Un carguero que se dirije hacia algún país extranjero hace sonar su bocina en la distancia: dos veces, tres veces. Sentada en la barandilla del puente, miras hacia las luces de la bahía, sin molestarte en girar la cabeza al oir el sonido. Miro hacia tu silueta y me siento feliz.
Puente de la Bahía de Yokohama...
El viento mueve la superficie del agua y trae un dulce olor hacia la punta de mi nariz. Recorre mi cuerpo por completo, hasta que creo que voy a desmayarme.
Es siempre lo mismo. Ese dulce aroma que Madoka despide. Como las partículas de luz que Campanita usa para encantar a la gente. Siempre lo mismo, este ángel caprichoso, que vierte hacia mí su dulce olor. Lo respiro profundamente, y dejo que el olor entre en mí. Algunas veces me enfado conmigo mismo por ser semejante pervertido. Pero esta noche está bien. Ayukawa me ha prometido que esta noche será "esa" clase de noche.
- Alto, Kasuga-kun.
- ¿Eh? -dije.
- Tienes algo sucio en mente, ¿verdad? -dijo Ayukawa. Me agité.
- ¿De qué estás hablando?
- Lo sabía -señaló con su fino dedo hacia mi nariz. Su pelo se movió,
enviándome el olor a ángel de nuevo-. Puedo avidinar todas las veces
que piensas en el sexo.
- No, yo no estaba...
- ¡No eres más que un adicto al sexo! -dijo, y rió. Esta noche se está
riendo un montón, como alguien llena de vida. Las parejas junto a nosotros
giran y nos miran como si les estuviésemos molestando de alguna forma.
Ayukawa rió aún más alto, esta vez a propósito.
- Ayukawa, todos están mirando hacia aquí.
- Está bien, deja que miren.
Ella rió de nuevo, pero puso una cara seria de repente, agarrando el cuello de mi camisa y empujándome hacia ella.
- Ayukawa.
- Besémonos, Kasuga-kun.
Mi corazón se detuvo un momento. Ella habló:
- No seas estúpido. Yo también estoy nerviosa, estando aquí a solas contigo. Esta es una experiencia completamente nueva para mí también, y lo sabes.
Así que, por eso Ayukawa está actuando de forma tan extraña esta noche: se siente mareada por la situación, como yo. Está actuando como aquella vez en Chinatown, riendo y hablando demasiado.
- Ayukawa... -puse mis brazos alrededor de sus hombros, y presioné mis labios contra los suyos.
Estábamos en un bar en la planta superior, que daba al Puente de la Bahía. Un hombre negro tocaba jazz suavemente en un piano al fondo de la habitación. Éramos los clientes más jóvenes allí, así que cuando Ayukawa reía, todos nos miraban.
- De todas formas, enhorabuena -dijo Ayukawa-. Por tercera vez esta noche, ¡kampai!
Nuestros vasos se tocaron.
- Sabes, es realmente increible, Kasuga-kun. Creo que el talento
de tu padre como fotógrafo es lo que más has heredado.
- Es sólo una coincidencia.
- No, te equivocas. Kelly Toyama no habría elegido tu trabajo si fuere
una mera coincidencia.
- Vaya, Kelly, Kelly, no has hablado de otra cosa en toda la noche.
- No seas celoso. Es un fotógrafo de moda muy popular. Tienes un brillante
futuro delante de tí, pero comparado con él, eres un recién llegado.
Entonces rió de nuevo. Debe ser el alcohol. Sus mejillas estaban un poco coloradas. Ya veis, esta noche es nuestra noche de tranquila celebración. Gané el primer premio en un concurso de fotografía avalado por nuestra universidad. El juez era el famoso fotógrafo de moda y graduado por mi universidad, Kelly Toyama. No le conocía antes, pero Ayukawa ha sido una gran admiradora suya mucho tiempo. De todas formas, por eso estamos en este hotel, celebrándolo. Nos hemos prometido que estaríamos despiertos toda la noche para ver juntos el amanecer.
- ¿Qué regalo te gustaría? -me dijo Ayukawa cuando fui escogido para
el premio.
- ¿Hm? -respondí yo.
- Sí, voy a darte un regalo, por ganar el concurso. Ya sabes, todavía
no sido anunciado, pero apuesto a que sea lo sea lo que consigas como
primer premio será algo de valor.
- ¿Así lo crees?
Asintió con fuerza. Sus ojos eran maravillosos.
Entré con Ayukawa en la misma Universidad esta primavera, pero por alguna razón, no había sido capaz de decidir lo que quería hacer allí. Creo que Ayukawa estaba un poco más preocupada por mí.
Miré a sus ojos y dije...
- Veamos. De Ayukawa, me gustaría conseguir...
- ¿Sí?
Cuando ella habló, mi valor aumentó un poco.
- De Ayukawa, me gustaría conseguir algo que tenga por lo mismo el mismo valor que el primer premio. Algo muy personal. Tal vez... tú misma.
