¿El futuro?
Pero no tenía forma de preguntarle a Ojiichan lo que había querido decir.
Salí de aquel mundo de luz, y caí a través de un espacio lleno de colores que cambiaban a mi alrededor. Estaba volando por otras dimensiones. Ojiichan dijo que me había mandado al futuro, pero creo que se equivocaba. Estaba muerto, y estaba cayendo hacia el cielo. Como para demostrar mi veracidad, me encontré suavemente tumbado sobre una nube, con los ángeles a mi alrededor.
Pero en realidad, no era una nube, era un arbusto de espinos.
- ¡Ouch!
Me di de cabeza contra el suelo, y entonces me dí cuenta de que no estaba entre ángeles.
- ¿Qué sitio es éste? -dije.
Este sitio me sonaba muchísimo. Estaba en la parte de abajo de los Cien Escalones.
¿Pero por qué estaba allí?
Me sentí un poco como perdido cuando miré a los interminables escalones. Si subes hasta la cima, hay un pequeño parquecillo, y más allá, el edificio donde vive mi familia. Estaba aquí cuando conocí por primera vez a Ayukawa. Recuerdo bien aquel día. Me acababa de mudar a esta zona.
Estaba volviendo de recoger la placa con los nombres para nuestro nuevo apartamento, y subí estas escaleras, contando: "ichi, ni...". Cuando estaba cerca de la cima, divisé un OVNI rojo brillante volando sobre mí. Pero no era un OVNI. Sino un sombrero de paja rojo que Madoka Ayukawa había lanzado al aire por diversión.
Yo salté y atrapé el sombrero.
- ¡Lo tengo!
Sobre mí, oí su voz.
- ¡Bravo!
Era la primera vez que veía a Madoka Ayukawa.
- Con este viento se fue volando. ¡Qué suerte! Pensé que iba a llegar hasta abajo del todo.
Estoy seguro de que estaba poniendo la cara más estúpida posible. Todo lo que podía hacer era reir despreocupadamente, mientras caía en la cuenta de su larga melena negra, sus profundos ojos, sus labios suaves y sensuales, ese aspecto que sólo puede ser denominado sexy.
- Y sería un rollo, con tantas escaleras...
- Ss... sí... tantas...
¡Vaya frase estúpida! ¡Baka!
- Con los noventa y nueve peldaños que hay...
- ¿Sí? Ehh... -seguí con mi cuenta, llegando hasta la cima-. Noventa y siete,
noventa y ocho, noventa y nueve, ¡cien!
- ¡No es verdad! -dijo-. ¡Seguro que sólo hay noventa y nueve!
- Pero... ¡si las he contado todas desde abajo!
- ¡No puede ser! Cuando yo las conté, sólo había noventa y nueve peldaños
-ahora estaba picada, y parecía aún más hermosa. Luché para calmarme a mí
mismo.
- ¿No habrás contado mal? -pregunté.
- ¿No serás tú quien ha contado mal?
- Noooo. Hay cien justos.
- ¡Noventa y nueve!
- ¡Cien!
- ¡Noventa y nueve!
Siempre me han dicho que he sido muy pasivo desde que era pequeño, pero justo entonces, tuve una buena idea.
- Bueno... tengo una idea. Hagamos un entremedio. Noventa y nueve peldaños y medio.
Ayukawa pareció sorprendida un momento, y entonces rió con esa voz dulce que tiene.
Ayukawa.
Pero yo no tenía tiempo ahora para sentarme a rebuscar en los recuerdos. Había averiguado donde estaba, pero ahora tenía que averiguar el cuando, y lo que le ha ocurrido a mi cuerpo en esta época. Sé que oí a Ojiichan decir "¡Oh, no, le he enviado al futuro!".
Pero si eso es cierto... Y si yo morí entonces. Eso significa que yo no existo en el futuro. ¿Entonces qué soy? ¿Un fantasma?
Entonces fue cuando me dí cuenta de algo extraño. Aunque se suponía que yo era sólo un espíritu, ahora poseía un cuerpo.
"Poseer" es una forma algo extraña de decirlo, pero yo estaba ahí, cuerpo incluido. Y mi cabeza, con la que aterrizé abajo de las escaleras, todavía me dolía.
Estando allí confuso no iba a solucionar nada, así que me dirigí a casa. El edificio de apartamentos parecía un poco mayor de lo que recordaba, pero el resto estaba igual. Pero cuando empecé a entrar en el edificio, miré en la placa de la entrada, y en seguida me eché a temblar. El nombre Kasuga ya no estaba en la 307.
Quizá cambiaron de apartamento. Quizá era eso. Miré por las otras plantas, pero el nombre Kasuga no estaba allí.
Hubo más. Miré en la fecha del tablón de anuncios, usados para avisar a los inquilinos de encuentros, reuniones, etc, y aluciné.
¡La fecha era 23 de julio de 1994!
¿1994? ¡Eso son tres años en el futuro!
Tres años. Y ahora mi familia se ha mudado de este edificio. Quizá por culpa de papá y su reciente interés por sus problemas sociales. Vivíamos bien mientras él era un paisajista, ¿pero quizá fue asesinado mientras estaba en el extranjero? ¿Y Kurumi y Manami se vieron forzadas a mudarse incapaces de pagar el alquiler?
Pero no era tiempo ni lugar para mí el hacerme preguntas al azar como esa. ¿Estaba todavía vivo en el mundo de hace tres años? ¿Qué hay de Manami? ¿Kurumi? ¿Y qué hay de Ayukawa...? Me dí cuenta y empezó a entrarme el pánico. De todas formas, así es como me encuentro en el mundo del futuro, buscándome a mí mismo.
- ¿Qué? ¿1994? -preguntó Ayukawa a Ojiichan.
- Sí, probablemente.
- Espera un minuto, Ojiichan -dijo Manami-. ¡'Probablemente' no es lo
bastante bueno!"
- Sí -dijo Kurumi-. Dijiste "¡Oh, no!" cuando enviaste el espíritu de
Oniichan al futuro.
Ojiichan estaba confuso.
- Lo siento, lo hice al revés.
- ¡¿Al revés?! -exclamaron las gemelas.
No había garantía de que Kyosuke estuviese vivo en el fututo. Si su cuerpo frente a ellos muriese, entonces su espíritu desaparecería, incluso si ha sido enviado al futuro.
Pero justo entonces, el cuerpo de Kyosuke, tumbado en la cama, soltó un pequeño quejido, como para parar la discusión que había comenzado en torno a él.
- ¡Kasuga-kun! ¡Kasuga-kun! -Madoka se aferró fuertemente a su mano-. ¡No está muerto, no lo está! Miradle respirar. ¡Su cuerpo no está muerto! ¿Cómo podeis decir que su alma ha abandonado su cuerpo?
Madoka se tragó el resto de sus palabras. Incluso si el espíritu ha desaparecido, no se puede estar seguro de que el cuerpo siga aguantando y muera inmediatamente. Podría haber un cierto retraso de tiempo, para que más tarde, el cuerpo fallezca.
- Eh, Ojiichan, Kyosuke-niichan parece peor que antes -dijo Kazuya.
