Shin-KOR: Parte 3

PARTE 3

- ¡Kasuga-kun! -gritó Madoka al cuerpo de Kyosuke, el cual estaba siendo llevado-. ¡Kasuga-kun! ¡No renuncies!

Kyosuke estaba atravesando la última etapa de la agonía. El doctor había decidido trasladarle a la sala de cuidados intensivos.

- ¡Oniichan! ¡Sigue luchando!

Manami y Kurumi siguieron a la camilla, seguidos por los abuelos. Pasillo abajo estaba la sala de cuidados.

Medio loca, Madoka se agarró a Kyosuke.

- Tú no vas a morir, ¿verdad? Tu cuerpo todavía está templado. Te pondrás bien, ¿verdad? Vive, ¿vale? ¡Vive! ¿Me oyes? ¡Kyosuke!

Entonces, ¡bash! ¡bash! ¡bash! Madoka abofeteó la mejila de Kyosuke.

- ¿Qué crees que estás haciendo?

El doctor agarró las manos de Madoka. Pero Madoka se alejó de él, y besó con fuerza a Kyosuke, como si quisiese cubrir su cuerpo entero con el suyo. Todos alrededor se sorprendieron por la fuerza de su acción, y se echaron atrás.

Era todo lo que Madoka Ayukawa podía hacer por él.

Algunos enfermeros llevaron la camilla de Kyosuke hacia la sala de tratamientos. Madoka permaneció fuera. Pero en aquel momento, el alma errante de Kyosuke estaba recibiendo algún poder de Madoka. El abuelo de Kyosuke notó esa energía.

- Madoka-kun, has hecho bien. Parece que Kyosuke ha oído tu voz.
- ¿Qué? -dijo Madoka.
- ¿Qué quieres decir, Ojiichan? -dijo Manami.
- El alma de Kyosuke, atrapada en el futuro, parece haber recobrado algo de energía.
- ¿D-de veras?
- Ojiichan, ¿cómo sabes eso? -quiso saber Kazuya.
- No es que pueda ver el espíritu de Kyosuke desde este punto en el tiempo -dijo el abuelo-. Pero cuando Madoka-kun besó el cuerpo de Kyosuke, ahora en la sala de tratamientos, sentí que su espíritu se llenó con el recuerdo de la alegría de vivir, del cual se había casi olvidado.
- ¿La alegría de vivir? -dijo Madoka.

El abuelo asintió. La abuela añadió:

- En otras palabras, Madoka-chan, tus sentimientos hacia Kyosuke le han infundido valor, incluso al borde de la muerte. La materia le comunica esos sentimientos a su espíritu, atrapado en el futuro.
- Eso es cierto -dijo Ojiichan-. Si el espíritu de Kyosuke puede tomar prestado poder del Kyosuke de tres años en el futuro, entonces...
- Oniichan podrá volver con nosotros.
- Probablemente. Eso si el cuerpo de Kyosuke puede aguantar hasta entonces.

Madoka miró sin expresión a la puerta de la sala de cuidados intensivos.


- ¡Ouch!

Me dí cuenta de que estaba de nuevo en mi cuerpo cuando mi cabeza golpeó el suelo. Estaba tumbado en el mismo sitio en el acabé la primera vez. En la parte inferior de los escalones donde conocí a Ayukawa. Había un periódico tirado a un lado de la carretera. Un vistazo me dijo que todavía estábamos a 23 de julio de 1994, tres años en mi futuro.

No sabía lo que me había ocurrido, pero parecía que ese punto del espacio actuaba como una especie de puerta inter-dimensional para mí. También parecía que mi espíritu todavía no se había desvanecido.

Aquel pensamiento no me hizo más feliz. La situación actual era la misma de antes. Por fin había averguado la verdad acerca de mí mismo en este mundo del futuro, pero no tenía ni idea de lo que debería hacer ahora.

El sol que había pintado de naranja el jardín de la mansión Ayukawa se había puesto hace treinta minutos. Me invadió el deseo de correr junto a Ayukawa inmediatamente, pero me pregunté a mí mismo, ¿realmente tengo el derecho de aparecer ante ella así? Me sentí incómodo.

Me alejé errante de los escalones, hacia algunas tiendas. Las luces brillantes de las tiendas me hirieron los ojos. Me sentí como si la luz estuviese penetrando hacia mi centro, y la sensación era desagradable. Entonces, mientras estaba pasando frente a una tienda de electrónica, me detuve conocionado.

En el escaparate, muchos nuevos aparatos electrónicos que no existían hace tres años eran mostrados. Pero lo que me detuvo en mi camino no era la electrónica. Mi foto estaba en la tele. Entonces fue cuando por fin, en este tiempo, descubrí que era una persona desaparecida.

¡Así que eso fue lo que realmente me ocurrió!


- Muchísimas gracias. Siguiente, por favor.

La fría voz del director resonó en el techo del estudio. Las bailarinas que estaban esperando para la audición dejaron escapar un suspiro de tranquilidad. Sólo Hikaru Hiyama permaneció inmóvil, como si estuviese pensando intensamente en otra cosa.

- Eh, Hikaru, ¿qué te pasa? ¿Estás bien?

Shuri Anzai miró a Hikaru a la cara. Comparados con los grandes ojos de Hikaru, los suyos eran estrechos, más asiáticos. Esos ojos ahora miraban a Hikaru.

- ¿Qué? -dijo Hikaru, y rió-. Vaya, Shuri, ¿realmente parezco tan extraña?
- Sí, hay algo que no te va bien. La Hikaru que conozco debería estar armando la bulla en la audición, corriendo y diciendo, oh Dios mío, salgo en unos minutos, y cosas así.
- Espera un segundo. Actuar feliz no cambia el hecho de que voy a ser una mujer con el corazón roto esta noche, con mis sueños a trocitos por los suelos, después de que fracase en la audición. ¿Serías capaz de estar alegre en esas condiciones?
- Supongo que no.
- Vaya, algunos esperan demasiado -Hikaru rió otra vez.

Hikaru había conocido a Shuri en un restaurante japonés en East Village cuando acababa de empezar sus clases de danza. Shuri había venido a Nueva York con el mismo sueño que Hikaru, pero cuando se le agotaron los recursos económicos, había conseguido un trabajo como camarera en el restaurante.

Ella tenía un cuerpo que no tenía problema a la hora de competir con las mujeres americanas, y el sabor asiático de sus ojos felinos le daban una apariencia ligeramente distinta a la de Hikaru. El pasado invierno, cuando acabó su periodo de visado, volvió temporalmente a Japón. Cuando oyó lo de la audición, se lo contó a Hikaru inmediatamente.

- Deja de preocuparte por mí, Shuri. ¿No vas tú la siguiente? -Hikaru codeó a Shuri hacia el escenario.

Shuri era la clase de persona que nunca dejaba de preocuparse por sus amigos. Hikaru no quería mentirle. La verdad era que Hikaru tenía demasiadas cosas en la cabeza.

De vuelta a hotel, había intentado llamar a Madoka después de ver a Kyosuke en las noticias, pero al final cambió de opinión. Sabía que se había encontrado con Kyosuke aquella tarde. Sólo habían charlado un corto período de tiempo, pero la conversación había sido agradable. Ella había admitido que, desde lo más profundo de ella, había sentido que su pasión por Kyosuke, a quien había estado tratando de olvidar por todos los medios, se había reanimado.

Y luego va y le oye decir, después de preguntarle por Madoka-san "Bueno, ya sabes como es. Las cosas podrían ir mejor".

Hikaru se había sentido terrible después de oir esas palabras. Había pasado por tanto dolor, había sido tan difícil renunciar a Kyosuke. Pero entonces va y le dice "las cosas podrían ir mejor", cuando le preguntó cómo le iban las cosas con Madoka... Bueno, ¿lo había hecho todo para nada?

Hikaru había pensado así al principio, pero luego lo reconsideró. Kyosuke no había hecho más que abrirle su corazón a Hikaru y hablar honestamente. Desde el comienzo, los tres habían tenido esa clase de genuina amistad, y Kyosuke, encontrándose de repente con una vieja amiga, había dicho sin querer sus verdaderos sentimientos.

Hikaru pensó que alguna clase de obstáculo debía haberse interpuesto entre Madoka y Kyosuke. Que Kyosuke haya desaparecido en Bosnia al menos temporalmente era un hecho. Pero en realidad estaba vivo, y atravesaba grandes dificultades para revelarles el hecho a los demás. ¿Por qué? Sólo podía haber una razón. Quería evitar a Madoka Ayukawa.

