El ataque armado hacia mi coche llegó en cuando dejamos Taxco.
Después de que oyese la historia completa de Shuri-san, salí del hotel con la chica aún inconsciente. Sería mejor para nosotros si de alguna forma pudiésemos llegar de vuelta a México D.F. aquella noche.
En el momento en que abandonábamos la ciudad, el sol ya se había puesto.
No me dí cuenta por el camino, pero no había farolas en la carretera parcialmente pavimentada. Por el retrovisor sólo se veía oscuridad.
Entonces, de repente, una luz tan brillante que me tuve que cubrir la cara apareció por el espejo retrovisor.
¿Focos?
Justo como pensaba, algo se iluminó, como pequeños fuegos artificiales. Esta pequeña luz me devolvió un mal recuerdo.
Fue en Bosnia, durante un repentino ataque nocturno, en la noche devastada por la guerra... Fue la misma luz que esta.
Posiblemente estuvo bien que Shuri-san estuviese inconsciente. Parecía que detrás nuestra sólo había un coche.
Pisé con fuerza el acelerador, esperando una oportunidad de hacer un contraataque. Justo entonces, en el límite de mi visión, vi un cactus allí puesto.
- ¿Qué?
Sorprendido, esquivé el cactus, pasando junto a él a toda velocidad.
No estaba seguro si el coche de detrás golpeó el cactus, pero pisaron en seguida el freno, haciendo que el coche empezase a girar. Escuché el ruido de las ruedas chirriando mientras giraban y giraban.
Mantuve el acelerador a fondo, y salí de allí a toda pastilla.
Pronto las luces de pequeños moteles comenzaron a aparecer a lo largo de la carretera.
Pensé que sería peligroso intentar llegar del tirón a México D.F. esta noche. Esperé hasta que vi la señal de un desvío para un motel, y entré.
Era un motel medianamente barato.
Era un edificio de dos plantas, contruido según la forma de la 'ko' del katakana, con todas las habitaciones del hotel en línea. En frente de cada habitación había un sitio para aparcar. En el centro del recinto, había una pequeña piscina.
Había luces alrededor de la piscina, y podías ver el fondo, pero parecía vieja y nada tentadora.
La oficina del motel estaba al otro lado de la piscina.
Conduje hasta la oficina, y una mexicana extremadamente gorda salió y me indicó un sitio para aparcar.
- ¿Dónde estamos?
En el asiento de atrás, Shuri-san había recuperado la consciencia.
- No quiero asustarte, pero no estoy seguro de dónde estamos -dije.
- ¿Qué?
- Estaba pensando en volver a México D.F., pero... -me callé.
Debió haber comprendido lo que estaba intentando decir, porque se sentó delante, inmediatamente alerta.
- ¡Hemos sido atacados, ¿verdad, Kyosuke-kun?!
Intenté sonreir. Estábamos juntos en esto. Nunca podría olvidar lo que le hizo a Hikaru-chan. Pero mientras estuviésemos juntos, no podía estar loco todo el tiempo.
- Sí, es cierto.
- ¿Cuántos eran?
- Un coche. No estoy seguro de cuantos había dentro. De todas formas, vamos
a quedarnos aquí una noche. Todavía no he hablado con Madoka, además.
- De acuerdo.
Entré en la habitación del hotel, y llamé a Madoka. Pero no estaba en el hotel. Un poco desanimado, enchufé el Mac y conecté con el Café Net.
Ahí es cuando averigué que Hikaru-chan había sido rescatada.
- ¿Hikaru está en 14th Avenue?
Shuri-san se estaba duchando. Cuando le leí el e-mail, salió del baño con el pelo mojado. Entonces:
- ¡Oh, gracias a Dios!
Se agachó en el borde de la cama y comenzó a llorar. Mientras lloraba, se quedó repitiendo "¡estoy tan contenta... Hikaru!"
Aquella debió ser la única cosa que la mantenía por entonces, y era como un hechizo mágico para ella.
Lloró tanto... repitió tantas veces "estoy tan contenta"... que parecía como si se hubiese liberado del pecado que había cometido, aunque sólo fuese un poquito.
Me pareció como si Shuri-san, que era tan alta, se hubiese vuelto muy pequeña, como una niña.
Todavía no podía olvidar lo que hizo.