- ¡Kazuya! -le siseó Manami- ¡Qué estás diciendo!
- Es cierto, Kazuya. Se supone que no debes decir cosas como esa,
aunque sean verdad -dijo Akane, dándole un golpe a su hermano en la cabeza.
- ¡No os ireis los dos a pelear aquí! -dijo Ojiichan- Escuchadme todos.
Es cierto que ahora Kyosuke parece peor que antes. Pero no hay nada que
podamos hacer: su alma no está aquí.
- ¿Así que estás diciendo que el Kyosuke frente a nosotros no es más
que una masa de carne rota? -preguntó Manami.
- Correcto. ¿Verdad, Baasan?
El abuelo de Kyosuke buscó la aceptación de su esposa como en otras muchas ocasiones. Pero ella estaba en su silla, durmiendo sonoramente, ajena al follón que sus nietos estaban armando.
- No puedo creerlo -y con eso, el Kasuga más anciano en vida soltó un gran suspiro.
Pero Madoka Ayukawa sintió el poder de la familia Kasuga. Habló para sí misma, como en un rezo.
Está bien.
Volverás con nosotros, sé que lo harás, Kasuga-kun.
Porque tú... eres un superhombre.
Sin conocer los sucesos en la habitación del hospital hace tres años, me encontré enfrente del ABCB. Pensé que el Máster estaría dispuesto a oir lo que tengo que decir, y me ayudase. Tenía que averiguar tantas cosas acerca de este periodo de tiempo, incluido si yo estaba o no estaba vivo. También acerca del paradero de Ayukawa.
Si yo estaba muerto, entonces Ayukawa tendría veintidós años. Es incluso posible que esté saliendo con otro que no sea yo. Eso me dolería aún más que estar muerto.
Asaltado de repente por la preocupación, me acerqué a la ventana y miré dentro. En el mostrador había una chica que no había visto antes, descansando su cabeza entre sus manos. Llevada el delantal del ABCB. Debe ser una trabajadora a media jornada. Así que ahora el Máster está fuera. Reuní mi valor y abrí la puerta.
Era aparentemente una de esas chicas creídas, con un poco de excesivo maquillaje. Me miró a los ojos con los suyos que parecían medio dormidos. Algo en ella no parecía encajar con la atmósfera del ABCB muy bien. Pero entonces, el sitio estaba bastante desordenado. ¿Era posible que un sitio pillase tanta suciedad en sólo tres años? No había más clientes junto a mí.
- ¿Dónde está el Máster? -dije.
- Oh, ¿eres un amigo suyo? Probablemente todavía esté jugando al
pachinko.
¿Pachinko?
En los pasados tres años, la atmósfera del kissaten no era lo único que había cambiado. Cuando el salón de pachinko frente a la estación abrió, recuerdo que el Máster me dijo "Eso es terrible. Ahora el refinado sabor y la cultura de esta zona va a ser barrido por una sala de juegos".
Bueno, no podía hacer nada al respecto. Ahora no es hora de preocuparme por los hobbies del Máster.
- Ponme un café expreso -dije, sentándome. Pero ella me respondió:
- ¿Qué es eso?
Ahora me tocaba a mí sorprenderme. Pero mientras miraba, no pude ver la máquina de café. Supongo que debe haber renunciado a ella.
- Bueno, tomaré café.
- Marchando -respondió. Virtió un poco de café de una cafetera en una
pequeña cazuela y la calentó. Estaba sorprendido. El Máster siempre había
insistido en servir el café recién hecho. "El café debe ser hecho cada
vez en una taza", había dicho siempre.
Cada vez estaba más preocupado.
A menudo oyes que la gente puede cambiar con facilidad, pero yo dudaba. ¿Podría el Máster cambiar no sólo sus gustos y sus intereses, sino también su personalidad, en sólo tres años? Si es así, ¿se alegrará de verme?
- Aquí tiene. Tan caliente que podría matarte -puso el café frente a
mí. Estaba tan caliente como decía.
- Gracias. Por cierto, ¿el Máster todavía lleva barba? -antes de que
le encuentre, quería saber algunas cosas acerca de él.
- Claro que sí. Bastante poblada.
- ¿Poblada?
Estaba confuso. El Máster llevaba bigote y barba hace tres años, pero yo no las llamaría exactamente pobladas.
- Ya veo -dije-. Todavía la lleva.
- Supongo que no le has visto durante un tiempo.
- Sí, en realidad, tres años.
- ¿Tres años? Qué raro. Él ha estado así un tiempo.
- ¿Así como?
- Ya sabes. Cuchi cuchi cu -sacó un poco la barbilla y meneó la
cabeza de un lado para otro.
- ¿Eso qué es?
- Bueno, con chicas de media jornada como yo, le gusta frotarse la
barba contra mi cogote mientras estoy lavando los platos.
Pensé que iba a tirar el café que acababa de empezar a beberme.
- ¿El Máster hizo eso?
- Claro. Hace un mes que empezé aquí, y ahora ya estoy acostumbrada.
No me importa si al Máster le da por jugar al pachinko o cambia su forma de hacer el café, ¡pero no hay motivo por el que deba aprovecharse de las chicas con las que trabaja de esa forma! Pensé que si el Máster había cambiado tanto, entonces no estaría dispuesto a ayudarme en mi situación actual. Mi incomodidad estaba dando paso a la ira.
Justo entonces, la puerta se abrió detrás mía. La chica de media jornada dijo "Ah, Máster".
¿Máster?
Admito que soy normalmente indeciso. Pero lo que tenemos la sangre Kasuga en nuestras venas intentamos tener el sentido de lo que está bien y está mal el doble de fuerte que la mayoría de las personas. Más aún, el Máster es como un hermano mayor para Ayukawa. No sé en qué tipo de problemas se ha metido el Máster en los últimos tres años, ¡pero no hay razón para que vayas haciéndole cosquillas a las chicas que trabajan para tí en el cogote!
Incapaz de aguantar más, golpeé mi taza de café contra el mostrador con un gran ruido y me giré.
- ¡Me avergüenzo de tí, Máster, poniéndole las manos encima a los empleados así!
La persona a la que le grité dijo "¿Huh?" y retrocedió hacia la puerta. Era más o menos un hombre mayor, un hombre totalmente diferente del Máster que conocía.
Averigué que los derechos del ABCB habían sido vendidos a este hombre, vajilla, arreglos y todo. Dijo que era propio de los propietarios de cafeterías hacerlo cuando quieren salir del negocio. No podía imaginarme lo que le había pasado al Máster como para querer venderla. Pero según ese anciano, él le había comprado la tienda hace un año y medio, y nunca más volvió a ver al Máster directamente.
Incliné mi cabeza y me disculpé al propietario por haberle gritado mientras la chica se reía. Si hubiese habido un agujero, habría metido la cabeza en él. Después de escuchar lo que el anciando me dijo, pagué el café y me fui.
No sabía donde estaba el Máster. Eso no significaba que nadie lo supiese. Pero no tenía valor para preguntarle a la chica de los cigarrillos o al propietario de la tienda de ramen donde iba siempre el Máster. Supongo que en esta época debo estar muerto.
