KOR2: Another Day. Episodio 5

Episodio 5: Down for the count!

El sol se colaba por entre las rendijas de la ventana de mi habitación, anunciando el amanecer de un nuevo día. Sonidos de risas provenientes del exterior llegaban a mis oidos, parecía que el mundo estaba en estado de paz.

Y yo, Kazuya Kasuga, lo odiaba.

No puedo creer que hoy vaya a combatir con Eichi. Apenas había dormido la última noche y me sentía fatal. No podía sacarme de encima las imágenes de Eichi aplastándome contra la lona. No me suelo llevar bien con el dolor y por supuesto no quería someterme a ello. Después de todo, yo no fui el que lo decidió. Ojalá Miyuki no me pinchase tanto... aunque a lo mejor puedo hacer algo de trampa.

Me vestí y pasé mis dedos por mi pelo mientras bajaba las escaleras. Me colé en la cocina y me senté frente a mi desayuno, sorprendido porque había conseguido llegar antes que el gato. Puede que esto sea un buen presagio.

- Kazuya, te has levantado temprano -dijo Akane al entrar en la cocina.
- Tampoco es que haya podido dormir mucho...
- ¿Por qué? ¿Te preocupa el encuentro de wrestling?

Alzé la mirada sorprendido. No podía creerlo. Por un momento pensé que había podido leerme la mente, algo de lo que estar temeroso.

- ¿Cómo lo has sabido? -puso una sonrisa que decía "pensaste que no lo averiguaría, ¿verdad?".
- Miyuki llamó antes, parecía bastante nerviosa y claro, yo quise saber el por qué -reflexioné acerca de las consecuencias de la intromisión de Akane, podría arruinar las oportunidades que tenía de hacer trampa. Intenté hacer ver que eso no me importaba mucho.
- Ah, bueno, no es que esté preocupado ni nada parecido -dije mientras masticaba lentamente. Akane puso de golpe las manos sobre la mesa y se inclinó sobre mí, su maligna sonrisa permanecía a milímetros de mi cara.
- Sí, claro. La familia entera sabe que eres el flojo mayor del reino y que no sabes ganar una pelea sin usar los poderes.
- ¿Quién, yo? ¿Por qué dices eso? -me hize el inocente como buenamente pude. Y no era muy bueno haciéndolo.
- Que lo sepas, Kazuya. Voy a vigilarte y si te veo usando el más mínimo poder delante de la gente llamaré a nuestros padres.

Bueno, pillo la idea. Hoy no va a ser definitivamente un buen día. Bueno, al menos voy a poder comerme el desayuno, algo es algo. Miré hacia el tazón y saboreé cada bocado.


Entré en la clase del profesor Ishiguro, temprano por vez primera. Esperaba que la mañana no fuese tan mal, al menos no quiero tener al profesor detrás de la oreja. Sólo quería caminar hasta mi pupitre y dar aspecto de estar ocupado. No llegué muy lejos, ya que el profesor me llamó antes de llegar.

- ¡Kazuya! ¡Ven, ven! -el profesor Ishiguro estaba en el centro de la clase con un estudiante que nunca había visto antes, el cual parecía estar bastante nervioso. Nunca he sabido lo que pensar de este hombre.
- ¿Sí, profesor Ishiguro? -dije mientras caminaba hacia ellos. Simplemente me miró con una gran sonrisa en su cara.
- Me gustaría que conocieses a nuestro nuevo estudiante, Takashi -señaló hacia el nuevo mientras Takashi por fin me miró. Era alto y delgado, con el pelo marrón y una mirada definitivamente extraña en la cara. Parecía alguien que no estaba muy cuerdo. Alzó su mano hacia mí.
- Entonces, tú eres ese Kazuya del cual he oído hablar tanto -no me tomé esto como un buen signo, parecía que la mayor parte de la gente no se lleva una buena primera impresión de mí. El profesor Ishiguro nos golpeó a los dos en las espaldas.
- Bueno, os dejaré que hableis -el profesor me dio otra palmada y caminó hacia la puerta, saliendo de su propia clase. Tenía el mal presentimiento de que algo malo estaba planeando. Takashi tenía aún esa sonrisa de maníaco. Intenté devolverle la sonrisa.
- Bueno, Takashi, ¿cómo es que me conoces? -tenía que preguntarlo, no tenía idea de lo que realmente pasaba por su cabeza y tenía miedo de lo que podía leer en su mente.
- Pues acabo de unirme al equipo de wrestling y he estado hablando con el capitán, Eichi.
- Ah, Eichi -me parece que ya había otros planes en marcha.
- Sí, ¿le conoces? Bueno, seguro que sí porque se suponía que yo iba a combatir con él dado que estoy a su nivel, pero pidió que atrasasemos la pelea. Dijo que quería darle a uno nuevo una oportunidad -una oportunidad de qué, ¡¿de ser pulverizado?! Este tío lo que en verdad quiere es matarme.
- ¿Hablas en serio? No tenías que hacer eso. ¿Por qué no combates tú con él? Esta podría ser una buena oportunidad para tí -sabía que tenía que intentar convencer a Takashi para que combatiese.
- Bueno, sí. Ahora que te veo, veo claro que probablemente sólo quiera destruirte. Es muy fuerte, ya lo sabes. Seguro que tú deseas esta oportunidad tanto como yo así que no me meteré en tu camino. Si le vences serás un héroe.
- Pero yo...
- No me lo agradezcas, Kazuya. Sólo quiero hacerte un favor. Y algún día... -la expresión de Takashi se puso seria- ...algún día puede que te pida algo. Recuerda, no olvides lo que estoy haciendo por tí.