¡Eso debe ser! ¿Pero por qué? ¿Está engañándola con otra chica? ¿No puede verla por alguna razón? Quizá forzó a otra mujer cuando estuvo en el extranjero a que se casase con él. ¡O quizá a renunciado a su nacionalidad japonesa! ¡Eso podría haber sucedido!

Desde que era una niña, Hikaru tenía la tendencia a dejarse llevar cuando pensaba en un problema. Esa era una de esas veces.

En cualquier caso, había intentado llamar a Madoka al volver al hotel, pero pensamientos como esos la hacían colgar el teléfono al final.

- Hikaru, te veré tras mi audición -dijo Shuri ahora.
- ¿Qué?
- Salgo. ¿No les has oído decir mi nombre?

Shuri se tragó todos sus nervios y sonrió a Hikaru, entonces salió a escena.

- ¡Shuri, buena suerte! -dijo Hikaru tras ella, pero su voz se perdió en la música de la escena. Un famoso presentador de televisión estaba presentando a Shuri a través de los altavoces. La cadena de televisión está patrocinando la producción y también grabando la audición para tener un documento de los bailarines. Los participantes en la audición de danza verían todos sus caras en la televisión.

Su turno se acercaba, Hikaru se abrazó a sí misma en un esfuerzo de dedicarse una sonrisa. Cuando lo hizo, inconscientemente tocó un pequeño muñeco cosido en sus mallas. Era similar a esos muñequitos "Troll", y lo agarró. Cuando se ponía nerviosa en una lección de danza en Nueva York, solía tener el muñeco en su mano, tomando fuerzas de él.

¡Puedo hacerlo!

- ¡Puedo hacerlo!

Ella cantó las palabras como en un encatamiento. Ellas la ayudaban cuando tenía algún problema en América, la tierra del individualismo y el "hazlo tú mismo".

¡Puedes hacerlo, Hikaru! ¡Sé que puedes!

El muñeco cosido en sus mallas había sido un regalo de Madoka Ayukawa. Hikaru lo recibió justo después de llegar a Nueva York. Poco después de que Hikaru se cambiase al instituto de Hokkaido, comenzó a mandar postales a su amiga. El problema de Kyosuke todavía existía entre las dos mujeres, pero Madoka había sido como una hermana mayor para su amiga. Incluso desde que Hikaru era pequeña, había sino una llorona, y había seguido a Madoka a todas partes. No importa lo que suceda con Kyosuke, sus sentimientos hacia su "hermana mayor" nunca podrían cambiar.

Pero aún, algo la apartaba de hablar con ella directamente. Así que le había enviado postales. Escribía acerca de cosas sin importancia, y nunca hablaba de lo que pasaba entre Madoka y Kyosuke.

Madoka adivinó los sentimientos de Hikaru, y en vez de mandar una carta de respuesta, le había enviado pequeñas tonterías. Primero fue el muñequito de la buena suerte como un Troll, luego un sombrero hecho a mano, y por fin algunas flores secas prensadas que Madoka había cultivado ella misma. Hikaru no había pedido ningún regalo, pero recibirlos le provocaban una sensación cálida.

Ellas no necesitaban hablar cara a cara. Era suficiente que cada una supiese lo que la una pensaba de la otra, manteniendo viva la chispa. Hikaru se había jurado a sí misma que, cuando hubiese crecido lo suficiente como para hablar de lo que sucedió con Madoka de una mujer a otra, entonces iría a verla.

Pero era duro. Sólo el venir a esta audición era un paso bastante grande para Hikaru. Hikaru sabía que Madoka se estaba convirtiendo en una compositora. Los japoneses viviendo en Nueva York se intercambiaban cintas de vídeo con los "dramas de moda" actuales bastante a menudo. Ella sabía lo de la canción que había escrito Madoka que se había convertido en un gran éxito en Japón. Hikaru inmediatamente escribió una postal felicitando a su amiga. Ella no la había escrito por lo de la audición o lo de sus planes de volver a Japón.

- ¡Hikaru Hiyama-san!

La voz del presentador reverberó en los altavoces.

- ¡Hai!

Sobresaltada por su propia voz, Hikaru salió a escena. Shuri Anzai estaba saliendo bajo el aplauso del público, con la cara enrojecida. Estaba sonriendo. Lo había dado todo. Hikaru elevó una mano abierta y dijo "¡Choca los cinco, Shuri!". ¡Slap! Shuri chocó su palma abierta contra la de Hikaru, en un gesto de buena suerte.

Como empujada por la música que de repente se desbordó por los altavoces, Hikaru saltó hacia los focos.

Entre los demás miembros del jurado estaba Mitsuru Hayakawa.

- ¡Aquella chica!

Sin darse cuenta, Hayakawa se echó hacia delante en su asiento para mirar mejor a la chica que había salido a escena. La había visto antes. Entonces era sólo una chica, pero la persona que ahora bailaba en el escenario era una mujer madura. Rápidamente, la mente de Hayakawa revisó su memoria como si fuese un ordenador para buscar el archivo de la chica.

- ¡Eh, tú! ¡Espera un minuto! ¡Hiyama! ¡Hikaru Hiyama!

La voz de Hayakawa resonó hacia Hikaru, que se dirigía hacia el fondo del escenario. Pero ella no se detuvo.

¡Un teléfono! ¡Tengo que encontrar un teléfono!

Hikaru acababa de terminar su audición. Había comenzado danzando, luego cantando, y finalizó con una breve demostración de su habilidad actuando. Después de que sus ojos se acostumbrasen a las luces brillantes, Hikaru había advertido a Mitsuru Hayakawa, mirándola desde el público.

En el instituto, Hikaru había aparecido en un show de televisión llamado "Caravana Cazatalentos" junto con Madoka y las hermanas de Kyosuke. Hayakawa había estado presente como invitado especial. Hikaru nunca tuvo la oportunidad de hablar directamente con él. Hikaru no tenía problema con eso, pero verle como la observaba desde los asientos de repente le trajo recuerdos de Kyosuke y Madoka.

No sé lo que realmente pasó con Hayakawa y Kyosuke. Pero Kasuga-senpai está realmente vivo. Ha sido anunciado en las noticias como desaparecido. No puedo creer que se esté escondiendo así de Madoka-san.

¡Le odio!

Hikaru había intentado no pensar en Kyosuke mientras duraba la audición, pero era en balde. No importa lo mucho que lo intentase, la cara de Kyosuke, a quien había visto aquella tarde, y de Madoka, preocupada por la seguridad de Kyosuke, flotaban ante ella. Una vez que terminó la audición, se puso una chaqueta y fue a buscar un teléfono de monedas. Estaban todos ocupados. La gente que había venido a la audición quería llamar a sus familias o a sus mánagers, y muchos estaban esperando. Fuera del estudio, por fin encontró un teléfono libre.

Pero Madoka no estaba en casa.

Por el auricular, Hikaru oyó la voz de Madoka por primera vez en tres años. Era el contestador. Hikaru se llenó de recuerdos, y su corazón tembló de emoción. Se dio cuenta de que aún quería a Madoka después de todo.

Pero cuando la grabación terminó con un beep, colgó sin decir nada. No era la clase de cosas que dejas en el contestador de alguien. Hikaru decidió caminar entre la ciudad llena de recuerdos sin volver al hotel.


Un sombrero de paja rojo. Un sombrero de paja rojo.

El sombrero de paja rojo de Ayukawa.

Aquí es donde nos conocimos por primera vez... Dios, eso ya está muy trillado.

Hice una bola con el periódico que había estado leyendo y lo tiré a una papelera. Estaba en el parque en la cima de los noventa y nueve o cien escalones. Estaba sentado en un columpio. En la página de sociedad había un artículo con un gran titular: Reportero japonés lleva desaparecido varios días.

No armeis demasiado revuelo. No sería capaz de ir a ninguna parte aquí a la vista de extraños si mi foto va a ser colocada por todas partes. Y menos asomarme a la casa de Ayukawa.

El Kyosuke Kasuga del presente resulta desaparecido justo cuando yo aparezco del pasado. Tiene que ser una broma, ¿verdad?

Empecé a columpiarme. Había estado en esos columpios muchas veces con Ayukawa. Cuando Ayukawa fue a estudiar a América según la petición de sus padres, vinimos aquí.

