentó
correr hacia mí pero sabía que no iba a llegar. Oh, no, ¡¿por qué no está
usando el poder?! Giré por última vez, esperaba llegar al suelo, sólo que en
vez de eso aterricé sobre el polo azul de Ryosuke. Me estrellé contra él y
seguimos rodando unos cualtos peldaños más hasta que nos dimos contra una
plataforma. Además del dolor, estaba más preocupado por el hecho de que
Ryosuke podría destrozarme los oídos, pero él había quedado inconsciente.
No podía creerme que Mai no lo hiciera. Miré hacia las escaleras para ver
su cara. Estaba mirándonos, permaneciendo momentáneamente en shock.
- ¡¿Kazuya, estás bien?! -gritó mientras bajaba corriendo. Estaba alucinado.
No podía creerme que cayese por las escaleras sin ninguna razón aparente.
¿Y qué estaba haciendo Ryosuke aquí? Mai llegó tan rápido como pudo- ¡Kazuya!
¿Estás bien? -realmente parecía preocupada. Por fin llegó, puso sus manos
tras mi cabeza y me ayudó a alzarme- Me has dado un susto de muerte -parecía
como si fuese a soltar una lágrima, y nos quedamos mirándonos, mirándonos
a los ojos. Era el momento perfecto. Olvidé el dolor y vi a Mai como en el
sueño, diciendo suavemente mi nombre. "Kazuya... Kazuya..." De repente, esa
melodiosa voz que sonaba en mi cabeza se transformó en un agudo sonido
irritante...
- ¡AAAAAAGGHHHH! -la reacción retardada de Ryosuke por fin se reveló como
una sinfonía de gritos. Ni que lo hubiese cronometrado.
- Parece que cuando andais juntos, alguien tiene que caerse por alguna
escalera -Mai comenzó a reir y yo a reir con ella, mientras Ryosuke proseguía
con sus chillidos. Mai me ayudó a levantarme y ambos ayudamos a Ryosuke.
Parecía uno de esos perfectos momentos dorados que nunca olvidaría, y con
eso en mi mente, continuamos riendo.
Los tres llegamos por fin a la biblioteca. Ryosuke vino con nosotros, argumentando que no tenía nada más que hacer y quería ayudar. Hasta ahí no me importaba demasiado. No parecía que fuese a poder librarme de él, y cada vez que lo intentaba acababa pasándolo mal. Abrí la puerta y caminé por la entrada pero para mi sorpresa vi al señor Popularidad en persona, Eichi.
- Guau, me sorprende verle aquí -le comenté a Mai.
- Sí, ¿no creerás que ha venido a ayudarnos? -dijo Mai con dudas.
Durante el poco rato que estuvimos mirándole, me llevé una sorpresa aún mayor. Miyuki apareció y caminó hacia él, aparentemente sin habernos visto. Así que lo primero que hice fue arrastrar a Ryosuke y a Mai conmigo, detrás de una de las estantería de libros. Eché un vistazo y les espié.
- ¿Qué está haciendo con él? -preguntó Mai. Parecía preocupada, pero no podía responder, porque estaba igual de confundido que ella. Miyuki no iría a darle a ese tío el gustazo del día, ¿verdad? Sería mejor que me quedase mirando...
Ella tenía una cara amenazante... hasta que él sacó dos rosas con el tallo largo de su mochila y se las ofreció. ¡¿QUÉ?! ¿Era él el que le daba las rosas a Miyuki? No podía creerlo. Sabe que es mi novia y ella se lo dejó bien claro. Pero ahí está, dándole rosas a Miyuki como si fuese a impresionarla. En cualquier instante se las tiraría a la cara. En cualquier instante...
- Kazuya, ¿qué está pasando? -preguntó Mai ansiosa. No quería que supiese
la verdad tan pronto. Respondí susurrando.
- Oh, bueno, nada. Sólo han charlado un poco, posiblemente sobre las clases
o los deberes -tenía que inventarme algo, no quería irlo soltando todo por ahí.
Pero este tío se está pasando, intentando llevarse a mi chica.
Me quedé mirándole un rato, intentando leer su mente. "...ya veremos quien es el verdadero hombre, cuando llegue la hora. Ya lo veremos..." Eso fue todo lo que pillé. ¿El verdadero hombre? ¿Acaso tiene previsto luchar conmigo?