Miré arriba. Sin darme cuenta, había vuelto a la estación.
Un paso elevado ahora se alzaba sobre la intersección donde había sido atropellado hace tres años. Era casi como si el paso elevado hubiese sido contruído a partir de mi accidente, y me divirtió por algún motivo.
Una suave brisa sopló, provocándome una sensación agradable. Empecé a subir los escalones del paso elevado, contando los escalones mientras subía.
- Ichi, ni, san...
Mis pies tocaban los escalones, uno cada vez. ¿Así que estoy muerto en este periodo? ¿Sólo soy un espíritu, flotando en el tiempo?
- Nijuu-go, nijuu-roku...
Mientras llegaba al último escalón, oí una voz sobre mí. Me llenó de recuerdos de alguna forma.
- ¡Nijuu-nana! ¡Veintisiente!
Miré hacia arriba lentamente, y al instante siguiente, memorias agridulces fluyeron hacia mí.
Sobre mí en el paso elevado había una mujer, con la cara todavía mostrando rasgos de la juventud. Estaba recibiendo la suave brisa de comienzos del verano. No, no era una niña, era una mujer. Si yo no hubiese tenido cientos de recuerdos de esa cara en sus años más jóvenes encerrados en mi memoria, podría haber pensado que era una mujer atractiva, un poco mayor que yo.
Era Hikaru-chan.
Solté el aliento que me di cuenta que había estado sosteniendo, y dije su nombre.
- ¡Hikaru-chan!
Ella se giró y dijo al instante.
- ¡Gosh, no puedo creerlo, es Kasuga-senpai! ¡Nunca pensé que me encontraría aquí contigo!
Su pelo le bajaba un poco de los hombros, igualado. Su vestido salmón rosado encajaba muy bien con su pelo marrón rojizo. Me alegra mucho ver que ha crecido en estos tres años... tres años y medio, y de haberla encontrado.
- Hikaru-chan... estás... estás más alta.
¡Baka! ¡Vaya frase más estúpida!
Hikaru-chan me miró con cara de sorpresa y dijo:
- No, no he crecido, senpai. Ya sabes, han pasado unos tres años desde que nos vimos por última vez.
Miré avergonzado.
Ella rió, con la boca abierta como una 'o', como siempre solía hacer. Como siempre solía hacer, cuando éramos tres amigos, juntos todo el tiempo.
- ¿Qué hay de tí? -continuó-. No puedo creerlo. No has cambiado nada, realmente. Parece que estés todavía en el instituto.
Tenía razón. Era mi yo de 19 años, pero Hikaru-chan tenía ahora 20 años, un año mayor que yo.
- Bueno, sabes que dicen que los hombres maduran más despacio que las
mujeres -dije, intentando cambiar el tema-. Por eso parezo tan joven. Um,
¿has venido desde Hokkaido?
- No, senpai. Ahora vivo en Nueva York.
- ¿Nueva York?
- Síp. Bastante guay, ¿no?
- Ah, sí, es cierto. Ahora que lo mencionas, el Máster dijo algo acerca
de eso. Después de que te graduases en Otaru, querías ir allí.
- ¿Yo dije eso? No recuerdo haberlo dicho. ¿Sabes cuando
fue?
- ¿Hm? -dije rápidamente-. Um, no. No puedo recordarlo. Pero si
vives en Nueva York, ¿qué estás...?
Fuí interrumpido por su "campanita de bolsillo" sonando. Hikaru-chan se descolgó su bolsa de viaje y miró el número de la persona que la había llamado. Por un momento, su cara se nubló con la emoción.
- Gosh, justo cuando estaba hablando con un viejo amigo -dijo-. ¿Puedes
esperar un segundo?
- Ah, claro. No tengo nada que hacer ahora mismo, de todas formas.
Hikaru-chan me envió una rápida sonrisa, y corrió escaleras abajo del paso elevado hacia una cabina de teléfono. Contemplé su silueta alejándose. Probablemente estaría dando clases de baile en Nueva York. Parecía como si Hikaru-chan, una vez tan pequeña y delgada, se hubiese hecho más grande y atrevida en los últimos tres años. A decir toda la verdad, el cuerpo de Hikaru-chan parecía llenar su vestido de una pieza más de lo que lo habría hecho antes. Me llamaba mucho la atención. Por un momento, olvidé mi misión actual.
Hikaru Hiyama entró en la cabina y suspiró. Era algo que siempre hacía antes de salir a escena para tranquilizarse.
Yo no estaba preparada para aquello, toparme con darling, no, quiero decir, Kyosuke-senpai, de esa forma en la calle.
Hikaru había previsto que podría encontrarse con Kyosuke o Madoka por casualidad mientras regresaba a Tokyo. Incluso lo esperaba, desde lo más profundo de su ser. Pero había sido tan repentino, que ahora su corazón estaba galopando.
Me había prometido a mí misma antes que, si volvía a encontrarme con senpai otra vez, sería una mujer crecida y con estilo. Pero en realidad sólo soy una tonta estúpida. Dejando escapar palabras infantiles como aquella. Gosh, no puedo creerlo, ¡es Kasuga-senpai! Él nunca pensará que yo he crecido, hablando así.
Hikaru suspiró otra vez, y comenzó a marcar el número que marcaba el busca. Para colmo de males, el hombre que había interrumpido su conversación con senpai era la peor escoria de la Tierra.
Ahora le estaría regañando.
Esto es Tokyo. Donde nací y donde crecí. ¡No creo que puedas tratarme como lo hiciste cuando fui por primera vez a Nueva York!
Hikaru fue allí justo después de graduarse en el instituto, declarando a la oficina de inmigración de los U.S. su permanencia como estudiante de inglés por un año.
Durante los primeros tres meses, dio clases en ESL (English as a Second Language), un programa de inglés principalmente para personas con otras lenguas maternas. Ella se había ido a estudiar danza, pero los estudiantes sin habilidad con el inglés no podían obtener el pase para estudiar en las escuelas de danza.
Para su sorpresa, el noventa por ciento de los estudiantes de las clases ESL eran japoneses. Lo que es más, realmente no estaban interesados en estudiar inglés ni tan siquiera en establecer intercambios con americanos mientras estaban bajo el ala protectora de sus padres, sino que en cambio se reunían juntos en hordas con otros japoneses. Enfrentándose con la soledad y la indefensión de vivir por su cuenta en un país extranjero, Hikaru pasó un poco de su tiempo con estas gentes, pero entonces decidió cambiar de escuela y empezar de nuevo.
Entonces fue cuando conoció a Sugizawa, un trabajador japonés a tiempo parcial en una pequeña agencia de viajes en Greenwich Village. Suzigawa se acababa de graduar en una Universidad de Nueva York, y aspiraba a trabajar como bailarín. Era un deportista, con un cuerpo atlético, cuyos blancos dientes impresionaron a Hikaru al instante.
En la villa había muchas casas "fuera de Broadway" que presentaban pequeñas obras y musicales. Sugizawa apareció en tales casas ocasionalmente, y así, de algún modo, fue bien conocido en la villa.