Pero había otros factores, como la presión elevada que Anita ejercía sobre ella. Pensé en esas cosas.
Justo entonces, un nuevo e-mail apareció en la red. Lo leí, y dije, con terror en mi voz:
- ¡No, esto no puede ser cierto!
Este e-mail había sido posteado con una persona en mente.
"De acuerdo. Te veremos en la Pirámide del Sol mañana. De <Star> y <Osito>"
- ¡No! ¡No pueden estar viniendo hacia aquí!
- ¿Qué? -dijo Shuri-san, su voz todavía llena de lágrimas. Miró hacia la
pantalla del Mac. Inmediatamente exclamó- ¡No! ¡No, Hikaru, no lo hagas!
¡No vengas aquí!
Rápidamente, alcanzó el trackpad del Mac, y comenzó a enviar un mensaje.
La medio loca Anita Brussel podía estar esperándola en la Pirámide mañana. ¡Para Hikaru-chan, ir allí era como lanzarse ella misma a una trampa!
Justo entonces, algo increible sucedió.
El monitor del ordenador se puso en blanco ante nuestros ojos.
- ¿Qué está pasando? -dijo Shuri-san.
Era lo más estúpido que podía pasar. Teníamos un corte de corriente.
Es posible cargar la batería del Mac, pero desafortunadamente, no lo sabía entonces.
- ¡Kyosuke-kun! ¡Vamos a la oficina del hotel!
- De acuerdo.
Dejamos la habitación completamente oscurecida y salimos fuera.
Las luces alrededor de la piscina estaban oscuras, como las luces de todas las demás habitaciones. Varios de los demás huéspedes habían abierto sus puertas para ver qué pasaba, pero no parecían muy sorprendidos. A lo mejor era algo a lo que estaban acostumbrados.
El cielo nublado sobre nosotros daba un poco de luz. Usamos esa luz para caminar hasta la oficina.
Allí encontramos a la rotunda mujer que estaba allí antes. Estaba encendiendo una vela.
La mujer nos sonrió amistosamente, y en un inglés con muchas R's vibrantes dijo "buenas noches".
Su inglés era extremadamente difícil de entender para mi. Me encontré invadido por un frío sudor, justo como antes cuando entramos en el hotel.
Pero Shuri-san parecía estar acostumbrada a esta clase de inglés. Miré a las dos y esperé a que su conversación terminase.
- ¿Qué te ha dicho? -le pregunté, metiéndome.
La mujer rió y nos dio dos velas.
- Esperad un momento -dijo.
- Dice que tienen cortes de corriente bastante a menudo -me dijo Shuri-san.
Era lo poco que pillé del diálogo.
- ¿Y? ¿Va a volver la luz?
- Mañana, quizá pasado.
- ¿¡Qué!? -dije.
- Pregunté cual es la causa, pero dice que no lo sabe. También...
- ¿Sí?
- Incluso si intentamos ir hasta el siguiente pueblo, las luces posiblemente
se hayan ido allí también. Dijo 'sucede mucho, ¿pero no es romántico?'
- Estamos en un lío. No hay manera de contactar con Madoka y avisarla de
que no venga.
- Espera un minuto, Kyosuke-kun -dijo Shuri-san.
- ¿Qué?
- Creo que deberíamos dirigirnos a Teotihuacan mañana por la mañana.
Podríamos ser capaces de encontrar a Hikaru y a Madoka antes de que lleguen
allí.
Asentí en silencio a Shuri-san. Tenía razón. Pero incluso así, sentía que había algo que Shuri-san me estaba ocultando.
Era porque Shuri-san había hablado en un rápido inglés y un poco en español con la mujer, aparentemente como tratando de evitar que averiguase algo.
Aquella noche, bajo la luz de las dos velas, compramos pan, queso y vino el cual tomó el lugar del agua, desde que salimos de Taxco aquella mañana.
Entonces nos metimos en nuestras camas, pero no mantuvimos nada que pudiese llamarse conversación. Le di la espalda a Shuri-san y me quedé mirando la luz de la vela en el lateral de la cama.
Quería ver a Madoka. También quería ver a Hikaru, contenta y a salvo.
Y comencé a darle vueltas a que la causa de que esos dos deseos no podían hacerse realidad era aquella mujer a la que le había dado la espalda.
Pero no estaba bien.
