Shin-KOR: Epílogo

EPÍLOGO

De vuelta al hotel con la vista del puente de la bahía de Yokohama. El jazz al piano que oí una vez en un sueño sonaba suavemente en el fondo. Ayukawa y yo habíamos cenado en Chinatown, había sentido en viento en nuestras caras en el puente de la bahía, y ahora estábamos a punto de nuestro tercer brindis. Igual que en mi sueño, Ayukawa estaba hablando y riendo más de lo normal. Sólo podía haber una razón. Ayukawa estaba nerviosa. Nuestra primera vez juntos se acercaba por fin.

Ayukawa vació su tercera bebida y dijo:

- De todas formas, estoy realmente contenta de que no tengas efectos secundarios del accidente.

Aquellos ojos, conmocionantemente sexys. Para evitar caer en ellos, pedí otra bebida.

Sí, pero nunca se sabe. ¿Y si algunos aparecen en, digamos, tres años?
- Déjalo. No va a suceder nada de eso.
- Nunca se sabe, algunos efectos secundarios podrían aparecer, y de repente podría decidir irme a recorrer algún país extranjero.
- Entonces simplemente tendré que atarte aquí -Ayukawa rió otra vez, y luego-. Me gustaría proponer un brindis por la salud de Kasuga-kun. ¡Kanpai!

Ella tocó mi copa con la suya aún vacía.

Un mes había pasado desde el accidente. Mi cuerpo se recuperó con normalidad, y ahora ya había dejado de volver al hospital cada día por el tratamiento. Ayukawa y yo rehicimos las reservas del hotel que previamente tuvimos que cancelar, y ahora estábamos teniendo nuestra tranquila celebración.

Fue casi exactamente igual que en mi sueño de hace tiempo. La atmósfera del bar, la vista del puente de la bahía, y el hombre negro tocando el piano, estaban todos en mi sueño. Supongo que fue un sueño premonitorio después de todo. Pero por otra parte, me sentía de algún modo distinto.

Todavía no puedo asegurar que el haber ganado el concurso universitario de fotografía el mes pasado fue lo que causará mi desaparición dentro de tres años. Mi yo de aquí a tres años me dijo lo mismo. Todo lo que puedo decir es que una persona no sabe lo que le deparará su vida. Eso va por Hikaru-chan, que se irá a Nueva York por un año, y también por Ayukawa, destinada a ser una famosa compositora. No saben lo que les va a pasar. Sin saberlo, no hacen más que hacer lo posible para que sus sueños se hagan realidad, todos los días. Lo mismo vale para todo el mundo.

- ¿Te pasa algo, Kasuga-kun?
- ¿Mm?
- Pareces tan tranquilo de repente. Supongo que debes haber conocido a alguna chica bonita en el futuro, y estabas pensando en ella ahora mismo.
- ¡No es verdad!

Ella rió. Pero fue un estilo de sonrisa fría que, a decir verdad, me hizo temer un poco. No le había hablado mucho de mi viaje al futuro. Le había dicho cosas como que mi familia se mudaba, y que Hatta se hacía un famoso escritor de cómics eróticos, pero no toqué los temas concernientes a lo que Ayukawa hacía en el futuro, o acerca de encontrarme con Hikaru-chan. Algunas veces Ayukawa preguntaría cosas sobre el futuro, pero yo le diría "no puedo decírtelo, es la política de mi familia ésper".

Ahora Ayukawa dijo:

- De acuerdo, aquí va mi regalo para Kasuga-kun, Parte Uno.

Ayukawa cogió la bebida que había pedido y se levantó. Sabía que iba a tocar mi canción. Me incliné hacia delante, fingiendo sorpresa.

- ¿Parte Uno?
- He escrito una canción para mi valiente y seguro Kasuga-kun.

Ayukawa estaba un poco achispada. Yo animé, "¡Yay, yay!".

Ella escondió la vergüenza que debió haber sentido, y me miró fijamente.