Seguí mirando, Miyuki bajó su cabeza y casi pude ver sus mejillas poniéndose rojas. Eichi susurró un par de cosas más y luego salió de la biblioteca. Miyuki puso las rosas en su mochila y lentamente salió también. Parecía confundida, y eso me preocupaba porque pensaba que el amor de Miyuki por mí era inquebrantable. Pero ahora... ahora no sabía qué pensar. Quizá yo no la había tratado tan bien. Me di cuenta de que aún siendo un ESPer, eso no significa que no pueda actuar como un ser humano.
Mai me tiró de la manga.
- ¿Qué estamos haciendo aquí si no está pasando nada? -preguntó.
- ¿Qué? Ah, sí -intenté reir para no levantar sospechas-, venga, ¡tenemos
trabajo que hacer!
Unas tres horas más tarde, casi teníamos todo el trabajo hecho. Aunque era un proyecto mío, participé más bien poco. No podía evitar pensar en Miyuki y en las miles de maneras en las que poder atormentar a Eichi. Estaba empezando a sentirme contento de haberme traido a Ryosuke con nosotros, considerando el hecho de que junto con Mai lo hicieron casi todo. Sentía que Eichi tenía que pagar por mostrar ese afecto en secreto hacia Miyuki. Si Akane lo averigua me mataría, pero no creo que ella necesite saberlo.
- Bueno, ¿qué te parece así, Kazuya? -preguntó Mai. No había oído ni
una palabra y mi cara inexpresiva lo decía todo. Intenté disimular una
respuesta.
- ¿Eh? Me... parece genial.
- Bien, entonces por hoy hemos terminado -dijo cerrando el último libro.
Ella se los pasó a Ryosuke quien fue a ordenarlos a las estanterías. Mai
se inclinó y me miró con cara de saberlo todo-. No has oído una palabra
de lo que he dicho, ¿verdad? -así que se dio cuenta de que estaba soñando
despierto.
- Bueno... yo...
- ¿Qué pasó antes con Miyuki? -¿Tan obvia fue mi reacción? ¿O es que me
ha leido la mente? Aún no sabía si Mai era especial.
- ¿No me crees? Ya te dije lo que pasó, no fue nada -espero que lo acepte así.
- Bien -dijo y apartó la vista, echándose el pelo a un lado como si supiese
que estaba mintiendo y lo estaba dejando pasar. Ryosuke volvió de su diligente
tarea y se sentó frente a nosotros en la mesa.
- Bueno, ¿dónde vamos ahora? -preguntó Ryosuke. Debía haber pensado que era
parte de nuestra banda y que iba a estar pegado a nosotros eternamente. La
idea no era muy atrayente, a pesar de que Ryosuke estaba empezando a dejarse
soportar.
- Bueno, yo tengo que volver a casa -dijo Mai con aspecto cansado. Creo que
todos lo estábamos. Ryosuke se giró ansioso hacia mí con la esperanza de que
mi respuesta fuese distinta.
- ¿Yo? No, yo también tengo que volver. Aún no he comido -Ryosuke parecía
apenado e incluso llegué a sentirme mal por él.
- Oh, bueno, pues nos veremos mañana -dijo y se fue rápidamente.
Ya era hora de que yo me fuese también. Era hora de pensar en Miyuki, y en dónde debía haberme equivocado.
Akane miró desde la cocina mientras yo entraba por la puerta principal.
- Ah, ¿ya estás aquí? Miyuki llamó hace un ratito. Va a venir otra vez esta noche, dijo que tenía algo importante de lo que hablar contigo -mi corazón se encogió de pavor ante el hecho de oir lo que Miyuki tenía que decirme. Me lo veía venir, a ella con ese idiota de Eichi. Me sentí cansado, dolido y deseoso de vengarme. Casi me mato al caer por las escaleras, y al final no demostré nada. Parecía que nada iba a salir bien. Comencé a pensar que el creer que Mai era un ESPer era sólo cosa de mi imaginación y un fallo de mi traviesa hermana. Me estaba poniendo de mal humor.