Sugizawa impresionó a Hikaru más con su fluido inglés y su extenso
conocimiento de la villa. Ella ya había hecho muchos progresos con sus
estudios del inglés. Los dos iban juntos a muchas obras y musicales "fuera
de Broadway", y con rapidez los dos fueron intimando. En una otoñal noche
de Halloween, en la habitación de Sugizawa sobre el río Hudson, los
dos se unieron.
Era la primera vez para Hikaru.
Pero más tarde, él pronto se hizo inflexible para Hikaru. Comenzó por completo a monopolizarla. Comenzó a preguntarle por cada detalle de su agenda del día, y siempre iba a recogerla cuando terminaba. Al principio, Hikaru consideró sus acciones como una expresión de su afecto hacia ella, pero gradualmente pasó a ser demasiado.
La víspera de Año Nuevo, Hikaru fue invitada a una fiesta particular en casa de su instructor. Era la primera vez que era invitada a semejante evento. Hikaru disfrutó de la fiesta, e intentó hacer uso de su inglés. Fuera, la nieve había empezado a caer. Temprano por la mañana, la fiesta por fin terminó, y el instructor dijo que la acompañaría a todos a sus casas. En Nueva York con su alto índice de criminalidad, esto no es inusual.
Pero cuando Hikaru salió, el Corvette de Sugizawa la estaba esperando, cubierto de nieve. Entonces fue cuando se dio cuenta de que sus sentimientos por Sugizawa habían empezado a decaer.
- ¡Déjame hacer lo que me plazca! -le había dicho, y por un instante los ojos de él se llenaron de sorpresa. Ella no volvió a su casa después de esto.
Sugizawa la llamó muchas veces, pero ella dejaba que el contestador respondiese por ella. Un día, después de volver de las clases de danza, Hikaru oyó el siguiente mensaje lleno de lágrimas en el contestador.
"Siempre es así. Cuando me permito el amar a alguien, termina así, cuanto más la amo, más acabo dañándola, y al final, resulta que no estaba enamorado de ella, sino enamorado de mí mismo."
Sus palabras no eran más que palabras después de todo. Sugizawa dijo que iba a volver a Tokyo al día siguiente. Hikaru no tenía nada que perdonarle a Sugizawa. Pero después de oir su voz, un recuerdo que ella había estado intentando olvidar durante mucho tiempo de repente resurgió.
Fue igual que aquel verano.
Cuando no podía pensar más que en Kasuga-senpai. Kasuga-senpai, estudiando tanto para el examen de acceso a la Universidad. Y yo persiguiéndole, pegada a él. Justo lo mismo que Sugizawa hacía conmigo.
Al día siguiente, Hikaru fue al aeropuerto a ver marcharse a Sugizawa. Él se alegró. Le dio su dirección de Tokyo, y la pidió que fuese a visitarle cuando volviese a Japón.
Hikaru aceptó, pero tan pronto como el avión despegó, ella lanzó el papel que le había dado a la papelera. Justo entonces, la cara de Kyosuke volvió a ella. Ella sabía el porqué.
- ¿Hola? -dijo ahora al teléfono.
Tan pronto como habló, la voz de Sugizawa apareció al otro lado.
- ¿Hikaru? Eres tú, ¿verdad? ¿Cuándo has vuelto a Japón? ¿Por qué no me diste el número de tu vuelo? ¿Y qué hay del hotel? ¿Dónde estás? ¿Voy a recogerte?
Hikaru no tenía intención de visitar a sus padres en Otaru. Ella le había pedido a una amiga que conoció en Nueva York que hiciese las reservas por ella. Aquella amiga debía haberle contado a Sugizawa que Hikaru iba a volver a Japón, y le dio el número del busca, pensando que le sería útil.
Hikaru esperó a que la primera ráfaga de preguntas cesase, y dijo:
- ¿Podrías repetirme todo eso otra vez, Sugizawa-san? Has hecho demasiadas preguntas, no podría responderlas a todas sin escribirlas.
Hikaru estaba triste de escuchar tal amargura y cinismo salir por su boca.
- ¿Qué? ¿Una audición para un musical? -dije, sorprendido.
Hikaru-chan había vuelto corriendo a lo alto del paso elevado donde la había esperado hasta que terminó de hablar, y me dijo la razón por la que volvió a Japón. Tenía una audición para un musical.
- Sí -dijo-, y es también una gran producción. Una amiga que hice
mientras estaba en Nueva York me llamó para decirmelo.
- Guau, es realmente genial -dije.
- No, no es nada -dijo, y rió un poco-. Sólo voy a la audición inicial,
todavía no he pasado nada. Mi instructor en Nueva York me dice siempre,
Hikaru, no eres demasiado buena todavía como para conseguir un buen papel
aún. Pero piensa que es una buena idea que intente ensayar en Tokyo lo
que he aprendido en Nueva York.
- Es genial. Él te habla en inglés entonces, supongo.
Esto produjo más tímidas risas, y cerró sus pequeños puños como pretendiendo pegarme. Algunas personas que pasaban por el paso elevado nos miraron.
- Hikaru-chan.
Hikaru era la niña inocente de siempre. Tan llena de luz y energía.
Algunos se nos acercaron en el puente, y me acerqué a Hikaru para dejarles pasar. Cuando lo hice, el claro olor de su agua de colonia me golpeó. Me aparté.
Intenté cambiar el tema.
- Bueno, ¿dónde estás alojada? Quiero decir, tus padres todavía
están en Hokkaido, ¿verdad? Oh, en un hotel. Espera un minuto, ¿hay
algún hotel por aquí?
- No, el hotel está cerca de la casa de la chica que me dijo lo de la
audición. Ella va a la audición conmigo. Me ofreció quedarme con ella, pero
como en el fondo éramos rivales, decidí ir a otro sitio.
- Guau, es genial -dije.
- Oh, no, ahí vas otra vez, diciendo lo genial que soy -Hikaru rió-. Mi
amiga me dio su busca, para que pudiese contactar conmigo su algo
sucedía.
- Ya veo. Así que era con ella con la que estabas hablando antes.
- Senpai -sonrió Hikaru-, ¿creiste que estaba hablando con un hombre
o algo así?
- ¿Yo? Bueno, yo...
Diste en el clavo, Hikaru-chan. No estado pensando en otra cosa en los últimos pocos minutos.
Hikaru-chan rió, y continuó.
- Volví a la vieja barriada como un favor a mi madre. Ella me dijo, si no puedes venir a visitarnos a Otaru, al menos ve a donde vivíamos antes para saludar a todo el mundo. ¿Puedes creer que ha mantenido contacto con todos los del vecindario estos tres años?
Me sentí mal. Ayukawa y yo no habíamos siquiera intentado mantener contacto con Hikaru-chan. Encontrármela por casualidad así hizo que me sintiese como cuando te echan un cubo de agua fría sobre la cabeza.
- Bueno, supongo que será mejor que vuelva.
- Oh, bueno, yo también -dije. Después de hablar, pensé, ¿y a dónde tengo
que ir?
Hikaru-chan me miraba extrañada.
- Um, senpai, ¿estás seguro de que estás bien?