- ¿Entonces te vas a América o qué? -había dicho, intentando parecer duro.
- Tengo que hacerlo. Tú y yo somos todavía niños en realidad. Tenemos que hacer lo que los padres nos dicen.

Ayukawa había dicho esto, y sonrió con ese estilo que tiene. Al final había acabado aquí, y nos acercamos cada vez más después de aquello. A menudo oyes que no te das cuenta de lo importante que resultas para la gente hasta que les pierdes. Como yo ahora.

Todo lo que conocía se ha ido. Ayukawa, Komatsu y Hatta, mi familia, incluso el Máster. Todo esto es nuevo para mí. Nunca imaginé que no ser capaz de ver a la gente que amas pudiera ser así de duro.

El viento siguió soplando. Era julio, pero aún no era realmente verano. Podría hacer fresco esta noche.

- ¡De acuerdo! -me dije a mí mismo, saltando del columpio. Empecé a bajar los escalones que había subido, contando para mí mismo: "Ichi, ni...". Iba a averiguar cuantos había en verdad, de una vez por todas.

Entonces, desde debajo de mí, una voz: "Ichi, ni, san...". Miré para ver una chica, saliendo bajo la luz.

- No sabía que entre tus hobbies se encontrase el contar escalones, Kasuga-senpai.
- ¡Hikaru-chan!
- ¿Algo va mal, senpai? -bromeó-. Parece que hayas visto a un fantasma.
- Um, lo siento, yo...
- Sabía que estarías aquí.
- ¿Como lo sabías?
- Todo el mundo siempre coge el camino largo para evitar el tener que subir estas escaleras, pero por alguna razón, a tí al parecer siempre te han gustado. Y aquí estabas.
- ¿Eso es así?
- Sí -respondió Hikaru-chan, actuando de repente con su personalidad crecida.
- En realidad no has cambiado en tres años -dije.
- ¡Eso no es verdad! Ahora tengo veinte, lo sabes. ¿Y estás diciendo que no me he convertido en una mujer?
- Bueno, eso no es lo que yo quería decir.

Eso no era lo que yo había querido decir. Estás tan guapa, que no te reconocería en una multitud. Como un halo de luz para un hombre solitario, perdido en el mar. A decir verdad, estaba tan feliz que podría gritar, hablando con ella.

- Kasuga-senpai.
- ¿Hm?
- ¿Puedo hacerte una pregunta personal?
- ¿Qué? ¿Qué es lo que pasa?

Estaba temblando un poco. Pero Hikaru-chan me miró fijamente, y supe que no podía mentirle. Sintiendo mi resignación, dijo:

- Senpai, ¿por qué estás huyendo de Madoka-san, pretendiendo estar muerto?


El hotel de Hikaru-chan, en Aoyama Dori, era lo que es conocido como un "hotel de ciudad", pequeño pero elegante. Habíamos decidido ir a cenar.

- Bueno, vamos al hotel en el que me alojo -había dicho Hikaru-. He oído que hay un bonito restaurante en la planta superior, pero no he ido allí todavía. Si es tan bueno como dicen, ¿quién querría ir allí solo?

No tenía hambre, y me preguntaba si mi alma de tres años en el pasado era biológicamente capaz de tener hambre, pero cuando me hizo aquella pregunta, sólo pude decir "bueno, vamos a cenar y hablamos de ello".

Por suerte, tenía el dinero de mis sesiones de estudio del verano en el bolsillo el día del accidente. Estoy seguro que ni Ojiichan sabría que ese dinero estaba ahora conmigo. Pero estaba listo para gastarlo todo esta noche con Hikaru-chan.

- Senpai, ¿qué vino tomamos? ¿Prefieres un vino seco o dulce?

Sentados junto a la ventana que daba al Aoyama Dori, Hikaru-chan había pillado inmediatamente la carta de vinos.

Um, no tengo ninguna preferencia. ¿Tú cual sueles beber normalmente?

Hikaru-chan empezó a nombrar vinos blancos, la mayor parte de los cuales nunca había oído. Aquello era algo que la Hikaru-chan de hace tres años nunca habría sido capaz de hacer.

¡Pues claro! Ahora que lo pienso, ella es un año mayor que yo. Estoy en un hotel de lujo, a punto de cenar con una sexy mujer mayor que yo.

- Bueno, ¿qué tal es este? -dijo al camarero, después de ser incapaz de decidir el vino. Realmente había crecido, ¿verdad? No cabía duda de que era el resultado de su dura vida en Nueva York. Había pasado por mucho. De repente temí que yo pareciese infantil ante ella.

- ¿Qué pasa, senpai? Estás actuando como un cuerpo sin alma.

Mis ojos se abrieron ante aquello. "¿Has dicho alma?" Una pareja sentada junto a nosotros me miró. Hikaru-chan me hizo callar.

- Lo siento. Me despisté un segundo -dije.
- Pareces como cansado hoy. Si no quieres responder a mi pregunta, no tienes que hacerlo.
- Ah, sí, tu pregunta.
- Tú y Madoka sois adultos, después de todo -continuó Hikaru-. Yo sólo... yo sólo...
- ¿Hikaru-chan?

Las palabras se estaban atascando en su garganta. Sostuve su mirada un momento, y ella forzó una sonrisa. Aquella clase de sonrisa mona que se ve en las películas americanas.

- Sólo quería veros a los dos saliendo juntos. Eso es todo.

Justo entonces, el camarero trajo el vino, servido en un cubo de hielo.

- Parece bueno -dijo ella.

Pretendí no advertir la tristeza en su cara.


- ¡Kampai!

Hikaru tocó el vaso de Kyosuke con el suyo, y bebió un largo trago del vino congelado. Su garganta había estado reseca. Se dio cuenta de que no había bebido nada desde la audición, cuando tomó algo de agua mineral. Y ahora se estaba hartando de beber con Kyosuke.

Quiero veros a los dos saliendo juntos. Vaya una tontería. Es como admitir la mala suerte que tuve con los hombres mientras estaba en Nueva York o algo así.

Ella secó el vaso.

- Eres increible, Hikaru-chan. Supongo que aguantas bien el licor.
- ¿Hm? No, no, sólo estoy sedienta, eso es todo. Además, en América la gente bebe cerveza y vino en lugar de agua.
- ¿En serio? El agua en Tokyo se ha puesto muy mala últimamente. He oído que en América es aún peor.
- Lo es. Y lo que es peor, el precio de la cerveza o el vino o el agua mineral no es muy diferente de Japón.

- Bueno, entonces supongo que deberías comprar vino en vez de agua mineral -dijo Kyosuke y rió, llenando el vaso de ella. Mientras lo hacía, la miró a la cara. En realidad no había cambiado lo más mínimo en tres años. La misma boquita dulce. Los mismos cálidos ojos. Una persona completamente distinta a Sugizawa-san.

Al final, Hikaru no se había molestado en llamar a Sugizawa. Él había sido el primer hombre con el que había estado, pero eso era todo lo que él era. Incluso si volvía a verle, sabía que nada podría salir de ello. Después de que hubiese cortado con Sugizawa, Hikaru había dormido con dos hombres. Uno había sido un italo-americano que daba clases de danza con ella. El otro había sido un japonés que estudiaba arte que conoció en un café de la villa. Ambos habían sido hombres completamente distintos, pero tenían unos intereses muy en común con Hikaru. Había disfrutado de estar con los dos.

Se había dado cuenta de que no habían sido "permanentes", sino sólo personas con las que pasar el tiempo en la cama. Los vio de vez en cuando en Nueva York. Algunas veces dormía con ellos, y otras veces no. Las relaciones eran importantes tanto para ella como para los dos hombres.

Pero ahora, su querido amigo Kyosuke estaba aquí, y se sentía extrañamente triste acerca de los cambios en sí mismo durante estos tres años. Pero Kyosuke no había cambiado. No importa la clase de hombres que ella encuentre en el futuro. No importa lo crecida y sexy que se haga frente a ellos. Para Hikaru, Kyosuke Kasuga siempre sería diferente.

Kyosuke y Hikaru todavía estaban recordando los viejos días cuando vino la comida y más vino. Su conversación tocó el tema de Madoka de vez en cuando, pero la mayor parte del tiempo evitaron hablar de ella. Era sorprendentemente fácil, porque los dos estaban atados por la profunda amistad que había durado mucho tiempo.