Akane terminó de cenar y llevó el plato al fregadero. Vi lo que había cenado y esperé mi comida, especialmente teniendo en cuenta que desde el almuerzo no había comido nada. Miré hacia mi lado de la mesa, y lo que quedaba de la cena. Como de costumbre, no había más que bandejas vacías y el gordo estómago de Jingimi balanceándose de un lado a otro mientras escapaba victorioso de otra comida conquistada. Esta vez no andaba de buen humor como para dejarlo ir.
- ¡¡¡JINGIMI!!! -le miré. Me echó una mirada casual y luego siguió
caminando hacia su camita. Mi furia contra Eichi fue redirigida hacia
Jingimi. Usé el poder para levantarlo del suelo y mandar al gato disparado
hacia la otra punta de la habitación.
- ¡MMMIIIIAAAAAUUUUU! -justo antes de golpear la pared se detuvo y grácilmente
bajó hasta el suelo, se notaba la mano de Akane. Yo respiraba con
dificultad mientras Akane me miraba asombrada.
- ¿Te ocurre algo, Kazuya? -preguntó Akane, notando mi ira. No quería hablar
de Miyuki así que escogí a Mai.
- Akane, ¿te acuerdas ayer, cuando nos pusimos a hablar de Mai? -tenía que
preguntárselo de nuevo. Estaba empezando seriamente a dudar lo de Mai.
Además, ¿qué posibilidades hay de que haya otro ESPer justo en mi misma
clase?
- Sí que me acuerdo. ¿Qué pasa? -dijo mientras se limpiaba las manos.
- ¿No piensas que puedes haberte equivocado un poquito?
- Pues en realidad, quería hablarte de eso. El abuelo me enseñó a hacerlo,
a probar si una persona es ESPer. Pero ahora que lo pienso, sólo lo probé
con nuestra familia. Por supuesto, siempre funcionaba, así que asumí que
lo estaba haciendo bien. Pero hoy lo intenté en el centro comercial y
resultó que dos de cada cinco eran ESPers, así que creo que lo estoy haciendo
mal. El abuelo me explicó como hacerlo, pero creo que no aprendí bien.
Intenta aprender tú a hacerlo la próxima vez que le veamos.
- Tienes que estar de broma.
- No, en serio. Aunque sinceramente, todavía creo que hay algo raro en
Mai. Ahora no puedo asegurar nada. Tal vez podamos forzarla a que use sus
poderes, ¡podríamos intentarlo! -al final había caido rodando por los escalones
por una mera suposición.
- Ya lo intenté, pero no resultó.
- Kazuya, nuestra familia es especial, no creo que haya nadie más como
nosotros. Puede que el deseo de no ser los únicos sea tan fuerte que dejamos
volar nuestra imaginación -asentí con aprovación-. ¿O es que como te atrae
Mai, quieres que sea especial?
- Yo... ¡que va! ¡Para nada! -odio cuando Akane se pone así, siempre me
adivina el pensamiento.
- ¿De verdad? -levantó una ceja y posiblemente me hubiera avergonzado más
si no llega a sonar el timbre de la puerta en ese instante. Sabía que era
Miyuki, ella era la única persona que llamaba tres veces seguidas- Yo voy -dijo
Akane mientras caminaba hacia la puerta. Abrí la nevera para pillar algo
para comer, tenía mucha hambre. Mientras me giraba para encarar la puerta,
Miyuki me reventó de un abrazo, mientras yo aún sostenía un muslo de pollo.
- ¡Kazuya! ¡Qué contenta estoy de verte, con el mal día que he tenido! -casi
me había olvidado de lo de la biblioteca. Me preguntaba si llegaría a
contármelo, pero si no, ¿qué era eso importante de lo que tenía que hablarme?
Ella nunca me había escondido nada.
- Yo también -respondí. Comencé a caminar hacia la puerta. Si tenía que decirme
algo, no quería que fuese en presencia de Akane. Miyuki puede que confiase
en Akane, pero seguro que era tan sólo porque no la conocía tan bien como
yo. Además, Akane detendría los planes que tenía reservados para Eichi -. Vamos
a dar una vuelta.
- ¡Me parece genial! ¿Sólos los dos? -preguntó Miyuki.