- ¿Hm?
- Bueno, parece que te invadan los recuerdos de repente.
- Estoy bien, supongo.
Pero estaba sintiendome como alegre otra vez. Hikaru-chan estaba bien. Debo haberme cansado, paseando y pensando demasiado. Pensé en contárselo todo a Hikaru-chan.
Pero no, no podía hacer eso. Era probablemente hasta bueno que no haya mantenido contacto con Hikaru-chan en estos tres años, para que ella no pensase que algo iba mal si yo realmente estaba muerto en este tiempo.
- No, en serio, ¿qué te pasa, senpai?
- ¿Huh?
Hikaru-chan puso una cara extraña.
- Esto es lo que pareces -dijo-. Pero bueno, tú siempre has sido
un poco extraño. Solía hablar de ella con Madoka-san de vez en cuando.
Una vez me dijo, creo que Kasuga-kun tiene un secreto que le guarda a
todo el mundo.
- ¡Eso no es verdad! -salté. Hikaru de repente se puso seria.
- ¿Puedo preguntarte algo?
Justo entonces en la calle bajo nosotros, un gran autobús pasó ruidosamente. Por esto, no pude oir con claridad lo que Hikaru-chan dijo después.
- ¿Va todo bien?
- Bueno, ya sabes como es -respondí-. Las cosas podrían ir mejor.
Hikaru-chan puso una cara extraña, y pensé que debía haber malentendido lo que había dicho. Pero pensé, no hay forma de que pueda tomar mis palabras de la forma equivocada. Rechazé el pensamiento.
Pero Hikaru-chan no me había preguntado por mi salud. En realidad había preguntado "¿Va todo bien entre tú y Madoka-san?". No fue hasta más tarde cuando me di cuenta de esto.
Después de que el sonido del autobús se fuese, Hikaru-chan bajó unos pocos escalones hacia la calle. Parecía un poco indecisa.
- Bueno, senpai, tengo que irme.
- Bueno -dije.
Hikaru-chan me dijo "¡Bye bye!" con una feliz sonrisa.
Entonces bajó corriendo los escalones.
Ella había dicho "¿Va todo bien entre tú y Madoka-san?" Y yo había respondido "Bueno, ya sabes como es. Las cosas podrían ir mejor". Es natural que parezca un poco triste después de escuchar eso. Sin haberme dado cuenta aún de eso, dije "¡Bye bye!" y pensé en lo cálida y amistosa que había sido su sonrisa.
La ví mientras desaparecía entre los árboles alineados en la calle. Lo siento, Ayukawa, pensé para mí. Kyosuke Kasuga, diecinueve años. Tengo que admitir, una vez más me sentí atraido hacia esta mayor y crecida Hikaru-chan.
Pero unos pocos minutos más tarde, sucedió algo que hizo que mis pensamientos se apartasen de Hikaru-chan. Oí la siguiente frase de mis malvados amigos del instituto, Komatsu y Hatta: "Y Kasuga, él sólo tiene veintidós años. Pobre Ayukawa."
Mi encuentro con Komatsu y Hatta también fue por casualidad.
Después de despedir a Hikaru-chan, decidí ir a la estación y comprar un periódico de un kiosko. Sabía que en él no vendría nada acerca de a dónde se ha mudado la familia Kasuga, pero quizá leyéndolo podría tener una pista de lo que ha pasado en este período.
- ¡Oh, allí va una tía buena! ¡Qué buena pinta tienes, baby!
Oí la voz entre la multitud y me detuve al instante.
Esa clase de sonido agudo que te golpea en la mente. Una voz la cual podía disparar frases hechas a las mujeres en rápida sucesión, como una ametralladora, incluso aunque nunca esperasen nada. Era Komatsu Seiji. Tenía a su aliado Hatta con él, y estaban a punto de entrar en una librería en la estación. La chica que acababa de describir como "una tía buena" estaba colocando algunos carteles frente a la estación.
- Gracias, gracias -dijo Komatsu a la chica -haces realmente bien tu trabajo, ¿lo sabías? Soy komatsu, el mánager.
Habiendo dicho esto, entró en la tienda, actuando como alguien importante.
¿Qué demonios está pasando?
Komatsu estaba hablando con el dueño de la tienda, actuando como si fuesen colegas. Esa tienda es famosa porque la gente se amontona alrededor de los libros sin comprarlos, y yo los había visto siendo perseguidos varias veces por el viejo. ¿Por qué están ahora allí?
El dilema se solucionó inmediatamente. Miré al cartel que la chica había estado colocando. Decía "Celebrando el debut como dibujante del Weekly Shonen Jumbo manga, el autor Kazuya Hatta firmará autógrafos."
Mi corazón no podía dejar de latir. En sólo tres años, Hatta se había convertido en el artista número uno vendiendo manga en Japón. Y a juzgar por el título de su manga, su personalidad no había cambiado. Mirando por la pila de mangas junto al cartel, podía ver que seguían siendo unos pervertidos sexuales, con montones que chicas que deberían estar en el instituto, llevando bonitos y sugerentes trajes de marineras.
Así que por eso Komatsu y Hatta llevaban trajes de chaqueta y actuaban tan altaneros.
- De acuerdo, Hatta -sonó la voz de Komatsu-, ¿comprendes? Tú eres el
que los fans quieren ver.
- De acuerdo -dijo Hatta.
- Cuando lleguen, firma los libros de los chicos y líbrate de ellos
tan rápidamente como puedas. Pero sólo aquellos que compren el cómic.
Echaré a patadas a aquel que consiga que le des un autógrafo sin comprar
una copia.
- De acuerdo.
- Pero también habrá algunas jovencitas a la cola para un autógrafo.
Asegúrate de decirles, por favor, dale tu número de teléfono a mi
mánager.
- ¿Mánager? ¿Quién es el mánager?

- ¡Yo, idiota!
- Oh.
- Vamos a decirles a las chicas que vamos a apuntarlas a un club especial
de fans.
- ¿Un club de fans? -dijo Hatta- ¿Por qué?
- Bueno, en realidad será un club de sexo, por supuesto.
No podía creerles. No han cambiado ni una pizca.
Pero estaba un poco celoso de Hatta. Debe ser genial poder convertir tu hobby en tu medio para ganar dinero.
- Ojalá que Kasuga estuviese aquí- continuó Komatsu-. Todo esto no es lo mismo sin él.
Aquello me tiró de espaldas. No sabía que Komatsu tuviese tanto cariño en su interior. Pero entonces su estúpida conversación paró. Cuando oí lo que Hatta dijo después, mi corazón paró.
- Sí, lo sé. Kasuga, todavía tiene veintidos años. Pobre Ayukawa.
- Sí, ahora está en otro mundo, supongo. Te hace sentir como
llorando, ¿no?
¿Qué demonios? ¿Qué querían decir?
¿Sólo tengo veintidós años? ¿Pobre Ayukawa? ¡Qué alguien me diga lo que está pasando!