Si una chica que se ha ido sola a vivir a un país extranjero... fuese amenazada por una mujer poderosa como Anita...
¿Cuánto se supone que ha de resistir?
Justo entonces, Shuri-san pareció recordar algo, y me habló.
- Kyosuke-kun.
No respondí.
- ¿No quieres atarme?
No lo dijo en broma. Por esa razón, me quedé tumbado, incapaz de responder.
Hundí la cabeza en la almohada, pretendiendo hacerme el dormido.
Pero Shuri-san se había quedado en silencio, como si sus palabras no hubiesen sido más que hablar en sueños.
La verdad era que ella había decidido algo en su corazón.
A la mañana siguiente, me despertó el sonido del ruidoso motor de un coche. Parecía un coche viejo, y el sonido venía mezclado con ese de metales rozando. Debía haber sido el coche que vimos anoche, aquel que pertenecía a los de la habitación de al lado. No podía ser el coche que alquilamos.
¡Qué estás diciendo, Kyosuke!
Me senté y miré a la cama de Shuri-san.
Debí haber sentido, de algún modo, que Shuri no estaría en su cama.
Había una nota garabateada con este mensaje:
"Lo siento. Voy a usar el coche. Voy sola a la Pirámide del Sol. Lo siento, Kyosuke-kun. No puedo dejar morir a Hikaru. Es siempre lo mismo... me remuerden mis acciones después de hacerlas. Oh, me acabo de dar cuenta de algo, no hay nada como arrepentirse tras el hecho, ¿verdad?
Kyosuke, creo que si me quedo contigo más tiempo, voy a convertirme en una terrible persona, y eso me hace sentir triste. Lo siento, y thank you so much! Por fin me di cuenta de la razón por la que nunca puedo estar con un hombre mucho tiempo. Por favor, ¡cuida bien de Madoka-chan!"
Parecía haber sido escrita con prisas.
Y lo que es más, como si quisiese estar segura de decirme las cosas que me dijo. Por esto supe que eso era lo que quería decirme la noche anterior.
Anoche, mientras hablaba con la mujer de la oficina, posiblemente había estado pidiendo rutas para la Pirámide del Sol, cuán largo es el viaje, etcétera.
Me sentí de algún modo como un niño desprotegido. Como un perfecto idiota.
Salí de la cama, y abrí las cortinas. La brillante y cruel luz del sol de México me golpeó los ojos.
De repente recordé que aquella noche iba a haber luna llena.
El motor del Chevrolet descapotable que Madoka estaba conduciendo hacía un sonido agradable mientras se dirigían al norte. Si continuaban así, llegarían a Teotihuacan en el momento de la puesta de sol.
- ¿Así que fue el despertador?
En el asiento de pasajero, Hikaru contemplaba a Madoka.
- Sí. Recuerdas, el que te di. El despertador del osito.
- Ah. sí.
- Shuri-san me dijo que lo habías dejado en tu habitación. Por eso
supe que algo iba mal. Quiero decir, que te llevas ese despertador a todas
partes.
- ¡Es verdad! -dijo Hikaru-. ¡Es terrible tener que usar otro despertador!
Ni siquiera puedo levantarme -rió.
Madoka y Hikaru se habían tirado toda la noche hablando, como si dormir fuese una pérdida de tiempo. Los sucesos acerca del secuestro de Hikaru ocuparon los primeros compases de la conversación, pero de vez en cuando habían cambiado hacia varios tópicos acerca de los cuales no habían podido hablar hasta ahora.
Cuatro años separadas la una de la otra parecían mucho tiempo en verdad, tanto que no podían contarse todo lo que había pasado, pero fueron capaces de ponerse al día con sorprendente facilidad. Era algo bueno.
Pero cuando el tema de la conversación tornaba hacia Kyosuke Kasuga, las dos trataban de evitar el tema.
Para Madoka, era porque podía sentir que Hikaru todavía era incapaz de olvidar por completo a Kyosuke; Hikaru, por su parte, estaba escondiéndole algo a Madoka, la peligrosa noche que había pasado con Kyosuke hace seis meses en Japón.
Y ambas no deseaban discutir el tema de Kyosuke.
Cuando dejaron Nueva York, Madoka llamó al hotel de Taxco del cual Kyosuke le había hablado. Pero Kyosuke y Shuri ya lo habían dejado.