El profesor Ishiguro por fin volvió a la clase y llamó la atención de los estudiantes. Continué mirando a Takashi sin tener idea de lo que pensar de él. Seguía con su sonrisa infame.

La clase era igual de aburrida que siempre, pero esta se desarrollaba a una velocidad increiblemente lenta. Pensé en Miyuki y en Mai animándome sólo para al final verme machacado, ese pensamiento estaba matándome. La clase terminó cuando mi mente iba ya por niveles letales. Estaba considerando el hecho de que incluso si las dos chicas me viesen perder, esto sólo es una práctica y quizá nadie esté allí para ver mi humillación.

Comenzé a caminar hacia la puerta, hacia el pasillo abarrotado. De repente, alguien chocó contra mí y yo salí volando en la dirección opuesta. Miré a ver quién había sido y para mi desgracia era Eichi.

- Eh, Kazuya, ¿estás esperando la práctica con tantas ganas como yo? -dijo riendo. Luego me ignoró y continuó caminando pasillo abajo seguido por su corte de admiradoras. ARRGGHH, odio a ese tipo. Entonces me fijé de reojo en Takashi que estaba sacando la combinación de su taquilla. Corrí determinado a convencerle de que se volviese a pensar lo del combate con Eichi.

- ¡Takashi!
- Sí, Kazuya. Me alegro de ver que aún estás vivo.
- ¿Qué? -sus palabras parecían sarcásticas pero la expresión en su cara decía lo contrario. La verdad es que parecía genuinamente feliz de verme.
- Kazuya, con respecto al favor que me debes... ¿puedes prestarme tus deportivos?
- Yo... este... -Takashi por fin abrió su taquilla y me miró. Alargó sus brazos como si tuviera que darle algo.
- ¿Ahora? -asintió Takashi.
- Pero las necesito para clase. ¿Para qué porras las quieres? -Takashi dejó caer la sonrisa y cerró la taquilla. Casi parecía como si fuese a llorar pero entonces se giró dándome la espalda.
- Bien, Kazuya. Ya veré si puedo hacerte más favores -su voz me partió en dos mientras se alejó corriendo de mí.

Me giré hacia el otro lado tratando de olvidar esto. Antes tenía que salir de mi embrollo actual. Caminé por el pasillo en dirección a la próxima clase hasta que oí la voz de Miyuki detrás de mí.

- ¡Kazuya! -la oí gritando desde el final del pasillo mientras corría nerviosa hacia mí. No me importaba, me gustaba el verla correr detras de mí, observando su belleza en movimiento. Esto hizo que algunos chicos giraran sus cabezas. Desafortunadamente, uno de ellos fue Eichi.

- Kazuya, quería hablar contigo y desearte suerte. ¡Estoy segura de que puedes hacerlo! -creo que ella sabía como me sentía. El aspecto de mi cara mostraba que yo no estaba tan nervioso por este asunto, pero me hizo sentirme tan bien como podía en ese momento.

De repente, Hatta galopó hacia mí desde su puesto en el pasillo y nos interrumpió.