Su conversación se mantuvo rodando en mi cabeza. ¿Morí en el mundo de hace tres años? No podía dejar de evitarles por más tiempo. Si estaba muerto, ¿entonces qué tenía que perder? Empecé a caminar hacia ellos. Pero mientras lo hacía, una horda de admiradores de Hatta que era dirigida por uno de los empleados de la tienda apareció, rodeándolos a los dos. Fui echado hacia atrás por la multitud.
- Guau, ¿puedes creerte la gente que hay, Hatta? -dijo Komatsu.
- Sí. No me empujes.
- Pero espera un minuto, Hatta. No hay ninguna chica entre la multitud.
- Sí. En realidad, si lo piensas un poco, este es un manga para
pervertidos sexuales y otakus. No puedo imaginarme a las chicas leyéndolo.
- Bueno, entonces me voy de aquí -Komatsu se enfureció-. Voy a ver si
veo a la chica del cartel en la tienda.
- ¡Espera, Komatsu!
Aquello me chocó un poco.
Supongo que morí en aquella habitación del hospital, hace tres años.
Seguí siendo empujado por los fans de Hatta, hasta que me encontré de vuelta en el paso elevado donde le dije adiós a Hikaru-chan hacía poco tiempo. Mirando por la multitud, Komatsu y Hatta ya no estaban por ninguna parte. Ya no tenía fuerzas para luchar contra la multitud.
Pero al mismo tiempo, ya no daba nada por seguro.
Bueno, en ese caso, iría al puesto de policía. Ellos me enseñarían el certificado de defunción, si se lo pido. Si no lo tienen, estoy a salvo. Si existe... En cualquier caso, tengo que asegurarme, de una forma u otra.
Después de apresurarme hacia el puesto de policía, le dije al hombre que estaba en la ventanilla de información "Perdonde, estoy buscando el certificado de defunción de una persona".
El hombre, que estaba bebiendo té verde, pareció conmocionado un momento. Era comprensible. Debía parecer como uno de los guardianes Deva de los templos Budistas. Así de desesperado estaba por saber la verdad.
Me dijo que el departamento que se encargaba de los certificados de defunción estaba en la segunda planta. Le dí las gracias y corrí escaleras arriba.
¡Tengo que asegurarme! ¡Tengo que saberlo! ¿Morí en aquel mundo de hace tres años? ¿Y dónde está Ayukawa? ¿Qué está haciendo si yo estoy muerto?
Necesito la verdad.
Incluso si... incluso si está saliendo con otro ahora.
Ayukawa.
Ella apareció ante mí, su cara llena de amor. Poniendo los morritos. Sabía que aquella cara era algo de mi pasado, hace tres años. Ahora, en el presente, me pregunto cuan hermosa y crecida estará. Apuesto a que tiene su propia atractivo seductor ahora, diferente al de Hikaru-chan.
Mi corazón gritó, ¡quiero ver a Ayukawa!
Paré en las escaleras.
No sabía cuanto tiempo tenía hasta que mi alma desapareciese. Pero había una película de ficción que vi hace tiempo, en el cual un hombre que había viajado desde el pasado desapareció en el momento en el que tuvo pruebas de su propia muerte.
En ese caso, antes que eso, quiero ver a Ayukawa sólo una vez.
Normalmente soy de esa clase de personas que no se deciden con facilidad, pero cuando se trata de algo importante, nunca dudo. Dí la vuelta y corrí escaleras abajo.
Mientras salía por la entrada del puesto de policía, el cielo estaba empezando a colorearse de naranja. Un fresco viento se agitaba a través de la ciudad. Partí hacia casa de Ayukawa, sintiéndome como un niño que ha estado jugando tranquilamente sólo para comprobar que los demás niños ya se han ido a casa.
La mansión Ayukawa no había cambiado en tres años.
La ajisai (hortensia) estaba en flor a lo largo de la senda que conducía a la puerta principal. Como hace tres años. Estuve aquí hace unos pocos días para recoger a Ayukawa e ir a la escuela... bueno unos pocos días hace tres años. Ayukawa a menudo regaba sus flores por la mañana. Aquella mañana no hubo diferencia.
- Te pareces mucho a esas flores -le dije-. Por eso te llevas tan
bien con ellas -en realidad había aprendido por casualidad un
poco acerca de las flores la noche anterior.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- Porque la hortensia cambia de color tan a menudo, que también son
conocidas como 'la flor de los siete cambios'.
- ¿Siete cambios? -dijo Ayukawa.
- Sí, en otras palabras, son kimagure, caprichosas. Justo como alguien
que podría nombrar.
- Eso no es divertido, Kasuga-kun -se había comenzado a enfadar.
- Creo que se lo preguntaré a las mismas flores -rió Kyosuke.
- ¿Preguntarles el qué?
- ¿Por qué de repente se quedan tan quietas y tranquilas sin motivo? Cuando
crees que están enfadadas, de repente ríen. ¿Por qué es así?
Esta vez rió Ayukawa.
- Estás haciendo que suene como que soy una mocosa.
La besé. Fue un beso ligeramente más largo de lo normal.
Entonces dije "Buenos días, Ayukawa".
Puse mis brazos alrededor de mi hermoso ángel. Sentí su pecho contra mí.
- ¿Qué va mal?
En vez de responder, ella clavó las yemas de sus dedos en mi pecho.
- Kyosuke, acabas de usar tus super-habilidades ahora mismo, ¿verdad?
- ¿Qué? ¿De qué estás hablando?
- Era demasiado perfecto.
- ¿El qué?
- Eso. Ese beso. Y si te pillo dándole vueltas al beso durante las clases,
haré que me compres la comida.
- Ayukawa.
Esta vez, Ayukawa me besó.
Ayukawa.
Repetí su nombre para mí mismo, agitando mi cabeza para poder volver a la realidad. No tenía tiempo de entreterme con los recuerdos del pasado. ¡Tengo que concentrarme!
Salté hacia la valla, teniendo cuidado para evitar las flores. Si camino junto a ellas, sabía que llegaría al jardín, donde podría ver el salón. Pero en cuanto salté por el muro, vi algo que no me esperaba ver.
El muro sobre el que estaba era más que un borde separando la casa de Ayukawa de la siguiente, sino también parte del techo del garage. Había dos coches aparcados allí. Uno de ellos me era familiar. Era un Austin Mini rojo brillante que los padres de Ayukawa le compraron cuando fue aceptada en la Universidad.
- ¡Es genial! -le había dicho cuando me dijo lo del coche.
- No del todo -ella me dijo-. No pueden engañarme. Me han hecho
cuidar de la casa mientras estaban fuera año tras año, y esto es todo lo
que consigo como recompensa.
El otro coche, ese era el problema. Era un BMW gris plateado de clase I que no había visto desde hace tres años. Los padres de Ayukawa pasaban la mayor parte del año en el extranjero dando conciertos, y mientras estaban fuera, la hermana de Ayukawa y su marido conducían el Mercedes del padre.
Entonces, ¿de quién es ese BMW?
Creí que se me salía el corazón. Alguien estaba visitando a Ayukawa en este momento. No sabía si era una mujer o un hombre. No, tenía que ser un hombre. Tienes que encarar la realidad, Kyosuke. No hay motivo para que una mujer vaya conduciendo un BMW impecable como ese, ¿verdad?