Mi valor me abandonó al llegar a ese punto, y reí nervioso encogiéndome de hombros. Ahora que teníamos la prueba de acceso a la Universidad detrás de nosotros, Ayukawa y yo habíamos adquirido el hábito de besarnos de vez en cuando. Pero todavía no habíamos hecho "eso". Los padres de Ayukawa eran músicos famosos, y siempre estaban fuera dando conciertos. Habíamos tenido un montón de oportunidades mientras ellos estaban fuera, pero entonces surgió el tema de traicionar la confianza de sus padres. Hasta ahora habíamos sido buenos.
Soy Kasuga Kyosuke, de 19 años. Si dijese que el sexo no me interesa, estaría mintiendo. Es sólo que todavía no he tenido el suficiente valor de convencerla para ello.
Ayukawa pareció un poco sorprendida por lo que acababa de decir. Pero cuando la sonreí, me miró con esos ojos provocadores que tiene.
- Guau, eso es genial, Kasuga-kun. Admiro tu confianza.
Pero yo había sido demasiado atrevido, lo sabía, y ahora estaba avergonzado.
Todavía con su voz provocadora, dijo...
- Sigue siendo así de atrevido, y quién sabe... -era su forma de decir que sí.
Ahora, de vuelta al hotel, Ayukawa cogió el vaso que había pedido, y se levantó.
- De acuerdo, aquí tienes mi regalo, Parte Uno.
- ¿Parte Uno?
Ayukawa me miró con ojos chispeantes, y guiñó. Elevó el vaso, en señal de otro kampai, y dijo...
- He escrito una canción para mi valiente y seguro Kasuga-kun. El título
es "Kyosuke #1".
Ella caminó hacia el piano, puso su vaso sobre él, y susurró algo al pianista negro. En un modo que me dijo que le había pedido que terminase pronto, terminó su canción con una rápida improvisación y le cedió el asiento a Ayukawa. Ayukawa ya no me volvió a mirar.
Ella se bebió el contenido de su vaso, y de repente empezó a tocar. La canción tenía una enérgica introducción para inmediantamente pasar a trabajar con tus emociones. Me vi transportado a un vasto y calmado mar, antes de incrementar el volumen de nuevo.
"Kyosuke #1", se llamaba la canción. "Kyosuke #1".
No estaba seguro acerca de si esta clase de canciones violentas y enérgicas encajaban con mi personalidad. A no ser que quiera decir que, a los ojos de Ayukawa, este es el Kyosuke que quiere que yo sea. O quizá la canción representa lo que siente por mí. ¿Podría ser una cosa tan intensa? Sea lo sea lo que signifique, lo que está a punto de suceder esta noche es de alguna forma, de algún modo, tan serio, tan excitante, que no puedo apenas contemplarla.
A medida que la canción de Ayukawa me interesaba cada vez más, me dí cuenta de que mi garganta estaba seca. Me tragué el resto de la bebida que había estado bebiendo de un trago y pedí otra. Cogí el vaso que el chico me había traido. Estaba murmurando algo acerca de que la edad mínima para beber alcochol y fumar era de 20 años.
Qué hermosa está Ayukawa, tocando con tanta pasión. Era como una diosa, brillante y hermosa pero por completo inalcanzable. En el instante en que la canción de Ayukawa llegó a su clímax, mi visión se vió invadida por una luz. Por un momento, perdí la conciencia.
Cuando volví en mí, me sentí como un pájaro que había estado flotando en el viento. Alzé mis manos, y vagué hacia los torbellinos de luces que me rodeaban. No podía oir nada. Ni "Kyosuke #1", ni las voces de admiración de la gente del bar. Todo sonido se había ido.
Seguí cayendo por aquel mundo de luz.
Mientras caía, oí el sonido de aves marinas. Lo siguiente que oí fue la bocina de un barco. Entonces, el sonido de un choque. Estaba tumbado encima de algo. No había dolor, al contrario, era una sensación agradable.
La luz se alejó de mi vista. No, en realidad, otra luz vino a mí mientras la primera desaparecía. Era el sol de la mañana.
Blancas, blancas sábanas. Un dulce olor. Estaba sentado en una
cama.
Entre mis dedos estaba el largo pelo negro de Ayukawa. Todavía respiraba profundamente en silencio. Sus mejillas blancas como la leche. Levanté la sábana para ver su cuerpo, desnudo como el día en que nació, inspirando y expirando inocentemente, como una niña. ¿Nos hemos unido?
Al otro lado de la ventana, un ave marina produjo un grito de tono agudo. El ángel que dormía a mi lado abrió sus ojos. Sonrió un poco tímidamente, y dijo...
- Buenos días.
Pero justo entonces, el teléfono junto a la cama sonó con un sonido taladrante. Éste es el principio de esta historia.
Era un hombre. Sonaba preocupado.
- ¡Kyosuke! ¡Ten cuidado de los coches!
- ¿Coches? -dije-. ¿Quién diablos eres tú?
- ¡Soy tú! ¡Soy Kyosuke Kasuga!
Esto me sacó del sueño que estaba teniendo y me devolvió a la realidad.