- ¡Kazuya, chico! ¡Ya me he enterado de lo tu encuentro de hoy!
- Sí, bueno, parece como si todo el mundo lo supiese ya -se me estaba empezando a formar la imagen de un millón de personas riéndose ante mi derrota.
- Cuantos más mejor, chico, ¡porque voy a convertirte en el maníaco del wrestling! -Hatta puso una mirada que debía ser el resultado de algún sucio plan. Miré a Miyuki pero parecía feliz de ver cómo el instructor Hatta estaba dispuesto a ayudarme.
- Bueno, Kazuya, es hora de ir a clase. ¡Recuerda darle fuerte en el culo de mi parte! -dijo ansiosa Miyuki mientras corría. Me giré al instructor Hatta para que me explicase el plan pero, para mi sorpresa, estaba viendo como Miyuki se alejaba.
- ¡Hatta! -dije, extrañado. Hoy todos estaban tratando de hacerme perder la paciencia.
- Ah, sí. Mi estrategia, he dejado colgado a mi amigo sólo por este evento -dijo, aún sonriéndome. Era esa sonrisa de perversión, y luego carcajeó otra vez, asegurándome de que había algo realmente asqueroso detrás de todo esto.
- ¿A qué vienen ahora estas ganas de ayudarme? -pregunté sospechando.
- Bueno, chico. Tu primo, Kyosuke, sólo tenía a dos chicas detrás de él en esta escuela. Creo que si ganas este combate adquirirás la misma fama que Eichi, ¡y tendrás a todas esas nenas persiguiéndote! ¡Lo que significa que podremos sacar fotos de todas ellas! -no me sorprendió en absoluto el oir aquello, pero ya que ofrecía ayuda, dada mi posición no podía decir que no.
- De acuerdo, acepto tu ayuda -le dije.
- ¡Genial! Sólo tienes que venir al gimnasio después del descanso para almorzar y entrenaremos allí -y con eso volvió a su puesto de monitor substituto de pasillo. Noté lo patéticamente bajo de forma que estaba. Me hizo pensar que tenía que tramar mi propio plan para derrotar a Eichi. Si no podía usar el poder durante el encuentro, entonces tendría que hacerlo antes. Recordé lo que le hize a Ryosuke en la biblioteca. Si Eichi cayese escaleras abajo, tendría que renunciar.

La idea de establecer el resultado antes del encuentro se fijó en mi cabeza, pero si hacía algo Akane podía averiguarlo. ¡No! No podía soportar la vergüenza ante toda la escuela, ahora no podía preocuparme por Akane. Permanecí en el pasillo vacío, sin darme cuenta de que hacía ya unos minutos que había sonado el timbre.

Vi al profesor Ichiguro salir al pasillo como siempre hace para pillar a los estudiantes que no deberían estar allí. Miró en ambas direcciones y luego me miró a mí.

- ¡¡Kazuya!!
- Sí, señor -dije, agitando la cabeza como intentando que no se me fuesen las ideas.
- Normalmente, te detendría por saltarte de esta forma las clases, ¡pero no quiero que te pierdas tu primer gran enfrentamiento! Parece que hoy sólo se habla de eso. Procura no salir herido antes -me echó una sonrisa tal que parecía que estaba esperando verme contra la lona-. Bueno, no te quedes ahí. ¡Vete a clase!
- ¡Oh, sí, señor! -salté al oir su voz y salí disparado hacia mi siguiente clase.


Ahora mi misión estaba clara, no podía permitir bajo ningún concepto el caer frente a la escuela entera. Tendría que hacer lo que mejor se me daba: hacer trampa. Hacer trampa usando mi tesoro más preciado, los poderes.

Me senté en clase de literatura, en la cual los estudiantes pasaban la mayor parte del tiempo charlando más que estudiando. Debido a la popularidad de Eichi, todos sus actos eran plenamente públicos, incluyendo la charla en la que se decía que iba a ser apaleado en la práctica de wrestling de hoy.

Miré al otro extremo de la clase y vi a Mai. Estaba seguro de que ya sabía lo del combate, pero parecía calmada, estaba leyendo un libro. Ella siempre estaba envuelta en un halo de misterio. Tenía que saber lo que pensaba ella de todo este asunto así que caminé hacia ella. Casi todos los estudiantes miraron como caminaba hacia ella e intercambiaron susurros entre ellos.