Según la chica de recepción que respondió al teléfono, habían partido juntos. Así que la probabilidad de que siguiesen juntos era alta todavía. Si lo que Mónica le había contado a Hikaru era verdad, entonces Shuri tendría a los compinches de Anita detrás de ella, o lo que es peor, Shuri y Kyosuke podrían ser ya prisioneros de Anita.
Hikaru, con aspecto cansada, miró por la ventana abierta. Entonces, con el viento meciéndole el pelo hacia atrás:
- Madoka-san.
- ¿Mm? ¿Qué pasa, Hikaru? ¿Cansada?
- No. Estoy bien. Solo me siento... rara.
- ¿Rara?
- Sí. Cuando estaba atrapada por Mónica y su banda... sentí lo mismo, como
si fuese muy fuerte. Como si mi cuerpo fuese a reventar de ira. Una vez le
dije '¡si vais a matarme, hacedlo ahora!' a Mónica.
- Ya veo -Madoka mantuvo la vista al frente, y sonrió.
- Pero ya no siento ira.
- ¿Qué quieres decir?
- Estoy hablando de Shuri. No puedo simplemente enfadarme con ella, no importa
lo que haga. Es diferente con Anita. Nunca podré olvidarla. Por eso es por
lo que te llevo a México conmigo. Pero cuando se trata de Shuri... no siento
ese tipo de ira que debería.
Madoka no respondió. Era porque no podía encontrar palabras que decir. Era porque Hikaru no estaba precisamente esperando una respuesta de Madoka esa vez.
- No lo sé... si nos encontramos con Shuri en la Pirámide del Sol, no
sé como reaccionaré. Quiero decir, por culpa de ella, muchas cosas terribles
han sucedido. Tu y... Kasuga-senpai... habeis dejado lo que estabais haciendo
por culpa de todo esto.
- Hikaru.
- ¿Sí?
- Has crecido.
- No, no es verdad... -Hikaru agitó la cabeza y sacó la lengua-. Mira.
¡Ña, ña!
- Es verdad. Te has hecho una mujer.
- Uh-uh. Que no. Quiero decir, si realmente he crecido como tú dices,
habría... contactado contigo. Te habría llamado. Te habría visitado.
- Supongo.
- ¡Es verdad! En serio. Soy... del todo una cría. No tengo un hueso de
adulta en mi cuerpo. Es porque yo siempre...
Hikaru se detuvo. Posiblemente no podía decirle a Madoka que la razón por la que iba a México era que todavía era incapaz de renunciar a Kyosuke.
Madoka se dio cuenta de que Hikaru había empezado a decir algo y se lo calló, pero no hizo más preguntas.
Realmente, se estaba preguntando lo que iba a "convertirse en adulto" en primer lugar.
Madoka había crecido con Hikaru desde que eran jóvenes*. Por esto, Madoka siempre había sido como su hermana mayor. Por otra parte, Hikaru ahora parecía tener mucha más experiencia que ella.
* La palabra para gente que han sido amigos desde la infancia es 'osana-najimi', pronunciada sin poner el acento en ninguna sílaba. Sale con frecuencia en el animé. Bueno, ya sabeis otra palabra japonesa.
En el verano de hace cuatro años, Hikaru se separó de Madoka, a causa de sus problemas con Kyosuke.
Desde aquella vez, Hikaru había tenido muchos problemas y retos para salir adelante.
Pero Madoka, durante ese tiempo, había estado siempre con Kyosuke Kasuga.
En esto las vidas de las dos mujeres se diferenciaban enormemente.
A causa de que los padres de Madoka vivieron en el extranjero la mayor parte de su vida, Madoka siempre fue vista como una chica fuerte e independiente por la gente a su alrededor. Ella también pensaba eso de sí misma.
Pero en realidad, Madoka se dio cuenta de eso lentamente, cuanto más intimaba con Kyosuke, la parte de ella que él ocupaba se incrementaba día a día. En el pasado ella decidía las cosas por sí misma, y de repente ahora siempre las consultaba con Kyosuke.
Eso era un gran problema para Madoka. Y, incluso cuando era feliz de estar con Kyosuke, también estaba pensando, ¿esto está realmente bien?