Algún tiempo después, la "hora de la cena" del restaurante dio paso a la "hora del bar". Las luces se atenuaron, y las velas emplazadas en cada mesa iluminaban sus caras ligeramente enrojecidas. Kyosuke y Hikaru se habían estado riendo del pasado hasta ahora, pero de repente se callaron. La música del piano había empezado a sonar, y los dos estaban avergonzados de haber reído tan alto.

Era el comienzo.

Los dos pasaron de ser amigos, riendo y hablando del pasado, a verse el uno al otro como adultos de cierta edad.


Lo sabía.

No debería haberme ido.

Madoka encendió las luces y miró por la habitación. Había sido invitada a cenar por su hermana y su marido, y acababa de regresar a casa. Habían estado preocupados por ella porque estaba perdiendo peso, preocupando a Kyosuke. Habían aparecido aquella noche y medio arrastraron a Madoka afuera de la puerta. Los hijos de su hermana estaban contentos de verla, y la mesa estaba llena de su comida favorita. Pero no importa lo mucho que lo intentase, Madoka no había sido capaz de animarse. Madoka se comió la comida que su hermana había preparado para ella lo más rápido que pudo, y cogió un taxi a casa, rechazando las insistentes ofertas de su cuñado de llevarle él mismo a casa.

Ella se habría portado mejor con la familia de su hermana. O mejor, habría rechazado más firmemente su invitación desde el principio. Madoka cogió un paquete de cigarrillos Salem que había lanzado al sofá antes, sacó uno y lo encendió.

Le dio una calada al cigarrillo.

Ella advirtió una luz parpadeando en el teléfono. Alguien había llamado mientras estaba fuera. Aspiró de nuevo el Salem, como tratando de fumárselo de un golpe. Mantuvo el humo en sus pulmones un momento, y lo soltó.

Desde que había sido notificada de que Kyosuke había desaparecido, el sonido del teléfono la aterrorizaba. Madoka tiró la colilla, fumada hasta el filtro, en un cenicero vacío. Escuchó el mensaje.

Había tres llamadas. Pero la persona había colgado sin dejar mensajes. Se paseó su largo y negro pelo entre los dedos, hundiéndose en el sofá. Sacó otro Salem del paquete.

El teléfono sonó.

Inmediatamente pensó para sí: ¿Qué hora es en Bosnia?

- ¿Diga?

La voz al otro lado acabó con su ansiedad inmediatamente.

- Soy yo. Estaba bebiendo, y de repente quise oir tu voz.

Era Mitsuru Hayakawa.

- Usa tus frases estúpidas con otra mujer. Voy a colgarte ahora mismo.
- No espera, no cuelges. Estaba bromeando. No, hay algo que tengo que decirte.
- No he hecho nada con tu canción desde esta tarde. Dile a tus amigos en 'del negocio' que si no les gusta, que se olviden de mí.
- No, no es eso. Me he encontrado con una amiga íntima tuya esta tarde.
- ¿Una amiga íntima mía?
- Sí, ya sabes, la chica del instituto.
- No estás hablando de Hikaru, ¿verdad?
- Sí, de ella. Entrada número 65, Hikaru Hiyama. Actualmente residiendo en Nueva York, dando clases en el Actor's Studio College.
- ¿De qué estás hablando? Hikaru está ahora en Nueva York, pero...
- Ha vuelto a Japón. Tuve el presentimiento de que tú no sabías de su regreso. Está aquí por una audición.
- ¿Una audición?
- Te lo dije hace un rato, ¿recuerdas? Mi agente está tomando parte produciendo un musical, y yo fui elegido como uno de los jueces. De todas formas, ella hoy ha estado en la audición.

Madoka se sentó, ahora interesada. Vió las postales que había recibido de Hikaru. Contando las de Hokkaido, eran unas cuantas. La más reciente, una postal de El Fantasma de la Ópera, había llegado hace un mes. En ella, Hikaru había escrito su felicitación hacia Madoka por haber llegado a ser una famosa compositora, y se quejaba de lo duro que le resulta a la gente pobre comprar entradas para el teatro en Nueva York. Madoka había enviado a Hikaru un cassette con la música de El Fantasma de la Ópera, la cual había arreglado y tocado ella misma en el piano.

- Madoka, ¿estás escuchando?
- Lo siento. ¿Dónde está Hikaru ahora?
- Está en el nuevo hotel de Aoyama Dori, creo que se llama el Kingdom Hotel. Estoy aquí con ella.
- Eres un mentiroso -Hayakawa sólo rió.
- Sólo estaba bromeando. Esa parte viene después.
- Vamos, inténtalo. Sólo recuerda, Hikaru no parece tan fuerte, pero yo fui la que le enseñó a dar patadas en los culos de la basura de la escoria como eres tú.
- Vamos, lo siento. Aunque se ha puesto muy sexy en los últimos tres años.

Hayakawa siguió hablando de Hikaru, pero Ayukawa sólo escuchó la mitad, y entonces colgó. Llamó a información y pidió el número de teléfono del Kingdom Hotel. Madoka estaba segura de que Hikaru no sabía lo de la desaparición de Kyosuke. Si Hikaru lo supiese, Madoka estaba segura de que habría llamado. Madoka había pensado en escribirle a Hikaru a Nueva York contándole las noticias. Pero al final cambió de idea, no quería molestar a Hikaru con sus problemas. Pero si Hikaru está en Tokyo, las cosas eran diferentes. La única que podía sacar el espíritu de Madoka de las sombras en una hora como esta era Hikaru.

- Hola, Kingdom Hotel.

La voz de una mujer agradable respondió a la llamada. Madoka le dio el nombre de Hikaru Hiyama, y fue conectada con su habitación. El teléfono sonó una y otra vez. Después de un tiempo fue devuelta a recepción.

- La señorita Hiyama no parece estar en su habitación -dijo la mujer-. Ha recogido la llave de su habitación hace poco, así que imagino que debe estar en el bar restaurante del hotel con su invitado.
- ¿Su invitado?
- Sí. Um, ¿es usted una amiga de la señorita Hiyama?
- Sí, lo soy.
- ¿Quiere que pase su llamada al restaurante?
- ¿Estaba con un hombre?
- Sí, lo estaba.

Madoka fue repentinamente golpeada por la intuición femenina.

Hikaru estaba con un hombre. Probablemente un novio de Hokkaido. Si ese era el caso, no estaría bien que se asomase para charlar de Kyosuke con ella.

- ¿Hola? ¿Debo conectarla con el restaurante?

Madoka colgó.

Y sintió algo de alivio. No sabía la clase de hombre con el que Hikaru estaba, pero el pensamiento de que Hikaru estaba disfrutando de una noche tranquila era de algún modo una buena noticia. Madoka se dio cuenta de que estaba sedienta, y fue a la cocina. Cogió una cerveza de la nevera y la abrió. El fresco le esparció por su garganta. Pensó en Hikaru, y por un momento fue capaz de olvidar su situación y sonreir.


- ¿Kasuga-senpai, estás bien?

Hikaru-chan me estaba llamando. Parecía estar lejos de mí.

No, no es cierto. Está junto a mí. Su olor me estaba asaltando, haciendo que mi cabeza diese vueltas. No, espera un minuto. Ella no está junto a mí, me está sosteniendo en sus brazos, llamando mi nombre.

¿Dónde estoy? ¿Soy un fantasma? Eché un vistazo a mi alrededor, y vi que estaba en una habitación de hotel. En el sofá junto a la cama había varias prendas de mujer.

- ¿Estás bien? Espera un minuto, te traeré algo de agua.

Hikaru me soltó en la cama. O quizá me tumbó en ella suavemente, no podría decir cual.

Así que esta es la habitación de Hikaru.

Agité mi cabeza atontadamente, intentando desesperadamente recordar qué fue lo que pasó hasta ese punto. Creo que pagué la cuenta del restaurante. Ella enseñó la llave al camarero y dijo "por favor, cárguelo a mi habitación", pero no me importa si ella es mayor que yo, el hombre debe pagar. Se lo dije, ¡déjame pagar! Creo que eso fue lo que sucedió.

Pero mis recuerdos se acababan ahí. ¿Cómo llegué a la habitación de Hikaru? La habitación en la que Hikaru-chan se había metido era un cuarto de baño. Oí el sonido del agua fluyendo a través de la puerta.

¡Hikaru-chan se está duchando! Esa no es una buena idea, Hikaru-chan.