- El título es "Kyosuke #1"

¡Lo sabía! ¡Ese era el título! Ayukawa había escrito esa canción para mí.

Cuando aquella introducción llena de fuerza comenzó, dejé de pensar y me concentré en su canción. Sabía que nos uniríamos por primera vez aquella noche. Su canción era apasionada, llena de emoción. Mi garganta estaba seca, así que me bebí el daikiri congelado de un trago. Un increible calor se esparció desde mi estómago. Justo entonces, como para anunciar el clímax que se acercaba, un barco en la bahía hizo sonar su bocina.


Me había dado una ducha y ahora estaba tumbado en la cama. FEN estaba sonando suavemente, algunas viejas piezas de cuerda americanas. Nunca las había oído antes, pero, ligeramente intoxicado como estaba, creaba un ambiente agradable. Algunas veces, los barcos de la bahía hacían sonar sus bocinas. Los sonidos encajaban con la música de la radio a un ritmo perfecto, casi como en un concierto improvisado. Pero en realidad, incluso aunque estaba bañado por esos sonidos ensoñadores, también oía mi corazón latir nerviosamente en mis oídos.

Podía oir el sonido de la ducha de Ayukawa.

Podía oirla usando el jabón y el champú.

El sonido de su dulce canturreo.

¡Kacha! Ayukawa abrió la puerta del baño. Todos los sonidos de repente abandonaron la habitación, como borrados por el sonido de la puerta abriéndose. Me congelé de miedo entonces. Me senté en la cama y la miré. Ayukawa permanecía a la luz del baño, con una toalla alrededor de ella. Su pelo largo y negro estaba recogido en su espalda, y sus hombros y cuello parecían tan hermosos, tan tersos, que ella no podía haber sido de este mundo.

Ayukawa, por fin averigué quién eras realmente.

Un ángel en una camiseta.

- No me mires así, Kasuga-kun -dijo, con la luz a su alrededor.

Debí estar poniendo una cara increiblemente estúpida. Pero estaba fascinado con ella.

- Vamos, déjalo.

No estaba seguro si esa era la segunda o la tercera vez que me había pedido que dejase de mirarla. Pero ahora su voz me devolvió a la realidad.

- Ayukawa.
- Apágalas, ¿quieres?
- ¿Qué?
- La luz, tonto.

Alcancé con mi mano el interruptor de la luz, pero me desequilibré, y ¡bam! Tiré la lámpara al suelo.

¡Maldición! ¡Menudo torpe estoy hecho!

Ayukawa no podía controlar sus risas.

- Dios, no puedo creer que hicieses eso.

Salí de la cama y puse la lámpara en pie. Pero todavía estaba demasiado acelerado, y no conseguía ponerla bien.

- ¡Maldita seas, lámpara!

Por fin conseguí apagar la luz, y la habitación se llenó al instante de oscuridad. Ayukawa debió haber apagado la luz del baño cuando no estaba prestando atención. De repente Ayukawa estaba detrás de mi.

Ayukawa.

Me giré lentamente hacia ella. En la oscuridad, podía ver su cuerpo, envuelto en la toalla blanca. La única luz que entraba era la de la ventana, pero podía verla con claridad, como si su cuerpo estuviese emitiendo algún tipo de luminiscencia.

- Recordaré el que hayas tirado la lámpara al suelo durante el resto de mi vida -me miró y sonrió-. Pero el ser torpe es parte del Kyosuke Kasuga que he llegado a amar.
- ¡Dame un respiro!

Nos reimos como dos niños escondiéndonos de nuestros padres en algún lugar secreto. Ayukawa puso una cara seria.

- Kasuga-kun.
- ¿Mm?
- ¿Daré a luz a un niño ésper?
- ¿Qué?

Rápidamente alcancé la caja de clínex. Durante años he estado leyendo artículos de "sayonara, virginidad" en las revistas de chicos, y decían que en algunos hoteles ponen condones cerca de los clínex. Pero...