La ida de Hikaru a Nueva York para descubrir el mundo era algo que Madoka sintió que nunca podría haber hecho.
- Hikaru -dijo de repente. Miró a Hikaru. Entonces, con el mismo tono
de voz que solía usar cuando estaban juntas en la escuela, dijo- Abróchate
el cinturón. Voy a acelerar. Si no tienes cuidado, podrías caerte.
- Hai, Madoka-san -respondió Hikaru, sintiéndose como cuando ella,
Madoka y Kyosuke eran tres inseparables amigos. Se abrochó el cinturón.
La naturaleza marrón seguía apareciendo a los lados de la carretera. Madoka pisó el acelerador del Chevrolet descapotable a fondo.
En ese momento, yo, Kyosuke Kasuga, de 22 años, estaba al límite de mis fuerzas.
Bueno, lo que quiero decir es, México es un país enormemente grande.
Estaba continuamente teletransportándome, intentando desesperadamente dirigirme hacia las ruinas de Teotihuacan.
Usar la teletransportación, esto es, mover tu cuerpo usando sólo tu mente, requiere un montón de fuerza física y mental. Tienes que mover tu cuerpo hacia las rendijas entre dimensiones, lo cual es realmente un montón de trabajo.
La "rendija" o "doblez" en el espacio es realmente difícil de encontrar porque se mantiene moviendo todo el tiempo por el espacio.
Piensas, ¡aquí está! Pero entonces averiguas que sólo te has movido unos pocos metros (estoy seguro de que aquellos de vosotros que no seais éspers no entendereis lo que estoy diciendo).
Incluso si soy capaz de meterme con éxito en otra dimensión. Desde ese momento es un gran derroche de poderes.
En el espacio de otras dimensiones, algo similar a la energía magnética corre por todos lados. En la teletransportación, encuentras esa energía y la usas para moverte en la dirección que quieres. Los Kasuga usamos nuestra "conciencia" para atrapar esta energía, entonces movemos nuestra materia en esa dirección.
Esto no es algo que pueda hacer todo el tiempo. Y cuando tienes dificultades en concentrarte, es fácil terminar en una localización totalmente diferente.
Cuando usé mi teletransportación por primera vez hoy, no tuve problemas en avanzar diez kilómetros.
Pero cuando usé el poder una y otra vez, la distancia se hacía cada vez más pequeña.
Por el camino, cuando todavía tenía fuerzas, incluso pasé por una ciudad con una agencia de alquiler de coches.
Pero por entonces todavía me sentía bien, y pensé "si uso todos los poderes del clan Kasuga, no tendré problemas en ir hasta la Pirámide del Sol".
Pero en ese momento el sol rojizo había comenzado a ponerse entre la maleza a mi alrededor, lo cual no me servía precisamente de fármaco, y mi respiración me venía en resuellos.
Pero, como un Dios que venía a salvarme, en el horizonte, un camión se dirigía hacia mí.
En el camión iba una agradable pareja mexicana. Cuando me puse en mitad de la carretera con ambas manos alzadas, sonrisas se mostraron en sus morenas mejillas, y pararon por mí.
En la parte de atrás del camión iban tres niños, junto con varias herramientas de arado. Los niños llevaban las mismas sonrisas que la pareja de la cabina mientras me miraban, a un asiático, como si estuviesen viendo algo que no se ve todos los días.
- ¿Me podría llevar a la ciudad más cercana? -pregunté en inglés. Se limitaron a responder en un rápido español. El único español que yo conocía era 'arigatoo', que se dice 'gracias', y 'sayoonara', que se dice 'adios'.
Pero cuando les hice el gesto de que me dejasen subir al camión, la pareja pareció comprender, y me hicieron el gesto de que subiese a la parte de atrás del camión.
- ¡Gracias!* -dije, y me subí a la parte atrás. Cuando me senté junto a los niños, que parecía que habían estado hablando de mi, rieron y se dieron codazos bromeando. Le estreché la mano y me convertí en un miembro de su grupo.
* En español en el original
El camión reemprendió el viaje, en medio de una nube de polvo. Yo estaba en mitad de un hermoso cuadro, mirando al escenario que me rodeaba.
Pero era un tonto.
No me di cuenta de que el camión iba en la dirección opuesta a la de la Pirámide del Sol.
En el cielo pintado de naranja, la luna llena estaba flotando.