Intenté sentarme, pero me sentí como si mi ropa hubiese sido cosida a la cama. Mi cuerpo no respondía las órdenes de mi cerebro.

Tenía que irme a casa. ¿Pero a qué casa? No tengo ningún sitio al que ir. Tengo que salir de esta habitación, en cualquier caso. Hasta ahí estoy seguro.

Intenté levantarme una vez más, y esta vez me las arreglé para girar sobre mi barriga. Pero entonces noté algo raro. Kyosuke Kasuga, de diecinueve años (se suponía que sólo un alma), estaba experimentando el dolor ahora.

La parte de mí que prueba que soy un hombre (ya sabeis, ahí abajo) estaba cargando con mi peso. Esa parte de mi se había puesto sexualmente excitada, y, bueno... Incluso aunque estaba intentando hacer todo lo posible por hacer lo mejor, salir de la habitación, mi cosa se había levantado.

Ayukawa.

Lo siento. No sé lo que me ha pasado.

En ese punto, alcancé mi límite, y mi soliloquio mental llegó hasta el final. Imaginé el cuerpo desnudo de Hikaru-chan en la ducha, y entonces vi la cara furiosa de Ayukawa, y luego a Hikaru-chan otra vez, y a Ayukawa. Entonces, como una ola gigante golpeándome por fin, entré en un mundo por completo blanco.


- Senpai, siento haberte hecho esperar. Aquí está tu agua.

Hikaru salió del baño, sosteniendo un vaso de agua. Entonces se dio cuenta de que él estaba boca abajo.

- ¿Estás bien, senpai? ¿Dónde te duele? Te estaba preparando el baño justo ahora.

Hikaru se arrodilló en la cama, agitando a Kyosuke suavemente. Él estaba profundamente dormido.

- No vayas a dormir aquí -dijo Hikaru-. Es una mala idea, créeme.

Hikaru no sabía lo que hacer.

Esto es un problema.

Definitivamente un problema.

De vuelta al restaurante en la planta superior del hotel, Kyosuke se había desmayado justo después de ocuparse de la cuenta. Había bebido demasiado. Hikaru había pedido al camarero que le ayudase a llevarlo a su habitación del hotel, pretendiendo dejarle descansar un rato en el sofá antes de irse a casa.

Pero ahora estaba durmiendo en su cama, y su cara era inocente y llena de paz. Hikaru había pensado antes que Kyosuke no había cambiado para nada en tres años, pero ahora le miraba, y era incapaz de creer que tuviese veintidós años. ¿Este era el reportero japonés que había volado hacia la guerra de Europa del Este sólo con una cámara?

De vuelta al restaurante, Hikaru había preguntado varias veces por su viaje a Bosnia y su desaparición. Pero todas las veces él había evitado la cuestión. Kyosuke era, después de todo, un tipo de persona muy indeciso que nunca decía las cosas con claridad.

Hikaru conocía este aspecto de su personalidad muy bien. También se había dado cuenta de que un hombre que estaba relajándose y charlando del pasado con una vieja amiga quizá no querría escarbar en tales recuerdos desagradables y vívidos. Hikaru decidió dejar de preguntar acerca de Bosnia y se concentró en charlar de su feliz pasado.

Pero había muchas cosas que Hikaru no quería recordar del pasado. En los últimos tres años había trabajado mucho para dejar esos recuerdos detrás de ella. Se había encontrado con que en algún punto había crecido durante ese tiempo.

Ser un adulto no es necesariamente bueno, tampoco.

Antes, Hikaru siempre había sido una persona sincera y confiada, pero ahora era diferente. Ahora siempre pensaba cosas como "¿Esta persona me está contando la verdad?" y "¿Hasta dónde puedo confiar con esta persona?".

Esto era porque había tenido muchas experiencias con amantes o amigos que no habían correspondido a sus sentimientos tanto como ella esperaba, o que realmente la habían traicionado al final. Muchas personas que había conocido cambiaban completamente cuando les daba la gana. A causa de esto, se había sentido dolida muchas veces.

Pero ahora, tumbado en su cama, estaba un hombre que no era para nada como esa gente que había conocido en el pasado.

Él no es mi enemigo.

Él no quiere jugar a esos juegos tan estúpidos que los adultos tienen que jugar.

Pero yo no podía... yo no podía hacer eso.

- Kasuga-senpai. Por favor despierta -dijo, antes de darse cuenta de que su voz no era suficiente como para despertarle.

Justo entonces, Kyosuke se giró en la cama. Justo a tiempo, Hikaru cubrió a Kyosuke con la sábana. Fue a cerrar el grifo, el agua casi rebosaba la bañera, y se quitó su camiseta y sus polainas y se metió en la bañera.

El agua caliente mezclada con el calor del viento le sentaban bien a su cuerpo. Hikaru no era tan ingenua como para no saber que algo iba a pasar entre Kyosuke y ella aquella noche. Ni era verdad que no había considerado el dolor que ella y Madoka Ayukawa habían tenido que sufrir después de que Hikaru se pasase aquella vez con Kyosuke. Como para barrerlo todo, Hikaru se sumergió por completo en el agua. Decidió no pensar más en ello. No pensar en el problema era la mejor solución en un momento como ese.

Cuando Hikaru salió del baño, Kyosuke todavía estaba profundamente dormido. Se puso su pijama y se metió en la cama junto a Kyosuke. Cuando lo hizo, recordó el olor de los cuerpos de los hombres con los que había dormido en el pasado, pero agitó la cabeza, sólo un poco, para quitarse de encima esos recuerdos. Ella podía oir el ruido del aire acondiciado funcionando. Hikaru tenía el hábito de tomar duchas calientes, y luego meterse entre las frías sábanas. Creaba una agradable sensación para su cuerpo. Pero cuando estiró las piernas entre las frescas sábanas, se movió y tocó a Kyosuke.

Justo entonces, Kyosuke dijo "Ayukawa".

Un nombre que Hikaru había intentado desesperadamente de olvidar de repente saltó a su memoria. Alcanzó la mesilla de noche y apagó la luz. La habitación se quedó completamente a oscuras. El sonido del aire acondicionado y el interminable pasar de los coches en Aoyama Dori llegaba a los oídos de Hikaru. Pareciendo cubrir todos esos sonidos por completo estaba el sonido de la respiración de Kyosuke.

Hikaru sonrió para sí.

Este no es mi apartamento de Nueva York. Esto es Tokyo, donde nací y donde me crié. Y aquí es donde viven personas que para mí son muy especiales.

Hikaru se preguntó por qué hasta entonces no se había sentido como si estuviese en "casa", y algún tiempo después, cayó profundamente dormida.


Cuando abrí mis ojos, supe inmediatamente que esta vez estaba realmente en el cielo. Tumbado en una nube de plumas. Bañado por los suaves rayos del sol. Y junto a mí, respirando profundamente dormida, había una ninfa. Supongo que esta vez esta muerto de verdad.

Espera un minuto. ¿Una ninfa? ¿No un ángel?

La realidad volvió a mí en el segundo siguiente. Seguro que me puse blanco. La persona que pensé que era una ninfa era en realidad Hikaru-chan. Llevaba un bonito pijama, y estaba descansando su cuerpo pegado al mío.

¿Qué está pasando, Kyosuke? ¿Por qué está Hikaru-chan durmiendo en la misma cama que tú? Eso significa que yo... bueno, ¿significa que lo hice con ella?

Eso no es bueno.

Yo era virgen.

¿Y qué hay de Ayukawa? Se suponía que iba a hacerlo con ella.

Descendí del cielo al infierno en un minuto. Una idea se me ocurrió. Alcancé con mi mano la mitad inferior de mi cuerpo. Llevaba mis pantalones. Pero eso no significaba necesariamente que estuviese fuera de peligro. Pensando que debería comprobar todas las partes de mi cuerpo, empecé a bajarme la cremallera. Si aquella parte de mí estaba húmeda, bueno, sería un grave problema.

Pero entonces vino la mala suerte. Abajo en Aoyama Dori un camión hizo sonar su bocina. Los grandes ojos de Hikaru-chan pestañearon y se abrieron.

- Ah, Hikaru-chan -dije.
- Buenos días, senpai.
- Buenos días.
- No sabía que estuvieses despierto.

Hikaru-chan parecía como si estuviese todavía en mitad del sueño que había estado teniendo. Tenía las manos en mi cremallera. No importa que estuviese medio dormida, estaba sospechando.