Ella está con un hombre. Un hombre está ahí, con ella.
Intentando aferrarme a la realidad, me di una torta en la cara con ambas manos. Poniendo una intensa cara como aquellos guardianes Deva, continué por el muro.
Entonces es cuando oí el sonido de un piano.
Buscando una tecla que tocar. Ese deslizar de los dedos arriba y abajo por las teclas que una persona adquiere tras familiarizarse con un piano desde la infancia. Ayukawa solía hacer eso siempre, antes de tocar.
Era Ayukawa. Estaba tocando el piano.
Había oído aquella canción antes en alguna parte. Una impetuosa apertura. Luego una sensual melodía, como correr por una colina. Tras aquello, vino la imagen de un calmado e inmenso mar.
¡Aquella canción era "Kyosuke #1"!
Mi depresión me abandonó inmediatamente, cuando mi mano alcanzó la rama del abedul blanco para apoyarme y espié en el salón. No podía ver más que un gran piano de cola dentro. Pero podía ver los dedos golpeando las teclas. Y una larga melena negra. Era Ayukawa. Estaba totalmente absorbida mientras tocaba, con su cabeza inclinada hacia delante, de forma que no le podía ver claramente la cara. Pero sabía que estaba mirando a Madoka Ayukawa, de veintidós años.
De repente estaba al borde de las lágrimas. Quería meterme dentro y estropearlo todo. Sabía que ella me ayudaría. Después de todo este tiempo, ella todavía tocaba la canción que había escrito para mí, ¿verdad?
Pero espera un minuto.
No estaba seguro de si el título de aquella canción era, en realidad, "Kyosuke #1".
Yo había oído esa canción en un sueño. Si ese sueño no era premonitorio,
sino un sueño normal... Entonces el título de la canción podría no ser
"Kyosuke #1" después de todo.
Me sentí confuso de nuevo. Pero en aquel momento, oí una voz que disparó mi confusión al instante.
- ¡Madoka!
Era una voz de hombre. Un hombre joven. Aquella voz me estaba diciendo "Quédate muerto, Kyosuke".
No quiero fanfarronear, pero no todavía no tengo la suficiente cara como para llamar a Ayukawa por su nombre. Incluso aunque estemos saliendo oficialmente, todavía no hemos llegado a ese punto en nuestra relación. Algunos dirían que soy incapaz de llamarla por su nombre.
En varias ocasiones, he pensado que no hay motivo para seguir llamándola "Ayukawa", pero cada vez que lo intento, fallo. En realidad me muero por ser capaz de llamarla "Madoka". Y ahora, el joven que llegaba desde detrás de Ayukawa lo había hecho como si no importase nada. Decidí que debía ser el propietario del BMW.
Entonces miré más de cerca al hombre.
¡Era él!
Sabía quien era. Más importante, todo Japón sabía quién era: el famoso cantante ídolo, ¡Mitsuru Hayakawa!
Parecía que había llegado a pasar de ser un cantante ídolo a una completa estrella del pop. Llevaba su pelo largo negro tras él, atado en una coleta, con una traje de chaqueta aparentemente muy caro, y una camisa "aloha" que parecía decir "soy tan famoso que puedo salir con una ropa tan extraña como esta". Sin corbata. Y un vivo y brillante anillo que de algún modo combinaba con todo lo demás.
¿Pero por qué está Mitsuru Hayakawa en la casa de Ayukawa?
Ayukawa y yo conocimos a Mitsuru Hayakawa hace tiempo. Pero él no iba llamándola por su nombre, por lo menos, hace tres años.
Mi primer encuentro con Mitsuru Hayakawa fue hace dos años. Lo cual en este punto quiere decir cinco años. Por entonces, era sólo un cantante ídolo en desarrollo. Hayakawa y yo chocamos de cabeza accidentalmente, lo que hizo que intercambiásemos cuerpos. Cambiar cuerpos básicamente significa intercambiar dos mentes por completo. En nuestro caso, mi personalidad se cambió por la de Mitsuru Hayakawa. Ya que Hayakawa era tan popular ante las chicas, tuve un montón de aventuras con el sexo opuesto usando su cuerpo. Al mismo tiempo, Hayakawa hizo algunas jugadas con Ayukawa, quien naturalmente pensaba que era yo. Bueno, para acortar la historia, Ayukawa no salió herida y al final fuimos capaces de ponerlo en el pasado. Pero tras eso...
Poniendo su interés en el genio musical que Ayukawa había heredado de sus padres músicos, Hayakawa se había mantenido en contacto con ella. Pero al final decidió ir a la Universidad conmigo, y pensé que él había renunciado.
Una vez le pregunté a Ayukawa sobre los intentos de Hayakawa de reclutarla en el mundo de la música, y ella dijo:
- ¡Kasuga-kun, creo que estás celoso de él.
- ¡Pues claro que lo estoy! -respondí, elevando mi tono de voz.
Ayukawa pareció un poco fuera de lugar al verme enfadado, y se disculpó:
- Lo siento, Kasuga-kun. En serio.
La miré a los ojos. Ella me miró con los ojos de una niña asustada.
Pero en la Ayukawa de veintidós años del presente, no podía ver ningún rasgo de tal infantilismo. En las manos de Mitsuru Hayakawa había dos latas de cerveza. Puso una sobre el piano, y ella le dio las gracias con los ojos, siguiendo tocando. Hayakawa abrió su cerveza y se la bebió de una vez. Entonces miró a Ayukawa y dijo:
- Bueno, ¿cómo te va? ¿Has terminado mi canción?
Ayukawa siguió tocando, ignorándole.
- Todavía no te has repuesto, ya veo.
¿De quién están hablando? ¿De mi?
- Por el amor de Dios, deja de joder y olvídale.
Furiosa, Ayukawa golpeó con sus manos el teclado. Miró a Hayakawa. Él parecía acostumbrado a esos ojos, y elevó sus manos en rendición fingida. Luego continuó:
- Tienes que comprenderlo, he pasado por muchos problemas para
conseguir que el productor te deje escribir otra canción.
- Yo no te lo pedí.
Ayukawa alargó la mano para coger la cerveza, y arracó la anilla.
- En realidad no sabes como funcionan las cosas en este mundo, sabes.
- No necesito saber como van las cosas.
- Eh -Hayakawa se puso a la defensiva.
Mientras Ayukawa se bebía la cerveza, Hayakawa procedió a hablarla acerca de "el negocio". Esto es básicamente lo que dijo.
Ayukawa había escrito varias de las canciones del último álbum de Hayakawa. Una canción secundaria tuvo éxito, y llegó a ser muy escuchada. La canción era el tema de apertura de una serie de TV, y el nombre de Madoka Ayukawa, compositora, se esparció como el fuego dentro de la industria de la música japonesa.
- Tu repentina subida hacia la cumbre se parece bastante al cuento de la Cenicienta -dijo Hayakawa-. Todavía, no espero demasiado, quiero que te pongas al cargo de escribir mi próximo single.
Él se inclinó y, pasando sus brazos sobre los hombros de Madoka, comenzó a tocar una canción en el piano.