- Mai... ¿cómo estás? -dije mientras me sentaba el pupitre vacío frente a ella. Mai alzó la vista y cuando se dio cuenta de quien se había sentado delante de ella sonrió. Sus ojos brillaron con un tono gris azulado y su sonrisa, como siempre, ponía mi corazón a cien.
- Bien. Supongo que debería preguntarte lo mismo. Pareces que eres la charla del día.
- No hay buenas perspectivas -suspiré. Ella rió y me volvió a mirar con esa perfecta sonrisa.
- Lo harás bien, Kazuya. Estoy segura -cuando dijo eso, me sentí como si pudiese hacer cualquier cosa. Podría escalar la montaña más alta, correr más rápido que el viento, luchar contra un oso, y sí, ¡contra Eichi! Quizá aún tuviese una oportunidad. Sólo porque él sea más famoso que yo no quiere decir que pueda vencerme.
- Gracias, Mai -me giré hacia el otro lado y di dos pasos antes de que el miedo volviese a mí. Recobré el sentido y me di cuenta de lo idiota que fui al pensar sólo por un segundo que podía ganar. Volví a pensar en el plan para hacer trampa. Sabía que la siguiente clase de Eichi era matemáticas y tenía que subir las escaleras hasta el segundo piso. ¡Ahí será cuando le tenga!


Permanecí cerca del principio de las escaleras, cuando oí que el timbre anunciaba el cambio de clases. Se me ocurrió que tendría que verle la cara antes de que subiese, pero ahora estaba confiado. Estábamos jugando en mi terreno.

Eichi salió corriendo por la puerta en dirección a las escaleras. Pasó junto a mí a cámara lenta, girando la cabeza y mirándome a los ojos. Soltó una risita y luego continuó, ignorándome. Nunca estuve tan furioso.

Vi como subía cada escalón, contando los que quedaban para el final. 12... 11... 10...

- ¡Eh, Kazuya! -dos manos me agarraron de los hombros.
- ¡¿Qué?! -me giré y vi al nuevo, Takashi.
- El entrenador Hatta te está buscando. No estés tan furioso, ¡acepta la derrota como un hombre! El dolor sólo es momentáneo -parecía como si acabase de recitar un poema y luego me sonrió-. ¡Bueno, en marcha!

Entonces me sacó del pasillo y cerró la puerta tras de mí. Allí permanecí atontado mientras me daba cuenta de que Eichi estaba escapando. Salí en tromba por la puerta justo a tiempo de ver a Eichi subir el último escalón y desapareciendo en la segunda planta. Takashi había subido media escalinata, saltando escalones y cantando una extraña canción.

Me sentí tentado de lanzar a Takashi escaleras abajo en venganza pero verle dando saltitos y cantando hizo que me preguntase se estaba bien de la azotea. Al final decidí que no pero eso no cambiaba el hecho de que había arruinado mi plan, dentro de poco iba a sentir mucho dolor. Mi mente se encerró en una imagen de mí mismo cayendo de boca mientras toda escuela se reía. Ya no podía aguantarlo más.

¡¡¡NO PUEDO AGUANTARLO!!!

Me senté en la escalera ahora vacía con la cabeza entre las manos escuchando el eco de la canción de Takashi. Sentí que me tocaban en la cabeza y alzé la vista sólo para ver al profesor Ishiguro mirando hacia mí, disgustado.

- Estás buscando que te detengan, pero no le daré ese placer a ningún gandul. Sal corriendo.

Me metió prisa y cerró la puerta con la forzada voz de Takashi tras ella.


Permanecí en mitad de la lona de prácticas en el enorme y vacío gimnasio. El instructor Hatta me dijo que esperase mientras se preparaba y me quedé sólo.

De repente, todas las luces del gimnasio se apagaron. No había ventanas y las puertas estaban cerradas, estaba completamente a oscuras. Un foco de luz iluminó a una figura solitaria. Le recuerdo ligeramente como uno de los pervertidos amigos de Hatta, el hermano de Komatsu. No había cambiado para nada en todos estos años. Llevaba puesto el smoking blanco más trapero y barato que jamás había visto.

- ¡En esta esquina, tenemos a Kazuya Kasuga! ¡¡Y en la esquina contraria, tenemos al grande, al malvado, al pervertido Burbuja morada!! -lanzó su mano en un gesto hacia el rincón contrario de la lona.