- ¿Qué estás haciendo? ¿Qué pasa, senpai?
- Me pica aquí abajo a veces -reí nerviosamente.

Ella alzó su vista al techo.

- ¡Déjalo, anda! Los hombres sois todos iguales.

Ella rió, y de repente me miró con ojos solemnes. Parecía estar bromeando conmigo.

- Senpai.
- ¿Qué?
- ¿Recuerdas la última noche? Hablaste en sueños.
- ¿¡Qué!?
- Estuviste diciendo '¡Ayukawa, Ayukawa!'.
- No, no lo hice.
- Sí, lo hiciste -Hikaru-chan rió de nuevo.
- ¡Corta el rollo, Hikaru-chan! ¡Estoy seguro de que no dije su nombre!
- Pero supón que lo hiciste. Y supón, como resultado, que una cierta bella chica decidiese odiarte. ¿Qué harías?
- ¿Huh? Bueno, supongo que habría sido mi perdición.
- Tu perdición, ¿eh? -preguntó.
- Um, bueno, en realidad no es una cuestión de ganar o perder algo -dije.

¡¿Qué estoy diciendo?!

De repente, Hikaru-chan dijo:

- ¡Senpai! Puedes dejar de preocuparte. No pasó nada entre nosotros anoche.

Me mostró una amplia sonrisa. El sol de la mañana brillaba en su cara justo entonces, y fue la sonrisa más bonita que jamás haya visto. Sabía que no podía hacer nada que le hiciese daño.

Justo entonces, un sexto sentido me llegó desde ninguna parte.

......Hikaru-chan no era virgen.

Junto a la almohada, sonó el teléfono.

Hikaru-chan se quitó la sábana y lo respondió. Era recepción, diciéndole que tenía una llamada desde el exterior del hotel. Sabía que no sería educado el escuchar la conversación, así que me fui al baño.


- ¿Hola? -dijo la voz al otro lado.

No era Sugizawa. Hikaru se alivió al instante.

- Soy yo, Hayakawa. Mitsuru Hayakawa.
- ¿Huh? Oh, lo siento. Ahora recuerdo. Siento lo de ayer.
- Ha pasado mucho tiempo desde que se libraron de mí de aquella forma. Me pone como nostálgico hacia los viejos días.
- Así que supongo que tienes que darme las gracias -dijo Hikaru.

Hikaru siguió con la conversación, pero estaba pensando en Kyosuke, quien había desaparecido en el baño. Ella no quería que la viese así, charlando tranquilamente con un hombre. Entonces oyó el sonido de Kyosuke usando la ducha. Se relajó un poco, y dijo:

- ¿Y cómo es que el famoso y popular Mitsuru Hayakawa se ha dignado en llamar a alguien como yo?
- ¿Te ha llamado ya Madoka?
- ¿Madoka-san?
- Sí, ya sabes, Madoka Ayukawa. ¿Te ha llamado ya? Le dije que te ví en la audición. Está escribiendo mi nuevo single, así que hablo con ella a menudo.

Distraídamente, Hikaru recordó que la canción que Madoka-san había escrito con tanto éxito había sido cantada por Mitsuru Hayakawa. Hikaru había ido a llamar a Madoka tan pronto como conociese el resultado de la audición. Ella no había previsto que Hayakawa le dijese a Madoka por ella que estaba en Japón, y en realidad se había enfadado un poco con él.

- ¿Y cómo está Madoka-san?
- Está bien, salvo que se preocupa por Kyosuke. Ya sabes lo de él, ¿no?
- Sí, lo sé -dijo ella.
- Lo lleva bien. Por lo menos, se defiende bien. Como de costumbre.

Hayakawa rió como si hubiese dicho algo divertido.

Hikaru estaba preocupada por Madoka. Todavía no había podido avergiguar por qué Kyosuke se escondía de Madoka. Madoka se preocupaba a muerte por Kyosuke, y Hikaru acababa de pasar una peligrosa noche con él. Hikaru se sintió como si hubiese hecho algo terrible.

- Um, acerca de la audición de ayer -estaba diciendo Hayakawa.

Hikaru puso atención. Los resultados de la audición iban a ser anunciados esa tarde. Había dos puestos para papeles principales y tres para papeles secundarios. Aquellas cinco bailarinas tendrían que pasar clases de danza extremadamente duras hasta el fallo, en el cual el número de papeles disponibles se reduciría a uno principal y dos secundarios. La gente que no había sido escogida nunca sería capaz de pisar el escenario, a no ser que un accidente le ocurriese a las bailarinas que habían sido escogidas.

Pero Hikaru no esperaba uno de los secundarios. Sólo encajaban en ellos las bailarinas altas, como Shuri Anzai. Tenía que conseguir uno de los principales, o nada.

- De todas formas, acabo de recibir una nota de mi agente. Han salido los resultados -estaba diciendo Hayakawa.
- ¿Qué? ¿Ya? -Hikaru se sintió tensa. El tono de Hayakawa le dijo que esperase lo peor.
- Lo siento, pero no fuiste escogida.
- Ya veo.
- Eras buena, de todos modos. Realmente buena. Yo voté por tí.
- Gracias.
- Por cierto, estaba pensado, ¿estarás en Tokyo mucho tiempo más?
- ¿Por qué?
- Soy algo amigo del autor de la obra. Estaba pensando... bueno, si se lo pido, quizá podría añadir un papel para tí.
- ¿Que podría qué?
- Sí, se hace todo el tiempo en este negocio.
- Sí, pero...
- Si a tí te parece bien, podríamos almorzar juntos hoy y hablar de ello.

No podía ser tan fácil, pensó Hikaru. Pero también estaba al tanto del hecho de que, en ese mundo, nada era más importante que los enchufes. Hikaru se oyó a sí misma hablando con Hayakawa, pero una cosa la molestaba.

- Um, Hayakawa-san.
- ¿Mm?
- ¿Madoka-san sabe algo de esto?

Hayakawa perdió parte de su compostura al oir el nombre de Madoka.

- ¿Madoka? Esto es lo que me dijo. Dijo 'Hikaru no parece tan fuerte, pero recuerda que fui yo quien le enseñó a patear los culos de bolsas de escoria como tú'.

Él rió de nuevo.

Para Hayakawa, era sólo un inocente chiste. Pero Hikaru estaba segura de que había sentido la influencia de Madoka en la generosa oferta de Hayakawa. Hikaru estaba segura de que le había pedido que hiciese un papel especial para ella en la obra. Y ese era un favor que Hikaru no podía en absoluto aceptar.

- Hayakawa-san.
- ¿A qué hora debo recogerte? ¿Qué quieres comer?
- Lo siento, pero he decidido rechazar tu oferta.
- ¿Huh? ¿De qué estás hablando?
- Por favor, dale las gracias a Madoka-san de mi parte. Dile que, cuando llegue la hora en que pueda llamarla, lo haré.
- Bueno, se lo diré. Pero no quieres sólo...
- Gracias por haber llamado. ¡Adios!

Hikaru colgó el teléfono con Hayakawa en mitad de una palabra. Justo entonces, Kyosuke, habiendo terminado de ducahrse, abrió la puerta del baño. Había estado obviamente esperando a que ella terminase de hablar. Aquella considerada cualidad era una de las cosas que ella amaba de Kyosuke.

- He salido de la ducha -dijo él.
- Gracias -respondió ella, y de repente se levantó de la cama. Empezó a brincar en la cama como una niña.
- Um, ¿Hikaru-chan?
- Senpai -Hikaru siguió saltando-, regreso a Nueva York esta noche.
- ¿Qué?
- Sabía que querría volver a Nueva York en seguida si fallaba en la audición. Mi billete de vuelta es para hoy.
- ¿Has fallado? ¿Has fallado en la audición?
- ¡Pero fue divertido! -dijo-. Pero también muy peligroso. Anoche casi hicimos algo de lo que podíamos habernos arrepentido, ¿verdad?

Hikaru de repente saltó al suelo, haciendo el sonido de avión estrellándose: "¡Kyuuun!". Entonces pasó corriendo junto a Kyosuke hacia el cuarto de baño.

- H-Hikaru-chan -dijo Kyosuke, pero la puerta del baño se cerró con un golpe fuerte. El sonido de la ducha apareció de nuevo. Kyosuke se dio cuenta de que había estado demasiado tiempo ya con ella. El calor de estar con ella le había distraido. Kyosuke golpeó en la puerta del baño.