Era la canción que Ayukawa había estado tocando. Era la canción que yo esperaba que se llamase "Kyosuke #1".
- Si lo prefieres, puedes usar esta canción.
- ¿Qué?
- Es una canción bastante buena. Algo más dura que la mayor parte de
mis últimas canciones, pero está llena de tu emoción, tu 'grito'. Sería
perfecta para el clímax de un concierto.
- Olvídalo, ¿quieres? No escribí esta canción para tí.
- Lo sé.
- Ni siquiera tiene letra.
- Puedo escribir algo.
Mitsuru Hayakawa alcanzó el piano y tocó parte de la canción, improvisando algunas palabras que encajaban con la melodía:
"Te amo. Te amo sólo a tí."
Sabía que esas palabras eran las que él quería que Ayukawa dijese justo en ese momento.
¡Maldito seas, Hayakawa!
- ¡Detente! -Ayukawa le empujó y se levantó del piano.
Pero Hayakawa sólo elevó sus manos de nuevo en disculpa, sonriendo. No había querido incitarla tanto.
- Además, ¿qué le ha pasado a tu novia? -atacó Ayukawa.
Era verdad. Había una chica que se llamaba Shiori que había estado con él desde el principio de su carrera, la cual le mantuvo separado de sus admiradoras femeninas. Cuando intercambié cuerpos con Hayakawa, estuve cerca pasar una peligrosa (?) noche con ella. Pero su cara era hermosa, parecida a la de Hikaru-chan, pero con un acento más sensual.
- ¿Novia? -dijo Hayakawa- ¿Cuál?
- Lo sabía. Aunque ascendieses de ídolo a estrella del pop, todavía no
eres capaz de hacer otra cosa que abusar de las mujeres para el sexo.
- No, te equivocas -dijo Hayakawa.
- ¿Qué?
- Soy diferente, Madoka, pero tú no puedes ver la verdad.
- ¿La verdad?
- Que yo, Mitsuru Hayakawa, soy el único que puede salvarte.
- ¡Vete!
- Me voy. Pero si alguna vez decides que estás preparada para cambiarle
el título a esa canción, llámame. Nunca serás capaz de escribir canciones
si no le olvidas. Kyosuke estaría de acuerdo conmigo.
En ese momento, casi pierdo mi agarre en la rama del árbol.
¡Lo sabía! La canción que Ayukawa había estado tocando era mi canción. El título era casi definitivamente Kyosuke #1. Ayukawa debió haberla escrito para mí en algún momento del pasado.
Ayukawa rehusó mirar en la dirección de Hayakawa. Miró al teclado del piano, su boca en línea recta, inmóvil. Hayakawa hizo un gesto de disparar una pistola imaginaria en su dirección mientras con un gesto de adiós abandonaba la habitación. En el momento en que cerraba la puerta, Ayukawa estalló en lágrimas, las cuales cayeron en las teclas del piano.
De repente, todo se volvió negro.
Excepto por Hikaru-chan, que se había mudado a Hokkaido, y desde allí fue derecha a Nueva York, todos parecían conocer mi muerte. En realidad debía estar muerto. El jardín de la mansión Ayukawa se tenía de naranja brillante mientras el sol bajaba cada vez más. El momento más hermoso de la puesta de sol. Tras esto, vendría la oscuridad de la noche.
Para Ayukawa, una larga y triste noche.
Me decidí.
Si la situación fuese al revés, aunque Ayukawa fuese un fantasma, querría que ella se me apareciese. Incluso si no pudiese alcanzala, querría estar con ella, por corto que sea el tiempo que se nos permita vernos. Decidí ir hacia ella, y aliviar su pena tanto como pudiese. Salté del muro a la rama, preparándome para saltar por la ventana del salón. Pero mientras saltaba al árbol, sentí un extraño mareo, como cuando te levantas demasiado rápidamente. Entonces miré horrorizado como mi mano empezaba a tornarse translúcida ante mis ojos. Pero no sólo mi mano. Ahora mi cuerpo entero estaba empezando a desaparecer. Para mí era hora de desaparecer para bien. Si ese es mi destino, entonces lo aceptaré. ¡Pero morir sin siquiera ser capaz de decirle una sola palabra a Ayukawa! ¡Aquello era demasiado!
Por favor, Dios, dame sólo el tiempo justo de decir una palabra. ¡Sólo una cualquiera!
Reuní mis fuerzas y salté del árbol a la ventana del salón de Ayukawa.
Ayukawa.
Pero mi cuerpo ya había empezado a desaparecer, y caí "a través" del muro de su casa. De repente era incapaz de ver, oir o sentir nada.
No puede ser, ¿Kyosuke?
Madoka alzó la vista, segura de que había oído la voz de Kyosuke llamándola. A través de la ventana abierta, podía ver el abedul blanco, pintado de naranja por el sol poniente. La parecía haber venido de esa dirección.
Madoka se levantó del piano donde había estado sentada y cogió su cerveza. Una agradable brisa nocturna se deslizaba a través de la ventana abierta. Como atraída por ese cálido viento, fue hacia la ventana. Las lágrimas en sus ojos se secaron.
No había nadie en la ventana.
Madoka consiguió poner una triste sonrisa. Mientras bebía un poco más de su cerveza tibia, se dijo a sí misma:
Kyosuke Kasuga. Eres un superhombre, ¿verdad? Así que usa tu magia, y vuelve a mí.
¡Vuelve a mí!
Tras recibir una notificación de que Kyosuke había desaparecido, Madoka inmediatamente trató de coger un avión hacia donde él estaba. Pero no había sitio para las mujeres en Bosnia. Sus padres, que resultaron estar dando un concierto en la Europa de Este, le dijeron que esperase en Japón hasta que tuviese más información. Pero durante diez días no había habido respuesta.
Madoka continuó mirando vagamente al jardín anaranjado. El viento, el cual había sido agradable hace un momento, ahora la molestaba.
Desde que había sido una niña, Madoka había desconfiado de las cosas que le agradaban. La razón para esto era, cuando quiera que sus padres volviesen a Japón, ella estaría feliz, pero ella sabía que se irían, y volvería a estar sola de nuevo. Sabía también que el cálido viento del anochecer significaba que la solitaria noche no estaba lejos.
En el jardín que se oscurecía lentamente, los sollozos de Madoka sonaron una vez más.
De vuelta a su hotel, Hikaru acababa de salir de la ducha cuando una imagen en televisión atrajo su atención. Eran las noticias de la guerra de Bosnia. Noticias del caos actual allí podían ser vistas en Nueva York. Pero los periódicos en Nueva York no publicaron el reportaje de un reportero japonés que había desaparecido.
Debe haber algún tipo de error.
Ella se deslizó arrodillándose en shock.
Era el senpai. Kasuga-senpai. Paradero, desconocido.
Pero...
- ¿Quién era el Kasuga-senpai con el que me encontré hoy?
Hikaru alcanzó el teléfono. Por mucho que viviese, nunca podría olvidar el teléfono de Madoka. Hikaru pulsó el botón para obtener línea con el exterior, y sintió un escalofrío en su cuerpo recién duchado.