Todas las luces se encendieron de nuevo y vi a Hatta al otro lado de la lona gruñéndome con la cara cubierta de pintura de guerra morada.

- ¡Ven aquí, punky debilucho! -gritó y corrió a por mí.

Estaba asustado de ver a un hombre de su tamaño corriendo a por mí, pero con su velocidad hasta mi gato Jingimi podía escapar de su línea de fuego. Me eché hacia un lado un segundo antes de la colisión y le vi volar fuera del ring y pegársela contra el muro. Su cuerpo se puso tenso y cayó hacia atrás con una expresión distorsionada a lo largo de su cara morada.

Me di cuenta de que mejor me iba a comer algo. Iba a ser un día muy largo.


Cuando sonó la última campana mi corazón se encogió. Ya estaba en el vestuario, ya que mi última clase fue deporte, así que todo lo que tuve que hacer fue esperar. Me tumbé en el banco, respirando pesadamente. ¿Cómo me había metido en este lío?

De repente, la puerta del vestuario se abrió. Era Takashi.

- ¡¿Qué quieres de mí?! -le berreé. Este estudiante me ha estado molestando todo el día y por su culpa tenía que enfrentarme ahora a Eichi.
- ¿Tienes algún problema? -se defendió Takashi.
- Todo esto es por tu culpa. ¿Por qué me dejaste luchar contra Eichi? Mírame, no soy un luchador de wrestling -Takashi se sentó junto a mí.
- Kazuya, tengo fé en tí. Puedes hacer cualquier cosa que tu corazón quiera. De eso se trata el wrestling.

Takashi era definitivamente una persona extraña. Nunca sabía si estaba de mi lado o no. Puse mi cara entre mis manos e intenté olvidar donde estaba. Una campana final sonó para las clases extraacadémicas, mi toque de difuntos.

Takashi se levantó y me dio un toque en el hombro antes de irse. Me levanté y encaré la puerta de salida del vestuario. Abrí la puerta con los ojos cerrados, temía ver una montaña de gente armando jaleo y silbándome al salir por la puerta. Salí, abrí los ojos, y lentamente miré a mi alrededor. Para mi sorpresa, apenas había unas cien personas. Caminé sorprendido por el escaso público hacia el instructor Hatta.

- Pensé que iba a venir la escuela entera.
- No, sólo es una práctica. Normalmente no reunimos a tantos, sólo a las fans de Eichi, las cuales serán pronto tuyas especialmente después del gran calentamiento que hemos tenido -se quedó mirando a todas las chicas mientras sonriendo rodeaba con el brazo al hermano de Komatsu, este era su momento.

Al mirar un poco más encontré por fin a Miyuki y a Mai. Estaban juntas y en la fila de delante estaban Akane y Ryosuke. Akane me echó una mirada de aviso como si necesitase más presión de la que ya tenía. Era lo peor.

Pensé que como presentación no estaba mal, considerando que las fans de Eichi no me abuchearon. Entonces vi la entrada de Eichi y me sentí celoso. Entró por la puerta como si no tuviese ninguna preocupación. Todas las chicas del público estallaron en gritos de ánimo, algunas incluso se desmayaron mientras él las saludaba. Me hizo parecer patético.

Eichi llegó hasta la lona. El instructor Hatta apareció y nos reunió en el centro.

- Bueno, chicos. Sólo quiero que recordeis que esto es una práctica así que con calma, ¿vale? -Hatta me guiñó el ojo como si yo fuese su arma secreta. Eichi parecía totalmente confiado. Nos dimos la mano y hale, era hora de empezar.

- ¿Listos? -preguntó Hatta. Los dos asentimos- ¡Pues ya! -sopló el silbato.

Eichi salió disparado hacia mi cintura y agarró mi cuerpo, levantando todo mi peso y finalmente me estrelló contra la lona. No esperaba que fuese tan rápido, esta más acostumbrado a la técnica en cámara lenta de Hatta. Entre todos los aullidos de las fans de Eichi, apenas pude oir a Miyuki gritando mi nombre.

- ¡Vamos Kazuya! ¡Pelea!

Me sentí renovado. Tenía que hacerlo. Deslizó sus dos brazos bajo los míos por detrás y me giró hacia un lateral derribándome de nuevo. Usé todas mi voluntad para zafarme de su llave, y al final comenzó a funcionar. Me levanté y me solté del agarre de uno de los brazos y me giré para agarrarle por la cintura. ¡Le tenía! Todo lo que tenía que hacer ahora era tirarle. Me liberé el otro brazo, con lo que ahora tenía un mejor agarre de su cintura, con lo que intenté derribarle. En vez de levantarle, yo me caí. Era más fuerte que yo.