- Claro, ¿por qué no? -abrí el armario para sacar mi abrigo y me di cuenta
de que Mai aún lo tenía por lo de la noche anterior. Cerré la puerta y salí
afuera donde Miyuki me estaba esperando. Mientras cerraba la puerta, vi que
Akane me miraba señalando su reloj. Reí nervioso y cerré. Akane no iba
a ser capaz de detenerme, pero si se lo contaba a los padres entonces
podría cargármela.
Pronto Miyuki y yo nos encontrábamos paseando por la calle, los dos solos. Un buen momento para los secretos. Decidí preguntárselo.
- ¿Y de qué querías hablarme? -pregunté como quien no quiere la cosa,
tratando de disimular el que estuviese espiando en la biblioteca. Respiró
antes de responder.
- Bueno, recordarás que te dije esta mañana que había recibido otra rosa y
que venía con una nota -ya casi podía adivinar lo que ponía en aquella nota-.
La nota no estaba firmada, pero ponía que me encontrase con él en la biblioteca
a las cuatro.
- ¿En serio? -intenté hacerme el sorprendido. Llegamos a la parte de abajo
de los cien escalones, me sorprendí por lo rápido que habíamos llegado.
Decidido, comencé a subir. Ella me miró.
- Creo que le conoces, es Eichi -mi boca se abrió de la sorpresa, no porque
fuese Eichi sino porque Miyuki me lo estaba contando. Es verdad que no me
guardaba secretos, me sentí mal por no ser yo tan abierto con ella.
- ¿Qué sucedió? -pregunté.
- Me dio otra rosa. No sabía qué hacer, nunca antes había tenido un admirador
secreto. Parece que se sorprendió al ver como te defendí ayer. Me dijo que
nunca antes había visto a una chica como yo y que quería salir conmigo.
- ¡¿Eso hizo?!- sabía que Eichi estaba perdido con todas las cosas que iba
a hacerle.
- Sí, pero yo le dije que ya tenía novio. Dijo que tú eras un debilucho y
no un hombre, y que yo me merecía a un verdadero hombre -yo no recuerdo haber
tratado mal a Eichi, y ahora me sale con que se está entrometiendo en mi
vida.
- Le dije que tú no eras un debilucho, y que mañana averiguaría quien es
el verdadero hombre -dijo esperando mi respuesta.
- ¿Quiere luchar conmigo mañana? -no tenía previsto luchar con él
limpiamente, no era mi estilo.
- No, no. ¿Te has olvidado lo que pasa mañana? -lo único que me vino a la cabeza
es que mañana era jueves. No tenía la menor idea de lo que estaba hablando-
¿Recuerdas el primer día de escuela? -preguntó. Estaba extrañándose de que
yo lo olvidara tan fácilmente y yo me estaba extrañando de no poder
recordarlo.
- No, no tengo idea de lo que hablas -desde lo de ayer ella suponía que yo
no era muy bueno con las adivinanzas.
- Él es el capitán del equipo de wrestling.
- ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
- Te apunté el primer día de escuela, ¿recuerdas? Y mañana te toca luchar
contra él, en tu primer día de practicas.
Se me heló la sangre. Frente a tanta gente, no había forma de poder usar mis poderes. Y sabía que yo era demasiado débil como para combatir con Eichi. No sabía qué hacer, no creo que pudiese escapar esta vez.
Llegamos a la cima de las escaleras y me giré para observar la vista. Toda la ciudad era visible bajo la noche estrellada, estaba lleno de luces. Un suave viento sopló hacia nosotros, parecía como si estuviésemos en el cielo mirando hacia abajo. Como si sólo fuésemos Miyuki y yo, y el resto del mundo estuviese muy lejos.
- Miyuki... -tenía que preguntárselo, quería que al menos una cosa en
mi vida estuviese clara. Me miró a través de la noche y respondió.
- ¿Sí, Kazuya?
- ¿Te... te gusta Eichi? -temía por lo que me podía responder. Después
de todo, ¿qué era yo comparado con alguien tan fuerte y famoso como Eichi?
Miyuki bajó la mirada y sacó algo de su abrigo. Lo sostuvo frente a mí, era la rosa que Eichi le había dado.
- Sólo hay uno... y el nombre de mi rosa es Kazuya.
Alargué la mano y con ella sostuve la rosa. Ella se me acercó y allí nos quedamos los dos un rato, mirándonos, tranquilamente.
Un momento que recordaré para siempre.