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Wings of Honneamise
La idea de ciencia-ficción en el manga, siempre ha estado unida a inmensos robots, cyborgs o batallas estelares.
Con Wings of Honneamise este género da un giro de 180º en relación a sus compañeras.
La acción se sitúa en un escenario parecido a la Tierra, en el país de Honneamise. Allí un grupo de jóvenes (y algún viejo) forman la llamada "Royal Space Force", que es el hazmerreír de todo el mundo.
Sus componentes son en su mayoría unos gandules, buenos para nada y desmotivados. Hasta que uno de ellos, Shirotsu Ladhat, se presenta voluntario para tripular la nave que debe llevarlo fuera del planeta.
El sueño de Shiro era volar con la fuerza aérea, pero no pudo entrar, y acabó metido en la RSF, hasta el cuello.
Un día que se va de juerga con sus amigos, conoce a Riquinni, una joven muy religiosa, rodeada por un halo de misterio. Aunque Shiro inicialmente, no va con muy buenas intenciones. Poco a poco, al ir conociendola, va cambiando su actitud ante la vida.
La religión de Riquinni consiste en recordar la locura del hombre, y por eso, Shiro, se presentará voluntario al proyecto, para demostrar que la humanidad ha evolucionado desde que robó el fuego a los dioses.
Pero el proyecto tiene continuos problemas, y Shiro cada vez tiene más preguntas en su cabeza...
Gainax produjo esta película en 1987 con un presupuesto de 800 millones de yens, y 3000 animadores, con el propósito de que fuera un gran éxito.
Lo que no tuvieron en cuenta es que se encontró con "Akira", y su éxito se vio minimizado probablemente por ser una obra muy filosófica y trascendente. Cosa que no motivó a los espectadores.
La música es de Ryuichi Sakamoto, uno de los mejores músicos (y mejor pagados). Que se encargó de la composición de todas las melodías, e hizo un trabajo excelente con WOH, como en Rising Sun.
En nuestro país, la tenemos editada por Manga Films bajo el título de "Royal Space Force".
La calidad general es impresionante, tanto por el detallado dibujo, como por el guión, y la ya mencionada banda sonora. Pero lo que más huella deja es su fondo filosófico. Los pensamientos de Shiro y sus reacciones, hacen pensar al espectador, si los hombres somos ó no simios evolucionados.
La parte final, después del despegue, con el discurso de Shiro, y las imágenes y flashbacks, acompañados de una música muy apropiada, producen un efecto en el espectador, que pienso que aún hoy tiene que ser superado.
A la postre, un film totalmente recomendable. Para ver con tiempo, sin tensión, cómodamente, y sin nadie que moleste. Vamos, una auténtica joya.
Keiichi Morisato
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