- ¡Hikaru-chan!
- ¿Qué? -dijo Hikaru tras bajar la presión del agua.
- Voy a irme ahora.
- Vale.
- Hikaru-chan, gracias por lo de ayer. Me divertí mucho.
- Yo también. Tuve suerte de volver a verte. En serio.
- Gracias.

Kyosuke se dio cuenta de que Hikaru estaba esperando oir lo que él iba a decir después, desde el otro lado de la puerta. Su intención era despedirse y salir inmediatamente. Sabía que si no lo hacía ahora mismo, sería imposible dejarla. También notó que Hikaru, ahora una mujer, estaba luchando con una nueva carga. Pero Kyosuke encontró que, por mucho que lo intentase, no podría decirle sayonara.

- Hikaru-chan, te veré otro día.
- ¡Adios!

Hikaru hizo una pausa como para comprobar si Kyosuke se había ido de verdad, entonces volvió a darle presión al agua. Como conducido por el sonido de la ducha, Kyosuke abandonó la habitación. Justo cuando cerró la puerta, el teléfono de la habitación de Hikaru sonó de nuevo.


Después de aquello, decidí dirigirme a mi propio vecindario. No tenía ninguna parte a dónde ir. Me sentí como si mi cuerpo cansado estuviese buscando algún lugar donde descansar. Pero en realidad no estaba cansado. Era una clase de sensación dolorosa. Como si el estar con la feliz y brillante Hikaru-chan me hiciese parecer triste en comparación. Necesitaba descansar un rato.

De camino escaleras abajo desde la estación de trenes, advertí una multitud frente a la tienda de electrónica frente a la parada del autobús. En el escaparate había un letrero que ponía "¡Nuestro héroe local!". El propietario de la tienda lo había colocado, junto con una gran televisión que daba noticias.

¿Qué demonios está pasando?

Sin tener nada mejor que hacer, fui hacia la tienda. Cuando lo hice, escuché una voz que decía "Eh, mira, ¡es Kasuga!". La aguda voz pertenecía a Komatsu.

Pensé en huir, pero Komatsu y Hatta, saliendo de una tienda de ramen, venía hacia la tienda de electrónica a toda velocidad.

- Perdónenos, somos amigos íntimos de Kasuga Kyosuke.
- Déjenos pasar. Eh, espera un minuto, menuda preciosidad.

Esquivaron a la multitud hasta llegar frente a la televisión.

¿Hay algo acerca de mí en las noticias?

Espié a la televisión entre la gente. La cara de mi yo de veintidós años estaba en pantalla. El presentador estaba leyendo las noticias con excitación.

"...repetimos, los informes de las agencias de noticias internacionales de anoche indican que el estudiante fotógrafo Kyosuke Kasuga ha sido encontrado ileso por las fuerzas pacíficas de las Naciones Unidas. La confirmación del informe ha llegado lentamente, así que el anuncio oficial ha sido atrasado hasta hace unos minutos. Kasuga-kun se dirige de vuelta hacia Japón en un avión de la ONU desde hace algunas horas y llegará en breve a Narita."

La gente reunida alrededor de la televisión soltó un grito de ánimo. Me sentí avergonzado, pero al mismo tiempo algo brotó en mí.

¡Estaba vivo!

¡He estado vivo estos tres años pasados! Lo cual significa que sobreviví al accidente hace tres años!

Ahora la pantalla mostraba una armada de reporteros llegando a Narita. Ayukawa posiblemente esté con ellos. Mi yo de veintidós años volvía a casa. De repente, con prisas, corrí escaleras arriba hacia la estación de trenes.

El aeropuerto internacional Narita estaba, como había mostrado la tele, en medio de un total jaleo. La sala donde los pasajeros y la tripulación de la ONU iba a desembarcar estaba cerrada al público excepto para los reporteros y el personal del aeropuerto. Teniendo cuidado de evitar los ojos de los guardas, me deslicé bajo la cuerda que conducía a la sala. La multitud de reporteros estaba en el exterior de la puerta de embarque, listos para tomar fotos del héroe conquistador mientras pasaba por la puerta. Más allá de los reporteros había un grupo de gente que parecían oficiales del aeropuerto. Bajé un poco la gorra "Apollo" que acababa de comprar y caminé hacia el grupo de oficiales. Entre ellos había dos chicas jóvenes concediendo entrevistas a los reporteros. ¡Me llevó un par de segundos el darme cuenta de que eran Kurumi y Manami! Junto a ellas, con el pelo ligeramente gris por delante, estaba mi padre. El Máster del ABCB estaba también allí.

¿Dónde han estado todo este tiempo?

Empecé a caminar hacia ellos con más rapidez. Pero en ese momento, los reporteros soltaron un rugido cuando se abrió la puerta, y fui llevado por la marea de gente. Choqué contra incontables personas. Nadie se daba cuenta de que yo no era uno de los reporteros. Luché por avanzar, aunque sólo fuese un poco.

Justo entonces, advertí un par de ojos que me miraban fijamente. Era Ayukawa. La Ayukawa de veintidós años había empezado a mirarme fijamente.

¡Ayukawa!

Aparté a algunas personas, echando mi cuerpo hacia delante. Pero ella desapareció entre el barullo de gente.

¡Ayukawa! ¡Ayukawa!

Seguí moviéndome hacia donde ella había estado. Cuando por fin conseguí encontrarla entre la multitud, de repente sentí como una especie de poder me invadía, casi como telekinesis, y me eché hacia delante.

Ayukawa estaba junto a un hombre, más grande que yo, que tenía su brazo alrededor de su cintura. Un millón de flashes se dispararon hacia ellos. Él era Kyosuke Kasuga, de veintidós años. El poder que estaba sintiendo venía de él. Lo sentí recorriendo mi cuerpo, regenerando todas las células de mi carne.

En medio de la lluvia de flashes, mi yo de veintidós años todavía estaba abrazando a Ayukawa. Pero lentamente, se giró hacia mí. Sonrió en mi dirección, y me mandó telepáticamente este mensaje:

Te he estado esperando, Kyosuke. ¿Por qué has tardado tanto?

Sintiendo alivio de algún modo, le asentí.


El exterior de la terminal del aeropuerto estaba coloreado de rojo por el sol que se ponía. La sala que había estado llena de reporteros hace una hora por fin estaba en calma. Los turistas que planeaban comenzar sus vacaciones veraniegas temprano hacían colas y llenabas impresos.

- Las vacaciones de verano estarán aquí en nada de tiempo -dijo mi yo de veintidós años, mirando a los futuros turistas-. Esta habitación estará tan llena de gente, que no habrá sitio donde colocarse. Será como un campo de batalla.

Los dos Kyosuke se habían apartado de la familia y Madoka, y estaban en un corredor que daba a la sala de partidas.

- Un campo de batalla, ¿eh? -dijo el Kyosuke de hace tres años-. Dime, ¿por qué te fuiste a Bosnia, entonces?
- Yo quería preguntarte lo mismo. Kyosuke, ¿qué diablos te sucedió hace tres años?
- Debe haber sido el concurso fotográfico. Recuerda, ganamos la competición universitaria de fotografía. Supongo que te dejaste llevar por la gloria y quisiste ser un reportero hecho y derecho.
- No, no es así. No fue más que inmadurez. Fueron Madoka y Hikaru-chan las que me hicieron hacerlo.
- ¿Ayukawa y Hikaru-chan?
- Sí. Estaban intentando por todos los medios que sus propios sueños se hiciesen realidad. Pensé que yo también debía hacer algo. Me convertí en fotógrafo.
- ¿Y te fuiste a Bosnia?
- Comenzó como una coincidencia. Una vez que te ves envuelto en algo gordo, es difícil liberarte.
- Supongo que así es la vida.
- Sí. Mirando por el encuadre de la cámara, te das cuenta de que tienes que llegar hasta el final, o lo haces bien, o no lo haces.
- ¿Incluso hasta el punto de meterte en el campo de batalla?

El Kyosuke de veintidós años sonrió sardónicamente y asintió. El joven Kyosuke no pudo más que impresionarse.

- Aún no lo sé.
- ¿Qué?
- No me veo a mí mismo yendo a Bosnia.
- Kyosuke.
- ¿Mm?
- Incluso yo no sé lo que va a suceder en el futuro. ¿Cómo puedes saberlo tú?
- Sí, claro. Supongo que así es la vida.
- Sí, lo es.