Salté hacia atrás. ¡¡Yo podía hacerlo!! Alzé la vista y vi a Hatta animándome.

- ¡Vamos Kazuya! ¡Recuerda a las chicas!

Dimos dos vueltas uno alrededor del otro y nos cruzamos nuestras peores caras. Salió disparado de nuevo hacia mi cintura, pero esta vez reaccioné a tiempo. Tan pronto como me agarró, me incliné y agarré su cintura y le doblé hacia un lateral, haciendo que los dos cayésemos al suelo. ¡Un poco más y ya le tenía! Intenté cogerle de la cabeza, pero cuanto más lo intentaba, más cerca del suelo estaba. Él podía conmigo.

Esta vez oí a Mai gritar:

- ¡Vamos Kazuya, tú puedes hacerlo! ¡¡Tú puedes hacerlo!!

Al oir las voces de Mai y Miyuki me venía de nuevo esa sensación, ¡yo podía hacer cualquier cosa! Luché duramente, esperando que Eichi se quejase ante mi nueva fuerza, pero era inútil. Cuanta más fuerza hacía, más duro se ponía él. Hasta que por fin dio el golpe final cuando me bloqueó los brazos contra la cabeza y estrelló mis hombros contra la lona.

Al instante Hatta se echó al suelo para contar.

- 1...

Entonces oí a Miyuki gritar mi nombre de nuevo. Sonaba casi como si estuviese a punto de llorar. ¡Puedo hacerlo! Luché una vez más con todas mis fuerzas para soltarme.

- 2...

Esta vez no hizo efecto, estaba indefenso. Lo único que me quedaba era el poder. Podía hacer trampa, pero no sería yo mismo. Akane lo sabría y no sería justo para Miyuki. Si tan sólo supiera lo mucho que yo haría por ella...

- 3... -lágrimas fluyeron por los ojos de Hatta mientras se levantaba-. Eichi es el vencedor.

Todas las chicas del público reventaron gritando el nombre de Eichi. Eichi pasó sobre mí e hizo una reverencia. Entonces caminó hasta su bolsa de deporte en el lateral de la lona y sacó una docena de rosas. Le vi caminar hacia Miyuki que estaba perpleja. Mis mejillas se pusieron rojas de la vergüenza. Soy su novio, se suponía que tenía que defenderla.

Eichi se arrodilló presentando las rosas a Miyuki. Todas las chicas se desmayaron ante su romanticismo excepto Miyuki que aún estaba asombrada.

- Son para mi querida Miyuki. Ahora ya sabes quien es el mejor -Miyuki por fin reaccionó. Me miró, dolida y desplomada, y una lágrima se formó en su ojo. La había dejado tirada y ahora no sabía qué hacer. Aplastó las rosas contra el suelo y luego corrió entre la multitud, saliendo del gimnasio. Mi corazón cayó al suelo. Akane y Mai me miraron con pena, y yo me quedé allí como un idiota sin saber lo que hacer.

Eichi reunió lo que quedaba de las rosas y las colocó de vuelta en su bolsa. Me miró y por un momento no vi ninguno de sus rasgos habituales de autoconfianza. La verdad es que parecía dolido.

Para mí que esto ya no iba ni sobre mí ni sobre la chica que me gustase. Por primera vez en mi relación con Miyuki sentí dudas, ella podría perder su interés por mí. Las cosas nunca habían estado peor, me sentí fatal.

Hatta llegó con una cara patética y me ayudó a levantarme. El hermano de Komatsu permanecía a un lado de la lona, se limitó a mirar hacia abajo y luego lloró. Me dirigí recto hacia el vestuario, no quería ver a nadie. Entonces alguien me agarró del hombro y me echó hacia atrás. Me giré y vi a Takashi. Sorprendentemente, su demente sonrisa no me asombró.

- Eh, Kazuya, no te preocupes. Mañana será otro día, ¿verdad? -era la primera vez que me sentó bien lo que tenía que decirme.

Pero el mañana podría traer sus propios problemas. Ahora lo único que había aprendido era que si tienes poderes, úsalos.


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