- ¡No está aquí! -no quería decirlo en voz alta.
- ¿El qué? ¿Qué estás buscando?
- ¿Huh? Bueno, me has preguntado si vamos a tener un niño con súper poderes. Es un poco pronto para eso, ya sabes lo que quiero decir.
- ¡Baka! No seas tan tonto.
- ¿Eh?
- Esta noche es una noche segura.

Mis ojos debían haberse convertido en pequeños puntitos, con mi boca abierta como si no estuviese consiguiendo suficiente oxígeno.

- No puedo creerte, Kasuga-kun. Sólo preguntaba si, algún día, tendríamos chicos éspers. No me refería a esta noche. ¡Pervertido!

Ahora Ayukawa se inclinó mientras reía. No sabía si reía a causa de mi torpeza, o por el alcohol en su cuerpo, pero su gesto era increiblemente hermoso. Parecía como un pájaro libre. Moví mi mano hacia ella y puse su cabeza entre mis brazos, entonces con una fuerza que me sorprendió hasta a mí conseguí acercármela.

- Kasuga-kun.
- Ayukawa.

Me invadió un misterioso poder, que me sorprendió. Me dio la autoconfianza suficiente para mirar directamente hacia los ojos de Ayukawa cuando normalmente estaría temblando.

- Me siento raro -le dije-. Como un troglodita. Siento que quiero conquistarte, tomarte.
- K-Kasuga-kun.
- No me tomes a mal. Tengo tus sentimientos también en cuenta. Pero me siento que podría dejarlo todo y simplemente tomarte. Te amo, Ayukawa.
- ......
- Lo suficiente para gritar. Te amo tanto, no puedo evitarlo. Te quiero mucho, no sabía... no sabía que era semejante bárbaro. Oh, Ayukawa.

Justo entonces un barco en la lejanía hizo sonar su bocina. Me dí cuenta de que la sesión de cuerda todavía sonaba en la FEN. Como tratando de calmar el desenfreno que se había apoderado de mí, me concentré en la melodía. Pero era inútil.

Ayukawa, me he portado como un niño. Un niño que quiere lo que está frente a él. Ayukawa me miraba. Sus ojos parecían distantes. Esos ojos me miraban, pero era como si su mirada me atravesase, mirando a un punto más lejano.

- No suena bien, ¿verdad? -dijo Ayukawa.
- ¿No suena bien? ¿Qué no suena bien?
- Que a estas alturas me llames 'Ayukawa, Ayukawa'.

Como si de repente me liberase de algún hechizo, le quité la toalla a Ayukawa por la fuerza. Consintiéndolo, mi ángel soltó un pequeño ruido en la oscuridad. No me pararía. Furiosamente hundí mi cara en la suavidad y la tersura frente a mí. Entonces, como para justificar mis acciones, llamé su nombre una y otra vez.

¡Madoka! ¡Madoka!

¡Así que fue entonces cuando comencé a llamar a Ayukawa por su nombre!


Al día siguiente, Madoka recibió la primera postal de Hikaru-chan en Hokkaido. Era una postal del famoso Templo Tropistina. La mitad de la postal era un autoretrato de Hikaru. Bueno, ¿cómo estás? Siento no haberte escrito en tanto tiempo, y esa clase de cosas. Al final había escrito "cuando me gradúe en este instituto, planeo irme a Nueva York".

Cuando leí esas palabras, recordé algo que mi yo de veintidós años me había dicho, tres años en el futuro. Principios de verano. Era un verano, justo como el verano en el que Madoka, Hikaru-chan y yo dejamos de ser "tres amigos" y cambiamos. ¿Volverá ese peligroso triángulo?

¿Fue esa chispa provocada por mi, Kyosuke Kasuga de diecinueve años?

Verano de 1994.

Me sentí como en aquel otro lejano verano.

Principios de verano de 1994.



FIN


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