Los dos hombres sonrieron. Pero de repente el viejo Kyosuke pellizcó al joven en la cabeza y dijo:

- Bueno, Kyosuke, apuesto a que estabas demasiado temeroso de hacer el amor con Hikaru-chan. ¿Tengo razón?
- ¿Eh? Bueno, supongo que sabes como es.
- Deberías avergonzarte de tí mismo. Yo lo habría hecho.
- ¿Tú qué?
- Yo seguro que habría sido capaz de hacerlo.
- ¿En serio? Pero, ¿qué, qué pasa con Ayukawa?
- Me habría asegurado de que nunca lo hubiese averiguado.
- Estoy seguro de que no sería así de fácil.
- Hmm. Quizá tengas razón.
- Sé que la tengo. Ella lo habría averiguado. No querría ser tú si eso sucede.

Los hombres rieron juntos.

El Kyosuke de veintidós había estado bromeando con lo de Hikaru, tratando de parecer duro. Él era tres años mayor que el hombre frente a él. Pero sabía muy bien que si él hubiese estado con Hikaru aquella noche, él tampoco habría sido capaz de hacer nada.

La razón no era el miedo por Madoka Ayukawa. Si Kyosuke se hubiese pasado con Hikaru-chan, habría causado problemas entre ellos dos en el futuro. No, habría sido el momento equivocado.

- Pero una cosa puedo decir -comenzó-. Kyosuke Kasuga no ha hecho gran cosa ahora, este verano de 1994, pero en el futuro, algo puede suceder. Puede empezar otra vez.
- ¿Qué?
- ¿He dicho puede empezar? Me he equivocado. Ya ha empezado, el mecanismo ya ha empezado a dar vueltas entre Hikaru-chan y yo. Todo gracias a esa peligrosa noche que has pasado con ella.
- Pero tú eres yo, ¿verdad? Ambos pasamos la noche con ella.
- Sí, es cierto.

Los dos hombres rieron, y repentinamente se pusieron serios.

Piensa en ello, Hikaru-chan se supone que vuelve a Nueva York hoy. Posiblemente esté en alguna parte de la sala de partidas ahora mismo. Quizá ellos puedan verla desde allí. Los dos Kyosukes fueron arrastrados por el deseo de bajar corriendo las escaleras y buscar a Hikaru. Pero ambos dijeron al unísono "¿En qué demonios estamos pensando?". Aquello los detuvo.

Intentando ocultar su propia vergüenza, el viejo Kyosuke dijo:

- Es una buena chica.
- Síp. Hikaru-chan es una buena chica.
- Yeah.

El viejo Kyosuke miró al reloj digital en su brazo bronceado.

- Kyosuke, es hora de que te vayas. Madoka te está esperando en el hospital.
- Vale. Pero espera, ¿cómo regreso?
- En los últimos tres años he adquirido nuevos poderes. Puedo hacer ciertamente algo tan simple como enviarte de vuelta al pasado. ¿No sentiste como tus poderes se regeneraban en cuanto me viste en la sala de llegadas?
- Sí, es cierto.
- Todo esto es parte del enigma que es el clan Kasuga.
- Me pregunto si algún día tendremos poderes realmente fuertes como los de Ojiichan.
- Yo también. Los poderes que tengo no son tan útiles como los suyos, al menos no dan para tanto.

Los dos hombres rieron de nuevo.

-Oh, eso me recuerda algo. Kyosuke, esto es importante. Cuando vuelvas al pasado, hay algo que tienes que hacer.
- ¿El qué?
- Tienes que llamarte a tí mismo el día antes del accidente. Tendrás que conseguir la ayuda del Ojiichan para eso.
- ¿Llamarme a mí mismo?

Entonces el joven Kyosuke recordó la llamada que le estropeó su sueño celestial de estar con Ayukawa. La persona le había dicho "¡Kyosuke! ¡Ten cuidado con los coches!" y había sido si propia voz.

- ¿Así que la llamada que recibí ayer por la mañana fue...?
- Es cierto. Si no te hubieses avisado de tener cuidado con los coches, habrías muerto instantáneamente en ese accidente.
- Pensé que la llamada era alguna broma, pero supongo que fue en serio.

El Kyosuke del pasado sintió algo bueno en sí mismo. El ver cómo el destino te echa una mano en la vida te hace sentir así. Pero algo esta molestando al joven. Decidió preguntar por ello.

- Um, Kyosuke.
- ¿Mm?
- ¿Cuándo comenzaste a llamar a Ayukawa por su nombre?

El viejo Kyosuke pensó un momento.

- ¿Cuándo fue? A ver...
- ¿No lo recuerdas?
- Han pasado muchas cosas en estos años. No puedo recordar cada pequeño detalle. Pero recuerdo aquella vez -el viejo Kyosuke sonrió y miró al joven.
- ¿Aquella vez?
- Ya sabes, aquella vez.
- No sé lo que quieres decir.
- Aquella vez. La primera vez. ¡Fue la mejor!
- ¿La mejor? No querrás decir...

El joven quería preguntar más cosas, pero el viejo puso su mano sobre la boca del joven.

- No hagas tantas preguntas. Lo averiguarás cuando vuelvas.

Con su mano todavía sobre la boca del joven Kyosuke, el Kyosuke del presente los llevó a las sombras. Sus cejas se pusieron en modo de profunda concentración. Una poderosa energía parecía aparecer, saliendo de la región de su torso. Aquella energía se convirtió en un aura que cubrió por completo el cuerpo del joven Kyosuke.

Lo averiguarás cuando vuelvas.

Si vuelves.

Dijo que fue la mejor.

La mejor.

El Kyosuke del presente repitió las palabras de su yo viejo una y otra vez, como un hechizo mágico. Pero después de repetir la mejor unas pocas veces, de repente perdió la conciencia. Su cuerpo desapareció del mundo de 1994.

- ¡Kyosuke! ¿Ahí es donde has estado?

El Kyosuke del presente acababa de enviar a su otro yo de vuelta al pasado. Ahora oía la voz de Madoka detrás de él. Estaba corriendo hacia él, sosteniendo el dobladillo de su ligeramente provocativo vestido de una pieza. Rió nerviosamente, como un niño cogido haciendo algo que debería haber estado haciendo.

- ¿Qué crees que estás haciendo, huyendo en mitad de una conferencia de prensa como esa?
- Um, había algo que tenía que hacer.
- ¿Tenías algo que hacer? Eso te sucede mucho. Justo como cuando te fuiste a Bosnia.
- Dame un respiro, Madoka.

Ella rió, y su voz era feliz. Pero de repente le agarró por el cuello de su chaleco y le acercó a ella.

- No me estarás ocultando algo, ¿verdad?
- ¿Qué?
- Le he visto.
- ¿A quién?
- A un Kyosuke muy joven.
- ¿En serio? Eso me hace feliz.
- ¿Feliz? ¿Por qué?
- Estabas tan preocupada por mí que incluso viste mi fantasma.
- ¡Pero bueno!

Madoka se movió para darle una patada, pero él cogió su pie derecho en pleno vuelo. Hacía mucho tiempo que no tocaba esa pierna. Bajo sus medias, sus músculos tenían una agilidad casi explosiva. Puso su pierna en el suelo.

- No deberías hacer una cosa así llevando una minifalda.
- No me importa que la gente mire.
- Bueno, a mí sí. Esas partes son muy importantes para mí, y no quiero que nadie que no sea yo las mire.
- Me resulta curioso oir eso después de que me dejases aquí mientras tú te ibas a Bosnia durante meses.
- Lo siento. Me disculparé cada día durante el mismo número de meses.

Riendo, Kyosuke puso su brazo en la cintura de Madoka, y la acercó hacia él. Puso su cara cerca de su oído, lo bastante cerca como para oler su pelo negro, y susurró:

- Por cierto, ¿cuándo dejé de llamarte Ayukawa para empezar a usar tu nombre?
- Jesús, ¿ya lo has olvidado?
- Bueno, yo...
- Hasta que te acuerdes, ¡ya puedes irte olvidando de ya-sabes-qué!
- ¿Qué? ¿Olvidarme de qué?

Mirando un poco avergonzado, Madoka le acercó más, y dijo con una débil voz...

- ¡Ya sabes, el sexo! ¡Baka!

Entonces, Kyosuke por fin pudo recordar cuando empezó a llamar a Madoka por su nombre.


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