Shin KOR 3 - Prólogo

Prólogo

    Yo, algunas veces, recuerdo su cara... la cara de sorpresa que Madoka Ayukawa puso aquella vez.
    Sí, la vez que le confesé a Madoka lo de mis superpoderes.
    Madoka, sorprendida como si de una niña pequeña se tratase, abrió ligeramente la boca... y entonces, sus ojos se abrieron completamente.
    Sus ojos, misteriosamente, siempre me han parecido adultos pero, de algún modo, esta vez se mostraban infantiles. Yo... yo había abierto mi corazón, había revelado mi importante secreto... y lo único que dejó escapar Madoka fue "¿y qué quieres que haga?", lo cual me dejó en completo suspenso.
    Pero de algún modo... ella es adorable.
    Y de algún modo, de repente... pensé que yo sería la única persona que podría protegerla, darlo todo por ella.
    Pero... tras eso, sentí que no podía mover mi mano para posarla en su hombro, y me invadió la impaciencia.
    Aunque... creo que eso tan sólo fue un momento.
    Madoka, al instante, volvió a mostrar sus fríos ojos de siempre. Tras eso, por así decirlo, le echó un vistazo a mi cara.
    - Jeh, vaya con Kasuga-kun. Siempre había pensado que me escondías algún secreto.
    Eso venía a que... en la época en que Madoka, Hikaru-chan y yo estábamos juntos, solía usar los superpoderes para ir y venir. Ah, este... eso es otra historia.
    De todas formas, tras decir aquello, Madoka sonrió. Aunque...
    - Thank you... Kasuga-kun. Por haberme escogido a mí para revelar tu secreto.
    A lo que añadió "te lo agradezco... tenía que hacerlo, ¿no?", y seguidamente besó mis labios. El olor agridulce de su pelo negro me recorrió todo el cuerpo.
    Aquel fue nuestro primer beso.
    Yo le había revelado el secreto de la familia Kasuga, lo malo era que el silencio de Madoka me estaba resultando muy doloroso. Yo nunca había hablado con nadie sobre ello... y claro, en ese momento me imaginaba que Madoka podría traicionarme.
    Pero... aquella vez...
    Por Dios, supongo que Madoka Ayukawa también tendrá "secretos" que no le pueda contar a nadie... ni siquiera a mí... Secretos que, la verdad, yo no me puedo ni imaginar.
    Soy Kyosuke Kasuga, de 22 años. Una vez resuelto el caso del secuestro de Hikaru-chan, ella regresó de Nueva York hace poco... Claro que para entonces, yo ya conocía todos los "secretos" de Madoka.
    Madoka avanzó un paso, en el exterior del mercado, sintiendo como un frío viento se le colaba por el cuello, a pesar del chubasquero que llevaba puesto.
    La avenida Aoyama daba hacia el supermercado. En aquella entrada, la gente se estaba agolpando cogiendo carritos de la compra, entrando y saliendo. No obstante, a causa de la lluvia que repentinamente empezó a caer, aquellos viandantes que iban sin paraguas tuvieron que salir corriendo a refugiarse bajo los tejados.
    Madoka esquivó como pudo a la multitud, y en una esquina bajo los tejados vio a su hermana, ayudándola con las cosas que llevaba. Su hermana, viendo el aparcamiento que había tras aquella casa, dijo "voy a por el coche y vuelvo", y le confió a Madoka las cosas que llevaba en el carrito del Yamamori.
    "¡Vaya, pues sí que ha comprado vino!", pensó. "Si luego su marido se enfada con ella, yo ya se lo he advertido."
    En la cesta de la compra había congregadas un montón de botellas de vino. A su hermana le gustaba mucho cocinar, y ultimamente había estado preparando deliciosos platos a base de vino tinto. Según decía su hermana, como en las tiendas de vino del barrio no es fácil conseguir determinados productos, no siempre se puede conseguir el sabor deseado. Aún así, al parecer la cocina de su hermana había estado mejorando bastante.
    Aunque sólo estábamos a comienzos de la primavera, la lluvia caía con la misma fuerza que la de una tempestad veraniega. Los coches que recorrían la avenida Aoyama pronto desaparecían en ambas direcciones, como si la lluvia se los llevase.
    A Madoka aquella escena le parecía entretenida.
    Rojos, amarillos, coches de diversos colores atrabesaban la niebla chispeante, haciendo un efecto como de espectros huidizos. Madoka imaginó una melodía para aquel espectáculo, y dejó escapar un pequeño estornudo.
    En aquel momento, se oyó un ruido como de algo siendo frotado y agua cayendo, justo a su lado. Una persona acababa de poder resguardarse bajo el techo del mercado, y estaba intentando secar el abrigo que se acababa de quitar.
    Era un hombre joven que llevaba puesto un chubasquero blanco. En la mano llevaba un sobre de alguna empresa, con la palabra "Yamazumi" escrita en él.
    Madoka pocas veces había visto a uno de estos especímenes tan de cerca.
    Pero lo que más le llamó la atención a Madoka fue el cuidado diseño con el que estaba escrito la palabra "Yamazumi". Más aún, junto al diseño estaba escrito "Construcciones Yamazumi" en letra gótica. Curiosamente, daba la sensación de ir vestido muy elegantemente como para llevar un sobre de una simple empresa constructora.
    - Perdone, si no me equivoco, la avenida Aoyama está por esta dirección, ¿no? -preguntó el hombre, sintiendo la mirada de Madoka. Su tono de voz resultaba muy calmado.
    A menudo Madoka oía las voces de hombres que se dirigían a ella. De todas ellas, generalmente, en muchas se daba el caso de que escondían una doble intención. Sin embargo, en la voz de ese hombre no se podía atisbar el más mínimo indicio de maldad.
    Madoka apartó la mirada del sobre que llevaba el hombre, sólo para posarla esta vez sobre su cara e intentar responder a la pregunta. Sin embargo, en aquel preciso instante, su mente se quedó en blanco por completo.
    A su alrededor, absolutamente todo quedó en silencio. Tras el hombre, en la avenida Aoyama la lluvia seguía cayendo sin cesar, pero para Madoka tan sólo era un vago destello, como una cortina, y la estudiada cara sonriente del hombre cada vez se cobraba más fuerza.
    El hombre mostró una vez más su sonrisa libre de malicia, y formuló de nuevo la misma pregunta.
    - Perdone, si no me equivoco, la avenida Aoyama está por esta dirección, ¿no?
    Había un cierto malestar en esas palabras tan corteses, en el que Madoka oyó claramente una voz familiar.
    Y no sólo era la voz. Sus ojos profundos, como escarbados, su marcada nariz, como expresando una fuerte voluntad, su pelo corto, ligeramente ondulado, todo eso le recordó, en un momento, los vestigios de cierta persona a la que no veía desde hacía siete años.
    ...Shuujiro Mishima. Lo cual era imposible, porque aquel hombre murió ante los ojos de Madoka en un accidente de tráfico.
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